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Turbas sandinistas revientan el funeral de Ernesto Cardenal y roban y agreden a periodistas

Bochornosa. Así fue la misa de exequias en memoria del sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal celebrada el 3 de marzo en la catedral de Managua. ¿La causa? La presencia en la catedral de turbas sandinistas que reventaron la celebración, increparon a los presentes cuando estos trasladaban el cadáver del sacerdote y poeta, y agredieron y robaron a los periodistas que cubrían el acto. Dos de ellos tuvieron que ser ingresados en un centro hospitalario —uno vomitaba sangre por los golpes recibidos—, si bien recibieron el alta horas después.

La Eucaristía fue oficiada por el cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de la capital, el nuncio en el país, Waldemar Sommertag, y el obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez. Antes de comenzar, ya pudieron ver que no iba a ser una celebración sencilla debido a la politización de la misma. Un nutrido grupo de asistentes, que se situó junto al altar mayor, llevaba pancartas reivindicativas con el rostro del fallecido y uno de sus versos: «Pensá en los que murieron». Mientras, en la parte de atrás del templo se situaron un centenar de sandinistas, ataviados con sus clásicos pañuelos rojinegros, desplazados en autobuses para reventar la ceremonia. El nuncio se dirigió a unos y otros para pedirles calma y recordarles que estaban en un recinto sagrado y en una celebración religiosa. «Si es necesario —llegó a decir a estos últimos, según algunos medios— me pongo de rodillas».

Pese a la súplica, la homilía, a cargo del obispo Álvarez, fue interrumpida por las turbas, que gritaron consignas como «Patria libre o morir», «No pudieron ni podrán» o «Viva Daniel». Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, el féretro fue sacado del templo por un lateral. Aun así, cuando era llevado a hombros, prosiguieron los gritos y los abucheos del oficialismo: «Vendepatrias», «traidores», «Judas», «Viva el comandante»…

Al menos cinco periodistas que informaban sobre el último adiós a Cardenal fueron agredidos y despojados de sus equipos de grabación y teléfonos móviles. Hubo reporteros que tuvieron que refugiarse en la sacristía y otras instalaciones eclesiales. Un portavoz de la asociación de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN) denunció que la acción de esos «grupos de choque» no fue espontánea, sino planificada por los Ortega-Murillo. La pareja presidencial había decretado tres días de duelo nacional por la muerte del «ilustre poeta, gloria y orgullo del país», como lo calificó en un comunicado firmado de su puño y letra, pero después envió a sus paramilitares a reventar el sepelio de su excompañero.

Cardenal, que falleció el día 1 de marzo con 95 años, fue ministro de Cultura en el gobierno sandinista que lideró Daniel Ortega en 1979, tras el triunfo de la revolución que derrocó al dictador Anastasio Somoza. Su compromiso político hizo entonces que el Papa Juan Pablo II lo suspendiera a divinis en 1984, junto al resto de sacerdotes-políticos de aquel Ejecutivo: su hermano Rodolfo Cardenal (jesuita, ministro de Educación), Miguel d´Escoto (Asuntos Exteriores) y Edgard Parrales (Bienestar Social).

En los últimos años, sin embargo, el autor de Canto cósmico y Epigramas había criticado duramente a Ortega, a quien llegó a calificar de «pequeño y mísero dictador». Denunció también que estaba siendo perseguido judicialmente por este y por su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo.

Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, ha dicho desde el extranjero a través de la red social Twitter: «Siento mucha indignación por lo ocurrido hoy en la catedral de Managua en las exequias de P. Ernesto Cardenal. Irrespeto total. De nuevo las turbas de la dictadura muestran su fanatismo y su violencia. Mi solidaridad con periodistas y personas agredidos. ¡Basta de irracionalidad!».

El mismo día en que falleció el destacado exponente de la teología de la liberación, la Comisión Justicia y Paz del episcopado nicaragüense denunció en un comunicado elaborado con motivo de la Cuaresma que «no se vislumbran hasta el presente caminos de una salida pacífica a la crisis, cuyos obstáculos principales son la falta de condiciones mínimas para elecciones, la división por intereses mezquinos, el estado de sitio de facto y la continua violación de derechos humanos confirmada por organismos internacionales, que alargan la agonía del pueblo».

Unos días antes, en las madrugadas del 28 y 29 de febrero, fueron efectuadas pintadas de apoyo al régimen en la puerta de acceso a la curia arzobispal de Managua y en la parroquia Santo Domingo de Las Sierritas.

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