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Tres meses después, el obispo de Toledo puede tener un encuentro con los sacerdotes

Desde su toma de posesión, el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves, no había podido organizar un encuentro con sus sacerdotes. Era el 29 de febrero y poco después sorprendía el estado de alarma. 109 días después, ayer 17 de junio, Cerro comenzaba a reunirse con los sacerdotes.

Los sacerdotes habían sido convocados para  hacerse los test del COVID19, tenían lugar las primeras reuniones: a las diez de la mañana, con el arciprestazgo de Talavera de la Reina; y después, a las doce, con los arciprestazgos de Belvís de la Jara; Los Navalmorales; Oropesa; La Pueblanueva; Puente del Arzobispo y Real de san Vicente. Casi 100 sacerdotes en el primer día. Las reuniones, con los diferentes arciprestazgos, durarán hasta el próximo viernes 26 de junio.

En la carta que el vicario del Clero, Álvaro García Paniagua, ha hecho llegar al clero se leía que «monseñor Francisco Cerro, ha mostrado desde el principio de su presencia entre nosotros el deseo de tener un encuentro con todos los sacerdotes de la Archidiócesis. Evidentemente, debido a las circunstancias por todos conocidas, no se ha podido tener hasta ahora. Parece que ya entramos en las fases de la desescalada y que esta situación permitiría poder tener estos encuentros por Vicarías, ajustándonos al número permitido y cumpliendo con las normas de seguridad establecidas en el momento en que tengamos los encuentros».

Así, a las diez de la mañana don Francisco llegaba a la Casa Sacerdotal Beato Saturnino Ortega de Talavera de la Reina, donde fue recibido por García, también por el vicario general de la diócesis, Francisco César García, y por las religiosas que cuidan la casa sacerdotal.

El encuentro con cada arciprestazgo dura en torno a dos horas, en las que Cerro habla sobre «Los tres salmos que tienen que marcar la vida del sacerdote». Son el Salmo 23 (El Señor es mi pastor nada me puede faltar); el Salmo 50 (Misericordia, Dios mío, por tu bondad), afirmando: ¡no creo más que en la santidad de los humildes! Y el tercer salmo, el 130 (Como un niño en brazos de su madre)».

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