Benedicto XVI

Texto y contextos del viaje de Benedicto XVI a Turquía

Escrito por Jesús de las Heras Muela – Director de Ecclesia y Ecclesia Digital

 

Un servicio al diálogo interreligioso y a la unidad de los cristianos

El Papa Benedicto XVI se dispone a realizar, entre los próximos días 28 de noviembre y 1 de diciembre, un nuevo viaje apostólico, el quinto de su pontificado. Turquía, con etapas en Ankara, Éfeso y Estambul, será su destino.

Se trata de su hasta ahora viaje más difícil, pero, no por ello, menos necesario y conveniente, aun cuando la polémica siga bordeando algunos de los perfiles de este periplo pastoral del Papa.

Génesis y desarrollo 

         Poco después de ser elegido Papa el día 19 de abril de 2005, Benedicto XVI, que manifestó su deseo de continuar con la praxis viajera de su antecesor, situó el ecumenismo como uno de los principales objetivos de su ministerio petrino. Y ya expresó su voluntad de viajar en el entorno del día 30 de noviembre -festividad del apóstol San Andrés, considerado el fundador del patriarcado de Constantinopla- a Turquía.

         Habida cuenta de la condición papal de Jefe de Estado, cualquier viaje suyo a otro país necesita la invitación oficial de éste. En los albores del otoño de 2005, el gobierno turco respondió desfavorablemente a la petición efectuada en este sentido por la Santa Sede, posponiendo para más adelante la visita papal. La diplomacia vaticana aceptó la negativa y reiteró el deseo del Papa de viajar hasta Turquía.

          Con fecha 9 de febrero de 2006, el gobierno turco dio su “plácet” a esta visita, siempre en la fecha del 30 de noviembre, por las razones ya indicadas. Se daba la circunstancia de que tan sólo cuatro días antes de que el gobierno turco cursara oficialmente la preceptiva invitación al Papa para este viaje, había sido asesinado, en el contexto de las reacciones islámicas a las viñetas sobre Mahoma el misionero católico italiano Andrea Santoro, junto al mar Negro, en la ciudad turca de Trebisonda.

         A partir de entonces el viaje empezó a ser preparado bilateralmente. Su primer objetivo, como es lógico, era el encuentro con la Iglesia católica en Turquía, país constitucionalmente laico, que cuenta con tan sólo 32.000 católicos de los 72 millones de personas que la habitan. El resto, prácticamente en su totalidad, en más de un 99%-, son musulmanes, con otro escaso porcentaje de población judía y cristiana ortodoxa.

El discurso de Ratisbona y el diálogo interreligioso

         La polémica sobre la “suerte” de este viaje arreció en septiembre a propósito del discurso de Benedicto XVI en la Universidad alemana de Ratisbona y, en concreto, una cita suya del emperador de Bizancio Manuel II Paleólogo sobre Mahoma. En no menos de cinco ocasiones, de palabra y por escrito, Benedicto XVI explicó y clarificó el sentido de sus palabras, mostró su pesar por malentendido y a la cita de Manuel II Paleólogo, que dijo y repitió no hacer suya, la calificó como “brusca e inaceptable”. Conocidos de todos fueron las jornadas polémicas vividas en aquellos días de la segunda mitad del pasado mes de septiembre.

         Desde el primer momento de esta polémica, la Santa Sede reiteró la voluntad del Papa de realizar su anunciado viaje a Turquía, que tampoco fue cancelado por el gobierno turco, si bien, su primer ministro, Recep Rayip Erdogan, anunció que no estaría en Turquía durante los días de la visita papal con la débil excusa de que durante el 29 y 30 de noviembre viajaría a Letonia a una cumbre de la OTAN. Otros políticos y líderes musulmanes anunciaron después, con excusas también peregrinas, su ausencia de Turquía durante estos días. Ciertamente actitudes de esta naturaleza presta flaco servicio a quien, como Erdogan, se presenta como co promotor de la llamada Alianza de Civilizaciones y llama insistentemente a las puertas de la Unión Europea.

         Finalmente, el sábado 11 de noviembre, la Santa Sede hacía público el itinerario concreto y detallado de este viaje papal a Turquía, que incluye la visita al mausoleo del padre de la actual Turquía, Mustafa Kemal Atatürk, el encuentro con el presidente de la República y con el presidente del Consejo para los Asuntos Religiosos y se limitaban al máximo los actos protocolarios con las autoridades civiles turcas.

         La unidad de Asimismo, la antes descrita situación religiosa de Turquía y los ecos ya apenas existentes del discurso papal en Ratisbona, brindará durante estos días a Benedicto XVI una ocasión espléndida para volver mostrarse como mensajero y servidor del diálogo interreligioso, al hilo de la declaración “Nostra aetate” del Concilio Vaticano, por él mismo definida como “brújula” para las relaciones de la Iglesia católica con las otras religiones.

La unidad de los cristianos

         Con todo, el gran sentido de este viaje no era ni es otro que el encuentro del Papa con el patriarca ecuménico de la Iglesia ortodoxa, Bartolomé I, cuya sede patriarcal se halla en Estambul, la antigua Constantinopla bizantina. Ya los Papas Pablo VI y Juan Pablo II habían cursado visitas similares, correspondidas por los patriarcas ortodoxos de entonces con viajes a Roma.

         Hasta el año 1054 los cristianos formábamos una unidad de credo y de disciplina. En 1054, y precisamente con la basílica de Santa Sofía como escenario, esta unidad se rompió con el llamado cisma de oriente, que dividía a los cristianos en ortodoxos o bizantinos y en católicos o latinos. A partir de 1517, habría, en el seno de la Iglesia católica, una nueva y dolorosa ruptura como consecuencia de la llamada reforma protestante.

         Por ello, la visita de la próxima semana del Papa Benedicto XVI a Estambul, la capital cultura, económica y demográfica de Turquía -la ciudad de Ankara es su capital civil y administrativa- está llena de simbolismo, interpelación y esperanza ecuménica. La tarde del miércoles 29 de noviembre y todo el jueves día 30 serán las jornadas específicamente ecuménicas de esta visita papal. Benedicto XVI y Bartolomé I no sólo se encontrarán y se reunirán varias veces sino que también firmarán una declaración conjunta.

La segunda Tierra Santa

         En la mañana del miércoles día 30 Benedicto XVI oficiará una Eucaristía en la histórica y hermosa ciudad de Éfeso, junto al Egeo. Según la tradición, en Éfeso vivieron el apóstol San Juan y la Virgen María. Allí, en el alto de una montaña que mira al mar y desde la que divisa la isla neotestamentaria de Patmos, vivió la Madre del Señor y allí fue asunta en cuerpo y alma a los cielos.

         El reencuentro con las raíces cristianas, tan hondas y tan abundantes en el territorio de la actual Turquía, es, sin duda, otro de los objetivos de este viaje papal. De Tarso, en la actual Turquía, era San Pablo. En Antioquía, San Pedro estableció la sede primada antes de marchar a Roma. Varias cartas paulinas están dirigidas a comunidades cristianas de la antigua Magna Grecia, hoy Turquía. Y dígase de las cartas del libro del Apocalipsis. En Turquía, en lo que ahora es Estambul, se estableció el apóstol San Andrés, y en esta tierra evangelizó también el apóstol San Felipe. Turcos eran San Ignacio de Antioquía y San Policarpo de Esmirna, dos de los llamados Padres Apostólicos de la Iglesia primitiva, amén de los llamados padres capadocios y los cuatro grandes santos padres de la Iglesia Griega.

          Y es que la tierra que va a visitar Benedicto XVI merece, sin duda, el sobrenombre de la “segunda Tierra Santa” y donde la efectiva libertad religiosa es más una aspiración que una realidad.

         Como celebración más específicamente dirigida a la comunidad católica turca, el itinerario del viaje papal prevé para la mañana del viernes 1 de diciembre una Eucaristía en la catedral del Espíritu Santo, en Estambul, amén de la visita a Éfeso, antes citada.

 

Escrito por Jesús de las Heras Muela – Director de Ecclesia y Ecclesia Digital (30 de agosto de 2007)

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