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Tras la explosión en Líbano: «Sin fe no podríamos continuar»

Cuenta María Lozano, de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), que el dispensario de las Hijas de la Caridad de Beirut atiende y apoya a 350 familias afectadas por la explosión sucedido en el pasado mes de agosto. «Hay movimiento en Karm Al Zeitoun, barrio de Beirut en el distrito de Ashrafieh, cuyo nombre significa el monte de los olivos. Son calles estrechas, los coches y viandantes provocan pequeños atascos en cada esquina, sobre todo alrededor del dispensario», asegura.

Indica, además, que «originariamente poblaron la zona armenios que huyeron del genocidio en 1915. Después llegaron sirios y palestinos huyendo también de guerra y persecución. En los últimos años emigrantes de muchos países, la mayoría etíopes y bangladeshíes, han encontrado acogida en este barrio de población humilde con raíces cristianas».

Concretamente el Centro de Protección Maternal e Infantil (CPMI), ante el que la gente hace cola, fue fundado en 1959 y es uno de los seis lugares donde estas semanas se reparten paquetes de ayuda de emergencia de ACN para familias afectadas por la explosión. En total para más de 5.800 familias. María Lozano escribe sobre Mona, una libanesa de 52 años que va al dispensario y que se siente traumatizada, «le asusta cada ruido». «Sin fe no podríamos continuar, es lo que nos ayuda a soportar la situación ahora«

«En un país donde no hay jubilación ni seguro estatal o pensiones, eran los hijos los que apoyaban a los padres o a los miembros más débiles de la familia, pero con la crisis económica, la covid y ahora la explosión eso se ha vuelto imposible. Mona no tiene trabajo desde hace cinco años. Antes de la crisis uno de los hermanos les ayudaba con 300.000 libras libanesas que eran 160 euros al mes, pero con la inflación eso ahora no llega a 33 euros, además el hermano tiene “sus propios problemas para ocuparse de su familia”». Además, afirma Mona que «en 1990, un misil estalló en mi casa y mató a mi hermana. Entré en una depresión, pero la fe me ayudó. Sin fe no podríamos continuar, es lo que nos ayuda a soportar la situación ahora, es lo único que nos queda». Y añade: «Sor Rita viene siempre que la necesitamos, aunque sea muy tarde porque está siempre muy ocupada, pero encuentra siempre un hueco para nosotras. Para mí, es el testimonio vivo de Cristo en la tierra».

Lee aquí todo el reportaje de María Lozano (ACN)

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