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Toma de posesión del nuevo Arzobispo de La Habana (Cuba), Juan García

Toma de posesión del nuevo Arzobispo de La Habana (Cuba): Confío en las oraciones de los camagüeyanos y habaneros

En medio de un templo abarrotado de personas tuvo lugar este domingo, 22 de mayo de 2016, solemnidad de la Santísima Trinidad, la misa de toma de posesión del nuevo arzobispo de La Habana, monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez, quien el pasado 26 de abril fuera nombrado para este cargo por el Papa Francisco en reemplazo del cardenal Jaime Ortega Alamino.

En la ceremonia, celebrada en horas de la mañana en la catedral de La Habana, monseñor Ramón Suárez Polcari, canciller de la Arquidiócesis, leyó y después mostró al pueblo reunido las Letras Apostólicas con el nombramiento oficial del nuevo arzobispo, en las que se destacan su sencillez de vida, entrega apostólica y sentido de fraternidad.

Después de que el nuevo Arzobispo recibiera de manos del cardenal Jaime Ortega el báculo pastoral, el clero habanero le reiteró sus promesas.

En el misterio de la Santísima Trinidad, un solo Dios y tres personas distintas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, el nuevo arzobispo centró su breve homilía que, aunque dicha en un lenguaje sencillo, mostró las prioridades de su ministerio, entre ellas la protección de la vida, la condición sagrada del matrimonio cristiano y la familia en general, la ayuda al pobre, al enfermo, al preso, así como la proclamación del evangelio desde la acción misionera.

Luego de la comunión, el arzobispo habanero recibió el saludo de religiosos, religiosas, algunos sacerdotes, niños y un grupo de personas representativas de las acciones pastorales de la Arquidiócesis. Le fueron entregados, además, algunos regalos, entre ellos una pintura de la artista Zaida del Río, una pequeña talla en madera de Nuestra Señora de la Candelaria, patrona de Camagüey y su escudo episcopal esculpido en madera.

Junto a la comunidad católica de La Habana y un nutrido grupo de fieles de Camagüey, de donde era arzobispo monseñor Juan de la Caridad García antes de ocupar la actual plaza, estuvieron presentes Salvador Valdés Mesa, vicepresidente del Consejo de Estado y la señora Caridad Diego, Jefa de la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista de Cuba, entre otros representantes del gobierno y personal diplomático acreditado en la Isla.

Acompañaron también al nuevo arzobispo, el resto de los obispos cubanos y prelados de Estados Unidos, Puerto Rico, Venezuela y España.

Entregamos el texto completo de la homilía pronunciada por Homilía de monseñor Juan de la Caridad García, arzobispo de San Cristóbal de La Habana

Queridos hijos e hijas, cuando éramos niños en el catecismo nos contaban que san Agustín estaba muy preocupado porque no entendía el misterio de la Santísima Trinidad, un solo Dios y tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Paseando por la playa san Agustín se encontró un niño que echaba agua del mar en un hueco que el mismo niño había abierto.

-¿Qué haces? Preguntó san Agustín.
-Echo toda el agua del mar aquí.
-San Agustín replicó: Estás loco.

El niño respondió: Primero lleno todo este hueco con el agua del mar antes de que comprendas el misterio de la Santísima Trinidad.

Ciertamente es un misterio revelado por Cristo que no podemos comprender con nuestra limitada inteligencia humana, pero la vida está llena de misterios, es un misterio para los astrónomos el universo en expansión por los cuatro puntos cardinales. Son un misterio para los ingenieros las celdas perfectas que hacen las abejas en sus colmenas. Es un misterio el cuerpo humano que hace expresar a los médicos que dos y dos no son cuatro. Los misterios de la fe y de la vida no se entienden con la mente pero sí con el corazón. José Martí ha dicho “Dios no necesita quien lo defienda, lo defiende la naturaleza”, por eso cuando veamos las flores, el arcoiris, cuando estudiemos los cuatro estómagos de la vaca, cuando estemos en la playa, cuando tomamos mangos, exclamemos: Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo. Y cuando los esposos se encuentren exclamen: Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo. Y cuando veamos a una embarazada llena de esperanza que lleva un fruto bendito exclamemos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Y cuando veamos a nuestra madre que nos llevó dentro de ella y cuidó nuestra vida y la defendió como una leona a pesar de que algunos no querían que viviéramos, ya sea delante de ella o delante de su tumba: Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo.

Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, segunda persona de la Santísima Trinidad. El Encuentro Nacional Eclesial Cubano ha dicho de Él: es el Camino, la Verdad, la Vida, la Luz, la cabeza, la piedra angular, el fundamento, el Buen Pastor, la puerta, la palabra última y definitiva de los hombres, el mediador único, la causa última de nuestra salvación, nuestra paz, cada uno de nosotros ha de tener escrita su experiencia y su sentir de Cristo, me gustaría que escribieran esa experiencia y me la entregaran, con estos escritos podríamos editar un libro que tendría muchos lectores.

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad y el agente principal de la evangelización. El Espíritu Santo es quien ha dado su sabiduría, ciencia, inteligencia y consejo a los misioneros, a los catequistas, a los educadores católicos para enseñar, enseñar es un regalo que permanece toda la vida y una misión esencial de la Iglesia. El Espíritu Santo es quien da su don de piedad a los que visitan enfermos, dan de comer y beber al hambriento y sediento, acogen al peregrino callejero, visten al desnudo, auxilian al preso y sus familiares y acompañan y consuelan con la esperanza de la vida eterna a quienes lloran la muerte de sus seres queridos. Es el Espíritu Santo quien multiplica el amor de los esposos de setenta y cinco años de casados, cincuenta, veinticinco, cinco, cuatro, tres, dos, un año de casados, porque para llegar a setenta y cinco hay que empezar por el primer año. Si yo supiera la fecha de aniversario matrimonial, para gran alegría de la esposa, les diría a los obispos que los invitaran a comer ese día, sólo falta la fecha del aniversario, y si ellos no quieren o no pueden, yo los invito a almorzar. Es el Espíritu Santo quien fortalece a los jóvenes en su fe, los hace fieles amigos en las buenas y en las malas y los anima a constituir bellas familias dentro del matrimonio natural, fiel y fecundo. A la hora de dormir, queridos jóvenes, pregunten al Espíritu Santo: ¿Qué quieres de mí? Es el Espíritu Santo quien pone en nuestra persona el deseo de vivir en paz, comer en paz, trabajar y estudiar en paz, convivir en paz y morir en paz. Por eso soñamos: que nadie robe a nadie, que nadie golpee a nadie, que nadie dañe a nadie y si hubiera ocurrido la violencia, las escuelas de Perdón y Reconciliación ayudan mucho a solucionar conflictos matrimoniales, familiares, sociales y a entenderse entre los enemigos. Es el Espíritu Santo quien da perseverancia, melodía armoniosa, unidad de voces a este coro y a todos los coros, de tal manera que nos hacen sentir en las puertas del cielo, donde cantaremos eternamente: Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo.

Es el Espíritu Santo quien ha acompañado al cardenal Jaime Ortega en su misión de hacer felices a niños, adolescentes, jóvenes, matrimonios, ancianos, enfermos, presos, vecinos y a muchos más, y es el Espíritu Santo el único que sabe todo el bien que el Cardenal ha realizado; es imposible conocer todo el amor y todo el bien que realiza una mamá, un papá, un sacerdote, un obispo.
Ustedes comprenderán que yo estoy asustado. No entiendo el misterio de por qué estoy aquí ni por qué el Espíritu Santo me eligió, tal vez Dios tomó muy en serio el lema de mi ordenación sacerdotal: “A donde quieras que me envíes iré y todo lo que me mandes diré”, un fragmento del profeta Jeremías.

El Siervo de Dios monseñor Adolfo, quien me ordenó sacerdote y me consagró obispo repetía mucho: Es bueno confiar en el Señor. En el Señor que me eligió y no me dejará, confío. En todos mis hermanos obispos aquí presentes, los cubanos, el de España, el de Venezuela, el de Puerto Rico, el de Miami, confío. En los sacerdotes, diáconos, hermanos religiosos, seminaristas, todos ellos apasionados, celosos por el Reino, sembrados en esta tierra, la más hermosa que ojos humanos han visto y tierra buena del Evangelio, imitadores de las virtudes heroicas del Venerable padre Félix Varela: confío. En las monjas que son mamás, maestras, orantes, consejeras: confío. En las oraciones de los camagüeyanos y habaneros: confío. Y en todos ustedes aquí presentes como signo de unidad y ayuda para mí: confío.

Santa María de la Caridad, Santa Rita, San Cristóbal, Beatos cubanos Olallo Valdés, López Piteira y Oscar Valdés, rueguen por mí y esta Iglesia y ahora recen para que pueda llevar a feliz término, con calma, lo que el Espíritu Santo y ustedes me piden. Es esta ahora nuestra oración personal y silenciosa.

Fuente y fotos: Revista de la Arquidiócesis de La Habana, Palabra Nueva



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