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Uganda: Rumores y sospechas en la muerte del arzobispo de Kampala
Monseñor Lwanga el pasado Viernes Santo, víspera de su muerte.
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Uganda: Rumores y sospechas en la muerte del arzobispo de Kampala

El jueves 8 de abril fue enterrado el arzobispo de Kampala (Uganda), Cyprian Kisito Lwanga, fallecido el día 3, Sábado Santo. Su cuerpo fue encontrado en la cama sin señales de violencia, determinando después los médicos que el fallecimiento se había debido a un infarto. Cardiopatía isquémica tras una trombosis coronaria, precisaron. Los rumores y las especulaciones, sin embargo, se han instalado en el país debido a que el día anterior el prelado, un firme defensor de los derechos humanos, había denunciado los crímenes y actuaciones extrajudiciales de las fuerzas del orden.

«Estamos profundamente preocupados por la actuación de determinadas fuerzas de seguridad en el país y por las continuas desapariciones de algunos de nuestros conciudadanos, en particular de jóvenes», dijo. Según la prensa local también habría afirmado: «Dejad de comportaos como el régimen de Amin».

Monseñor Lwanga pronunció estas palabras en el via crucis del Viernes Santo en la catedral anglicana de St. Paul, y lo hizo en nombre del Consejo Cristiano Conjunto, que agrupa a las Iglesias católica, anglicana y ortodoxa.

Elecciones fraudulentas

El arzobispo había condenado también con anterioridad la corrupción, los secuestros, la desapariciones y los asesinatos relacionados con las últimas elecciones. Celebradas el pasado 17 de enero, la Comisión Electoral declaró vencedor de las mismas al presidente Yoweri Museveni (58% de los votos) pese a las denuncias de fraude generalizado del candidato opositor Robert Kyagulanyi (34,8%), más conocido como Bobby Wine. Museveni, que ha comenzado su sexto mandato (lleva en el poder desde 1986), no permitió la presencia en los comicios de observadores internacionales de Estados Unidos ni de la Unión Europea, y los de la Unión Africana que autorizó no pudieron realizar convenientemente su trabajo porque ese día, casualmente, se cortó el acceso a internet.

El cúmulo de «irregularidades» cometidas llevó a Estados Unidos, tradicional aliado del régimen, a pedir una investigación «independiente, creíble, imparcial y exhaustiva» de las denuncias y la depuración de responsabilidades.

Capilla ardiente del arzobispo Lwanga.

 

Condolencias de Museveni

Las sospechas de que el arzobispo, amigo personal del opositor Wine, a quien él mismo casó, pudiera haber sido asesinado, flotan en el ambiente. El presidente ugandés trató de desmarcarse de ellas publicando el mismo día 3 un mensaje en Twitter en el que expresaba su «profundo dolor» por la pérdida del prelado y se unía en el luto a la Iglesia católica. Posteriormente, pidió también que se despejaran las dudas sobre las causas de la muerte. «La prueba de electrocardiograma (ECG) puede ver cómo están funcionando los músculos, pero hay otra prueba llamada ecocardiograma (eco). Si el ECG no puede verlo bien, ¿se hizo una eco? Me gustaría que se aclarara ese aspecto», declaró. El mandatario ordenó incluso que Lwanga fuese despedido con honores militares, disparándose 17 salvas de cañón en su memoria —un reconocimiento reservado a los generales caídos— que explicó en el respaldo que el prelado otorgó hace décadas a la lucha de la guerrilla contra la dictadura anterior.

Funeral en la catedral

Museveni no acudió al funeral, pero sí lo hizo el vicepresidente Edward Kiwanuka Ssekandi, quien leyó un mensaje del presidente en el que este elogió «las nobles acciones y sabios consejos» del arzobispo. También estuvo presente Bobby Wine y otros destacados dirigentes de la vida política nacional y social. Monseñor Lwanga fue enterrado en la catedral de Rubaga. La ceremonia fue presidida por monseñor Joseph Anthony Zziwa, obispo de Kiyinda-Mityana y presidente de la Conferencia Episcopal, y concelebrada por los demás prelados. Entre los fieles, el obispo anglicano Wilberforce Kityo Luwalira. También estuvieron presentes el nuncio apostólico en Bélgica, el ugandés Augustine Kasujja, y el representante de la Santa Sede en Kampala, Luigi Bianco, quien anunció la decisión del Papa Francisco de que sea el obispo de Kasana-Luwero, Paul Ssemogerere, quien ejerza como administrador apostólico de la archidiócesis.

Exterior de la catedral de Rubaga, donde se ofició el funeral y ha sido inhumado el arzobispo.

 

Wine, el líder de la opositora Plataforma de Unidad Nacional, ha pedido al Gobierno que explique esta nueva muerte de una persona «de alto nivel». «Existe un patrón muy perturbador en el que han muerto eminentes líderes religiosos en el pasado reciente. Vimos la muerte repentina e inexplicable del sheikh Muzata, vimos la muerte del obispo Kagwa en Masaka y ahora la muerte del Dr. Cyprian Kizito», dijo al día siguiente del óbito.

La prensa nacional también se ha hecho eco de la sospechosa «coincidencia» entre el fallecimiento del arzobispo y su denuncia incriminatoria. «Lwanga era crítico de los gobernantes, ejército y policía, cuando aterrorizaban a la población inocente que se manifestaba pacíficamente. (…) Era un líder valiente, consciente de los riesgos que corría. (…) Los dictadores no toleran críticas de ningún líder relevante», se ha podido leer en el Daily Monitor. El diario ha subrayado que el prelado «hacía ejercicios físicos con regularidad en las instalaciones de su residencia y se realizaba chequeos médicos regulares, razón por la cual su repentina muerte, de la que los médicos informaron que fue resultado de un ataque cardíaco provocado por un coágulo de sangre no descubierto, sorprendió a sus allegados».

Pastores molestos

Pocos se sorprenderían hoy en Uganda si un día llegara a demostrarse que la del arzobispo de Kampala ha sido un homicidio. En la historia reciente de la Iglesia abundan los asesinatos y muertes sospechosas de pastores «molestos» para el poder en otros países. El crimen más conocido, sin duda, es el del arzobispo salvadoreño Óscar Romero, tiroteado mortalmente en 1980 por orden del fundador del partido gobernante en plena celebración eucarística, justo al día siguiente de pedir a los soldados que no obedecieran a sus mandos en la represión del pueblo indefenso. Romero fue canonizado en octubre de 2018.

En 1998, asimismo, los militares asesinaron en Guatemala el obispo auxiliar de la archidiócesis Juan Gerardi Conedera horas después de que este presentara en la catedral el Informe REMHI (Recuperación de la Memoria Histórica) que les responsabilizaba de la gran mayoría de masacres cometidas durante la guerra civil.

En Argentina, el obispo Enrique Angelelli fue asesinado por la dictadura en 1976 en un crimen que se quiso hacer pasar por accidente de tráfico y que se confirmó plenamente años después. El pastor fue beatificado en abril de 2019.

En México nunca se aclaró del todo la muerte en 1993 del arzobispo de Guadalajara, cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, acribillado a balazos en las inmediaciones del aeropuerto en lo que fue presentado como una disputa entre bandas de narcotraficantes.

Y en Camerún sigue sin hacerse justicia al obispo de Bafia Jean-Marie Benoît Balla, cuyo cuerpo apareció flotando en 2017 en un río. En este caso se quiso hacer pasar su muerte por un suicidio. La causa oficial fue el ahogamiento, pero en los pulmones no había agua, y en cambio el prelado tenía un brazo y una pierna rotos, y los genitales mutilados.

En este último país otros líderes católicos habían sido asesinados antes que él. Es el caso del arzobispo emérito de Garoua Yves Plumey en 1991, las hermanas francesas Germaine Marie Husband y Marie Léone Bordy en 1992, o el teólogo jesuita Engelbert Mveng en 1995. Si Museveni gobierna Uganda desde 1986, Paul Biya preside Camerún desde 1982: 39 años.



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