Especiales Ecclesia Rincón Litúrgico

Triduo Pascual. San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco

Triduo Pascual. San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco

Semana Santa, excepcional solidaridad con Cristo paciente

Audiencia general 11-4-1979 (es fr en it pt)

 

Audiencias generales sobre el Triduo Pascual

4-4-2012 último párrafo (de hr es fr en it pt)

27-3-2013 (de ar hr es fr en it pl pt): Semana santa

16-4-2014 (de ar hr es fr en it pl pt): Traición de Judas. Besar la cruz

 

Homilías Misa Crismal

5-4-2012 (de es fr en it pl pt)

28-3-2013 (de ar es fr en it pl pt)

17-4-2014 (de ar es fr en it pl pt)

 

Homilías In Cena Domini

21-4-2011 (de es fr en it pt)

5-4-2012 (de es fr en it pl pt)

28-3-2013 (de ar es fr en it pl pt)

 

Discursos al final del Vía Crucis

6-4-2012 (de es fr en it pl pt)

29-3-2013 (de ar es fr en it pl pt)

18-4-2014 (de ar es fr en it pl pt)

 

«Fue sepultado y descendió a los infiernos»

Audiencia general 11-1-1989 (es it)

 

María y el Sábado Santo

Texto abajo

 

Homilías Vigilia Pascual

Tras el tercer «Luz de Cristo» y la respuesta «Demos gracias a Dios»,

el Misal Romano añade: «Y se encienden las luces de la iglesia»

¿Por qué? «Por la victoria de Rey tan poderoso» (Pregón pascual)

7-4-2012 (de es fr en it pl pt)

30-3-2013 (de ar es fr en it pl pt)

19-4-2014 (de ar es fr en it pl pt)

 

Homilía Domingo de Pascua

12-4-2009 (de es fr en it pt)

Mensajes Urbi et Orbi

8-4-2012 (de hr es fr en it pl pt)

31-3-2013 (de ar hr es fr en it pl pt)

20-4-2014 (de ar es fr en it pt)

Audiencias generales Infraoctava de Pascua

11-4-2012 (de hr es fr en it pt)

3-4-2013 (de hr es fr en it pl pt)

23-4-2014 (de ar hr es fr en it pl pt)

María y la Eucaristía: Ángelus 5-6-1983 (es it)

María y Jesús crucificado: Ángelus 15-4-1984 (es it)

María y Jesús resucitado: Regina coeli 10-4-1983 (es it)

MARÍA Y EL SÁBADO SANTO

Texto de Juan Pablo II

         «María llevó el cuerpo de su Hijo en su seno virginal. Llevó dentro de sí al Hombre Dios. Lo llevó en sus brazos siendo niño. Lo llevó al templo el día de su presentación. Y sus ojos, más que los de cualquier otro, vieron al Verbo encarnado. Y sus oídos lo escucharon ya desde sus primeras palabras. Y sus manos tocaron al Verbo de la vida (cf 1Jn 1, 1). Y lo llevó, más aún que en sus brazos, en su Corazón, especialmente cuando tuvo que estar junto a la cruz a los pies del divino Condenado. Y su Corazón fue traspasado por la espada del dolor, según las palabras del anciano Simeón (cf Lc 2, 35). Y compartió el dolor de su Hijo asociada con ánimo materno a su sacrificio. Y consintió en la inmolación de la Víctima engendrada por ella (cf LG 58). Consintió amorosamente, con aquel amor que él había injertado en su Corazón, con aquel amor que es más fuerte que la muerte y más fuerte que el pecado.

         Y luego, cuando ya había expirado y lo habían bajado de la cruz, él descansó una vez más en sus brazos, igual que tantas veces había descansado de niño» (Mensaje pascual Urbi et Orbi 3?4?1988 es it). «Y ante sus ojos lo envolvieron en la sábana fúnebre y lo llevaron al sepulcro. ¡Ante los ojos de la Madre!» (Audiencia general 2?5?1979 es fr en it pt). «Y lo depositaron en el sepulcro. Y cerraron el sepulcro con una losa» (Mensaje pascual «Urbi et Orbi» 3?4?1988 es it). «El Sábado santo es el día en que la Iglesia contempla el descanso de Cristo en la tumba después del combate victorioso de la cruz. Recuerda su descenso al mundo de la muerte para sanar las raíces de la humanidad, y espera que se cumpla su promesa: «El Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que le condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles; lo matarán, y a los tres días resucitará» (Mc 10, 33s).

         El Sábado santo la Iglesia se identifica, una vez más, con María: toda su fe se recoge en ella, la primera creyente. En la oscuridad que envuelve la creación María es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrección» (Audiencia general 3?4?1996: es it). «La espera que vive la Madre del Señor el Sábado santo constituye uno de los momentos más altos de su fe: en las tinieblas que envuelven el universo, ella confía plenamente en el Dios de la vida y, recordando las palabras de su Hijo, espera la realización plena de las promesas divinas» (Audiencia general 21?5?1997: de es fr en it pt).

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