Editoriales Ecclesia Opinión

Toda la vida y la vida de todos y en dignidad, misión también clave del cristiano: Editorial de ECCLESIA (3-2-2018)

Toda la vida y la vida de todos y en dignidad, misión también clave del cristiano: Editorial de ECCLESIA (3-2-2018)

         Tras su viaje a Chile y a Perú,  Francisco ha retomado su agenda ordinaria. En nuestras páginas de Vaticano (43 a 47), damos cuenta de algunas de los principales hechos informativos de esta semana. Con todo, ha habido otras tres intervenciones papales sobre las queremos reflexionar  en esta página Editorial.

Y es que están unidas, más allá de la disparidad aparente de sus contenidos y destinatarios, por un hilo conductor esencial y de apremiante atención: la integralidad  e integridad de la vida humana como fundamental derecho a proteger y a promover siempre.

Y ello, máxime por cuanto muchas veces la cultura contemporánea se empeña en reducir y acotar lo que entiende por vida digna solo a lo que es útil, provechoso y productivo económicamente y bello, amable y atractivo ante los ojos de los dictados de una sociedad secularizada y materialista.

Y en concreto, ¿sobre qué cuestiones relacionadas con la vida humana y su integralidad reflexionó Francisco y cuáles son para nosotros, desde las premisas recién citadas, sus interpelaciones? El martes 23 de enero se hizo público el mensaje enviado por el Papa para el Foro económico mundial de Davos, sin duda, uno de los principales ámbitos donde se debate y perfila, entre los poderosos de este mundo, nuestro futuro más inmediato.

¿Qué es lo que pidió Francisco y cuál es su relación con  la vida? Una economía con rostro y corazón humanos. Una economía que busque “construir sociedades inclusivas, justas y solidarias, capaces de restituir dignidad a aquellos que viven con gran incertidumbre y que no logran soñar con un mundo mejor”. Una economía  ética y sostenible, que respete y fomente la ecología integral y que inserte “la inteligencia artificial, la robótica y otras innovaciones tecnológicas” en aras a su contribución ”al servicio de la humanidad y a la protección de nuestra casa común, en lugar de lo contrario, como algunos análisis, lamentablemente, prevén”. Una economía que cree “las condiciones adecuadas para consentir que cada persona viva de manera digna” y rechace la cultura del descarte, del usar y tirar, y aleje de nosotros la creciente mentalidad de indiferencia, consumismo y materialismo, que nos invade por doquier. Y una economía así –auténtico “un imperativo moral”- es una economía que genera vida, toda la vida y la vida de todos y en dignidad.

El viernes 26 de enero fue el turno para los cuidados paliativos, la atención a los enfermos terminales y el final de la vida humana. Fue en el discurso papal a la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que lleva dos años trabajando en estos temas. La banalización de la vida, su supeditación al aparente éxito, al culto a la belleza y a la forma física, con toda su carga ideológica subyacente de secularismo, descristianización, neopaganismo y neopelagianismo, provoca que numerosísimas personas se sientan indefensas para afrontar la enfermedad y el ocaso natural. Y ello facilita que, aunque sea lentamente, la eutanasia se vaya abriendo siniestro camino entre nosotros.

Ante todo esto, la Iglesia y el cristiano han de clamar, con su propio testimonio en primer lugar, que “la vida humana, desde la concepción hasta su fin natural, posee una dignidad que la hace intangible e inviolable». Y cuando  al ser humano le visita el dolor, el sufrimiento y la misma muerte  no se le resta ni un ápice de dignidad y de su condición de imagen y semejanza de Dios. Nadie estorba por estar enfermo, anciano o discapacitado. Todo lo contrario. La vida sigue siendo excelso don de Dios y servicio impagable a la humanidad de bien.

Y ya el sábado 27, en una numerosa y festiva audiencia especial, Francisco se encontró con la Cruz Roja Italiana. Y ello le dio oportunidad para hablar de dos sus temas prioritarios: la atención a migrantes y a refugiados y la extraordinaria labor samaritana que todas las personas de buena voluntad debemos realizar y, que, en este caso, se concreta en los voluntarios. Dos realidades que son “signos proféticos” de la vida que Dios quiere para sus hijos.

“La gloria es la vida del hombre”, escribió, ya en el siglo II, san Ireneo de Lyon. Sí, la gloria es toda la vida del hombre y la vida de todos los hombres y en dignidad. Y nosotros hemos de ser sus garantes y custodios.

Print Friendly, PDF & Email