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Opinión

Tiempo de vacaciones, por Ángel Moreno de Buenafuente

Tiempo de vacaciones, por Ángel Moreno de Buenafuente

Querido amigo: Suelo dirigirme a ti en los momentos más significativos del año, como son Adviento, Navidad, Pascua y  Pentecostés, y te acompaño en los llamados tiempos fuertes con una breve reflexión desde la Palabra de Dios.

Para quienes vivimos en el hemisferio norte, los meses de julio y agosto se identifican como tiempo de vacaciones, de descanso, de cambio de escenario y de relaciones, circunstancias que ayudan a oxigenar el cuerpo y la mente, y si se plantean bien, son meses para recuperar fuerzas.

Para un creyente, el tiempo de descanso tiene una referencia evangélica. Si miramos a Jesús, Él nos enseña a vivir de forma armoniosa y equilibrada. Es revelador el texto del Evangelio de San Marcos, en el que se narra una jornada del Maestro de Nazaret (Mc 1, 21-38).

El relato evangélico describe la estancia de Jesús en la sinagoga, desde la que se desplaza a la casa de Pedro para comer; al atardecer cura a muchas personas de sus enfermedades, y el texto continúa: “De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.”

En otros pasajes consta no solo el ejemplo del Maestro, sino la invitación que Él hace a sus discípulos: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.” (Mc 6, 31-32)

Cuando contemplo la persona de Jesús, me ayuda mucho verle necesitado de la casa de sus amigos, y que acepta las invitaciones que le hacen. También que se va a la orilla del mar, pasea por la ribera, sube al monte, pasa la noche en descampado…

Jesús nos dio ejemplo de vida, y tendremos que mirarle a Él para no errar en nuestras formas agitadas, hacendosas, compulsivas de vivir, y saber introducir en nuestra agenda los llamados “espacios verdes”, que no solo significan descanso físico, sino también relación contemplativa, amorosa, orante.

Las relaciones amigas, el descanso corporal, la lectura, la oración, la salida de toda endogamia ayuda a recuperar fuerzas, a serenar el corazón, a aflojar la tensión emocional que produce la delicada convivencia cotidiana.

Te deseo un feliz tiempo de descanso, y si no sales de casa por lo que sea, intenta introducir algún cambio de ritmo y de relaciones, procura intensificar la dimensión teologal, trascendente, para no quedar atrapado en la inercia y el acostumbramiento nocivos.

¡Feliz verano!

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