Especiales Ecclesia

Tres propuestas del arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, para el Adviento 2012

Por Antonio DÍAZ TORTAJADA, Sacerdote-periodista

Tres propuestas formula el Arzobispo de Valencia, Carlos Osoro Sierra en su última carta para vivir con profundidad este tiempo de Adviento: Captar la presencia de Dios, a través del silencio, vivamos en la comunicación con Dios y en esperanza.

“Jesús es el Rey que ha entrado en esta tierra para visitar a todos los hombres. Y nos invita a participar en esta fiesta de alegría a todos y con unas consecuencias para la vida y la historia de los hombres indescriptibles” escribe el arzobispo de Valencia

“Es una llegada singular de Dios a la historia de los hombres, dice. Y vendrá otra vez al final de los tiempos. Sin embargo, no solamente existe esta llegada. El Señor desea venir siempre a través de nosotros y llama a las puertas de nuestro corazón y nos dice: “¿estás dispuesto a darme tu tiempo, tu corazón, tu carne, tu vida?”. Él busca una morada viva que dé la noticia de que el origen de las enfermedades que padecemos los hombres y que tienen el nombre de emergencias o de crisis, está en la incomunicación con Dios, en no dejarle entrar en la vida personal y colectiva de los hombres, en marginarle, en no contar con Él, en asumir una manera de comportarnos los hombres que nada tiene que ver con el humanismo que Él ha revelado con su presencia entre los hombres. Urge que el Señor pueda venir a través de nosotros”.

Y como compromiso para la vida invita a llevar la alegría a los demás, comunicarles la esperanza, transmitir la fe a todos los hombres y llevarles el amor de Dios.

“No se trata de hacerlo con costosos regalos, tampoco de hacer grandes revoluciones con nuestras fuerzas y estrategias. Utilicemos la misma estrategia de Dios. Hay que llevar el regalo de nosotros mismos y con la vida nueva que nos ha sido dada en Cristo: siendo hechura de Dios, imagen de Dios, asumiendo una manera de existir que es la que nos ha revelado “

Después de indicar que “llevemos la alegría de haber conocido a Dios y de habernos conocido a nosotros mismos; llevemos la esperanza que nace de poner el corazón en los planes que son de Dios y en los sólidos fundamentos que se nos han revelado en Jesucristo”, añade que, “llevemos la fe que supone una adhesión inquebrantable a Dios en todos los proyectos que tiene sobre el hombre (especialmente, en una manera de entenderse al hombre a sí mismo); llevemos el amor de Dios que no sabe de mirarse para sí mismo, sino para los otros, que sabe de entrega total de uno mismo, de servicio incondicional al otro como si fuera Dios mismo”

“Con nuestras palabras y nuestras obras anulemos todas las emergencias y crisis, entregando salidas nuevas que nacen de volver a la comunicación abierta y con todas las consecuencias con Dios en Jesucristo”.

Concluye el arzobispo valenciano en su carta en primer lugar invitándonos a “captar la presencia de Dios”: “La única manera de captar la presencia de Dios es saber detenernos en el silencio que nos habla de la presencia de Dios. En el silencio comprendemos mejor los acontecimientos de cada día, los gestos que Dios nos dirige o directamente o a través de los demás y de los acontecimientos. En el silencio percibimos con claridad el amor de Dios. Y en ese silencio podríamos escribir mejor nuestro “diario interior”, a través del cual podríamos escribir mejor las consecuencias y los compromisos a los que nos lleva el amor de Dios.

En segundo lugar a “vivir en la comunicación con Dios, abiertos al misterio de Dios, ensanchando horizontes de comprensión: abiertos a Él sin romper la comunicación con quién nos ama y nos da el amor que necesitamos para vivir. Abiertos a su presencia real en el misterio de la Eucaristía. Abiertos a la escucha de su Palabra, a dejarnos hacer por ella. Abiertos a su presencia real regalándonos su perdón a través del Sacramento de la Penitencia”

Y dinalmente a “vivir en esperanza”: “La esperanza marca el camino de la humanidad y, en nosotros, tiene una certeza, la de que el Señor está con nosotros a lo largo de nuestra vida. Entreguemos este amor y esta salvación con obras a los que viven a nuestro alrededor, a través de nuestros compromisos reales con las instituciones de caridad.”

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