Al abrir la puerta

¿Ubi sunt?

Supongo que a estas alturas estarán al tanto que en las redes sociales hay un fantástico hilo de discusión colectiva en torno a la presencia de los intelectuales cristianos en el debate público, sobre su ausencia, su presencia, su papel, el papel de los medios, de las universidades, los centros educativos, las posibilidades que la Iglesia tiene y que pareciera desaprovechar, la batalla cultural por dar y demás.

Levantó la liebre Diego Garrocho en El Mundo, continuó Quintana Paz en The Objective, y tras ellos buenas plumas han ido sumándose para dar su visión del asunto. Sin ser exhaustivos (ya me disculparán los que faltan…) he leído al respecto a Ricardo Calleja, Josep Maria Torralba, Estrella_fmm, Miguel Brugarolas, nuestro Javi Prieto, Guillermo Gómez Ferrer, Serrano Oceja o Fernando de Haro.

El caso es que para mí todo esto es ya señal inequívoca de que los intelectuales cristianos están presentes, como sal y como levadura, si se los sabe buscar. Y hay muchos además. Algunos de los cuales ni se considerarían como tales seguramente pese a que participan, dialogan, contemplan, reflexionan y aportan desde su convicción creyente para transformar este mundo y dar razón de su esperanza, cada uno en sus foros, unos más públicos, otros menos, y a veces donde, sin más, les dejan.

Está García Máiquez, Gregorio Luri, Pego Puigbó, Daniel Capó, Armando Zerolo, Higinio Marín, Ignacio Peyró, Gomá. Está Carlos Marín Blázquez, Pablo Velasco, José Peláez, Gonzalo Altozano, Julio Llorente, Alfonso Paredes, Ricardo Franco, Sánchez Galera. Está Elena Postigo, Esperanza Ruiz, Julia Escobar, Mariona Gumpert, Ana Rodríguez de Agüero, Marisa de Toro, Cristina Inogés, Aurora Pimentel, Beatriz Jiménez. Antonio rubio, Rafael Narbona, García Inda, Tomás Marín, Antonio Rivas, Emilio Cervantes, Jose Luis Simón, Jaume Vives, Javi Díaz. Domingo Moratalla, Mario Crespo, Carlos Blasco, Manuel Yáñez, Bielsa Arbiol, Antonio Castillo, Juan Mas, Isaac Martin, Carlos del Prado, Gervasio López, Fernando Bonete… y eso solo si paro en mi TimeLine de Twitter y sin ser exhaustivo.

Pero hay muchos nombres más. Jiménez Lozano, Martín Gelabert, Sixto Castro, Juan Arana, Olegario González de Cardedal, Queiruga, Miguel Ayuso, Adela Cortina, Jesús Conill, Julio Martínez, Azurmendi, Pepe Laguna, Gambra, Prada, González Faus… e iniciativas colectivas: Religión y Escuela, Extremo Centro, Chesterton TV, La controversia, Posmodernia, Disidentia, Razón y Fe, El debate de Hoy, Centinela, Democresía, O_Lumen… sin mencionar editoriales, universidades, webs, fundaciones educativas, asociaciones culturales, revistas, etc., etc.

Y ya paro -aunque me deje a muchísimos importantes, que sabrán disculparme-, porque otra clave que quiero lanzar a cuenta de todo esto es constatar la riqueza inmensa de la pluralidad. Hacer una columna con nombres e iniciativas como esta, quiere ser un simple recuerdo de que hay mucha más vida, pensamiento, reflexión, esperanza de lo que parece, y que es mucho más plural de lo que tanto ad extra como a veces ad intra se piensa. La Iglesia no es una institución monolítica con una única línea de reflexión y eso es así desde la pluralidad teológica del Nuevo Testamento y desde el Concilio de Jerusalén. Lo cual no quita para que haya unos mínimos comunes imprescindibles, claro está, que indican lo cristiano. Pero ese, es otro tema… o no.

Vicente Niño Orti. @vicenior

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