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Testimonio del sacerdote de la diócesis de Cartagena, Carlos Casero

Testimonio del sacerdote de la diócesis de Cartagena, Carlos Casero

“El Señor quiere que toda mi vida sea sacerdotal”, Carlos Casero

Nada apuntaba a que Carlos Casero Pérez sería un día sacerdote, así lo narra él cuando a unos días de ser ordenado echa la vista atrás para recordar como Dios le llamó para ejercer este ministerio. Nada en su entorno, ni familia, ni amigos, hacía presagiar su vocación, que explica se la debe a la Virgen, “la Purísima se encargó de acercarme a los ‘sí’ a Dios”.

Comenzó a participar en la Eucaristía y tras recibir el sacramento de la Confirmación se fue vinculando poco a poco a la Iglesia. Y así comenzaron los comentarios de quienes le veían implicarse cada día más y le preguntaban si Dios no le estaría llamando para ser sacerdote: “Me daba un coraje… Me negaba rotundamente y le preguntaba a Dios: ‘¿A que tú no quieres?”, explica con la sonrisa propia de quien ahora lo comprende todo.

Pero su deseo de cumplir la voluntad de Dios, fuera cual fuese, hizo que lo que en un principio fuera árido se convirtiera en algo atrayente. “Y entonces comencé a pensar que yo no tenía cualidades para ser sacerdote. ‘Ojalá las tuviera’, pensaba. Pero el Señor hace que te rindas, ‘a la Virgen le fue bien’, me decía a mí mismo”.

Con 18 años ingresó en el Seminario San Fulgencio, comenzaba así un tiempo de formación, de discernimiento. “El Señor cambió mis planes y mis sentimientos y cada día me confirmaba que estaba conmigo”. Asegura que los años en el seminario han sido “un regalo” por la felicidad de poder compartir su vocación con otros jóvenes y por la oportunidad de confirmar su vocación, “de dejar mi camino por el suyo”.

Durante los años en el seminario ha estado de pastoral con las Misioneras de la Caridad; en la parroquia de San José de Sangonera la Seca; de monitor en el Preseminario, “un tiempo de gracia para reavivar mi propia vocación”; con las Hermanitas de los Pobres en Puente Tocinos; en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Torre Pacheco y en la de Nuestra Señora del Carmen de Murcia, donde ha servido como diácono.

“El regalo de mi vida son los sacramentos, lo que yo pongo es mínimo, el Señor hace la obra. De este tiempo como diácono me ha sorprendido que en muchas ocasiones, cuando pensaba que podría haber hecho más, que mis palabras podrían haber sido más acertadas, Dios ha llegado a la gente a través de mí. He visto como un joven consagrado cuestiona a todo el mundo. Dios sigue obrando y a través de personas concretas”.

Ante la inminencia de su ordenación sacerdotal, Carlos asegura que su vocación ha de seguir fraguándose cada día: “La vocación no es el ‘sí’ primero, exige un ‘sí’ diario, continuo y en todas las cosas. El Señor quiere que toda mi vida sea sacerdotal”.

Carlos será ordenado presbítero este próximo sábado, a las 11:00 horas, en la basílica de la Purísima de Yecla, junto a Francisco Jesús García del Seminario Redemptoris Mater, otro joven yeclano. Yecla es un municipio con muchas vocaciones al sacerdocio, además de Carlos y Francisco Jesús hay otros jóvenes que se están formando para ser sacerdotes, como ya hicieron otros muchos paisanos: “Es contagioso, porque suscita la misma respuesta si se sigue con alegría el Evangelio. Hay muchas vocaciones, la Virgen se preocupa de que no le falten seguidores a su Hijo”.

Presidirá su primera Misa este domingo a las 12:00 horas, también en la basílica de la Purísima.

 

 



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