Iglesia en España

Testimonio del «Padre Patera», el padre Kenneth Chukwuka Iluabuich, sacerdote nigeriano de la diócesis de Murcia

Cantabria (España), 2 septiembre 2016

“Tras las Huellas del Nazareno”

Un auténtico «Padre patera». El Padre Kenneth Chukwuka Iluabuich, sacerdote nigeriano de la Diócesis de Murcia.

El “Tras las Huellas del Nazareno” que esta semana nos presenta la Fundación EUK Mamie – HM Televisión parece salirse un tanto del tema de persecución religiosa que define a esta serie. Pero el testimonio del Padre Kenneth Chukwuka Iluabuich, nigeriano de 37 años y hoy sacerdote de la Diócesis de Murcia, que llegó a España en una patera después de un largo y peligroso viaje, nos habla de las penalidades y sufrimientos sin fin que están padeciendo miles de hermanos nuestros, obligados a abandonar sus hogares a causa de la persecución religiosa, y a iniciar un largo penoso éxodo, que no siempre termina tan bien como la historia del P. Kenneth.

La historia del P. Kenneth es la de un joven responsable y trabajador, que en su Nigeria natal no encontraba posibilidad de realizar sus sueños: “Procedo del suroeste de Nigeria, donde la mayor parte de la gente es cristiana y, afortunadamente, el 99% de ellos son católicos. Por la gracia de Dios recibimos la fe en 1912, cuando llegaron los primeros misioneros irlandeses, los Padres Blancos. Nos evangelizaron y, desde entonces, hemos estado viviendo la fe. La mayoría allí somos cristianos, y esto nos ha ayudado a vivir como jóvenes responsables”.

“En esta zona, por una parte damos gracias a Dios porque lo conocemos. Pero no podemos cerrar los ojos ante el sufrimiento de la gente, sufrimiento causado por la pobreza y por la corrupción del gobierno. Es un círculo vicioso donde, por un lado tenemos gente de buen corazón que piensa en el bien de la sociedad y, por otra parte, hay otros que están totalmente corrompidos y ya no piensan en sus hermanos, en los pobres, en los que sufren… Simplemente, buscan siempre la forma de enriquecerse a costa de los demás”.

No es que Kenneth viviera en la indigencia. Trabajaba en el campo y ganaba lo suficiente para sus necesidades básicas y las de su madre viuda. Pero Kenneth quería estudiar, quería ir a al universidad, y dar así un porvenir mejor a los suyos: “Después de terminar mis estudios en el instituto, aconsejado por un amigo, pensé que era mejor salir de mi país. Llegamos a la conclusión de que era mejor estudiar fuera y realizar nuestros sueños. Yo quería ser abogado, porque siempre me ha costado mucho ver sufrir a la gente. Ver su dolor me parte el corazón. Mi idea era llegar a ser abogado para defender a los demás”. El Señor tenía otros planes, pero de momento Kenneth los desconocía.

Este artículo, resume solo sucintamente su periplo. Para conocer su historia completa, que merece la pena conocer, aconsejo escucharla de sus labios:

“Mi amigo me sugirió que fuésemos a Londres, porque era fácil por el idioma, porque en mi país el idioma oficial es el ingles. Buscamos juntos información al respecto en Lagos que es la capital de Nigeria, y en una agencia nos dijeron que era posible y que mucha gente lo estaba haciendo. Teníamos que llegar a Marruecos, que tiene frontera con España. Nos dijeron que en España dejaban entrar a los inmigrantes porque los necesitan para trabajar en los campos”. Se lo pintaron todo fácil y asequible. Pero el P. Kenneth reconoce hoy:  “Fuimos engañados”. Engañados una y otra vez.

Entraron legalmente en Marruecos, con un visado de turista. Pero, al primer intento de cruzar la frontera, la Guardia Civil les entregó a las autoridades de Marruecos queles enviaron a prisión. La experiencia fue tan horrible que el P. Kenneth no puede ni hablar de ella: “Nunca he visto cosa parecida. No voy a comentar mucho sobre lo que vivimos en la cárcel de Marruecos, donde apenas nos daban de comer y lo único que puedes hacer es esperar en el Señor. Gracias a Dios, hoy puedo estar contando esta experiencia”. Era el año 1998.

“Nos dijeron que nos iban a llevar a nuestro país, pero era mentira. Una mañana nos metieron en un camión de la policía y nos llevaron al desierto, a la frontera entre Argelia y Marruecos. Éramos unas 65 personas. Nos hicieron salir y ellos se marcharon, dejándonos allí, en el desierto”. La desesperación se apoderó del grupo. Era una zona tremendamente peligrosa, ocupada por fundamentalistas violentos, la policía tenía orden de disparar a matar ante cualquier movimiento sospechoso.

Fueron ocho meses de sufrimiento que el P. Kenneth describe con el corazón en la mano: “A veces las mujeres musulmanas dejaban cerca de nosotros agua, pan… Ellas no se pueden acercar al extranjero. A veces las veíamos llorar al ver nuestra situación y nos dejaban atún, pan, agua…” Afortunadamente, consiguió salir de Argelia gracias a un dinero que su familia reunió y le envió: “Pagué a un mafioso que te lleva y te guía por el desierto. A veces vuelves al mismo lugar porque no sabes interpretar sus indicaciones. Caminé más de tres semanas hasta que llegué a Marruecos. No había agua ni comida. A veces, los que viven allí, te dan agua, pan y sardinas… Lo peor es fue ver morir de agotamiento y por la carencia de comida a algunos compañeros. Yo no tenía ni lágrimas ni fuerza para enterrarles. A veces encontrábamos esqueletos de gente que había muerto meses antes”.

“En Marruecos permanecí un año y medio esperando otra ayuda de mi familia”. Las mafias se aprovechan de estos desdichados y de su situación de extrema necesidad, y les roban una y otra vez sin compasión: “A la tercera vez que me mandaron el dinero (las dos veces anteriores, los intermediarios se quedaron con el dinero), la única opción que tenía (…) era cruzar a través del mar. Este fue mi trayecto para llegar a España. Lo hice en patera”.

El P. Kenneth se emociona cuando recuerda: “Es una historia difícil de contar por el sufrimiento que queda todavía. Hoy doy gracias Dios por lo que hizo por mí, porque Dios me sacó de la muerte. Algunos perdieron la vida en el trayecto, pero Él me demostró que me ama”.

“Cuando los inmigrantes intentan cruzar el mar, se puede pensar que son tontos, porque pueden morir en el océano. Pero no son tontos. Han vivido muchas penalidades, han visto muchas cosas y piensan que la única opción es intentarlo, porque en Maruecos y estos sitios también les espera la muerte. Pero si intentan cruzar, puede salir bien y, en todo caso, si les cogen las autoridades, pueden regalarles la vida. Es por eso por lo que, después de vivir en Marruecos y en Argelia en aquella situación, mis compañeros y yo decidimos dar un paso”.

De nuevo engañados con respecto a las horas que iba a durar la travesía, montaron en las pateras. Kenneth no sabía nadar porque en su pueblo no hay ríos ni piscinas: “Partimos en dos pateras. En la mía íbamos noventa y ocho personas. En la otra ciento treinta y dos. A ellos se les paró el motor y comenzaron a gritar. Nosotros paramos mientras éramos vapuleados por terribles olas. Esta experiencia no se la desearía ni a mi peor enemigo, aunque creo que no tengo enemigos. Estuvimos animando a los otros que lloraban. De repente vino una ola y se hundieron todos.Durante algunos segundos vi sus manos hacia arriba, hasta que desaparecieron… Nosotros llorábamos. (…) Yo pensaba que esto que les había pasado a ellos, en cualquier momento nos podía pasar también a nosotros”.

“Cuando estoy solo, me viene el recuerdo del trauma vivido y sigue siendo muy costoso. Por la mañana nos rescató la Guardia Civil de Algeciras. Nos llevaron a la cárcel porque éramos ilegales. En la cárcel yo cantaba, rezaba y daba gracias a Dios, porque después de esta experiencia yo pude ver su grandeza de Dios”.

Ya en España, Kenneth trabajó duramente en los campos de Murcia y Almería. Cuando el trabajo en los campos terminó, trabajo en Murcia en la construcción.

“Mi amigo se fue a Londres, pero yo permanecí en España en vez de ir a Londres, porque pensaba que tenía que tener dinero para poder centrarme después en los estudios. Pero Dios no quería esto para mí, tenía otro plan: que entrase en el seminario y fuese un sacerdote”.

“Mientras estaba trabajando, fui tramitando mis papeles y los conseguí. Aún siendo católico no acudía a la Iglesia por el tema del idioma”. Kenneth iba a los cultos evangélicos, donde los pastores les atendían en inglés. “Un día me llamó mi madre y  me preguntó si había ido a la Iglesia y la mentí, pero después recapacité y le dije que me costaba mucho ir porque no entendía nada. Ella me dijo que tuviese ánimo, que esto me podía incluso ayudar a aprender el idioma”. Sabio consejo de su madre. A la semana siguiente Kenneth fue a misa. Predicaba un sacerdote mayor, Don Jesús Avenza: “Estaba predicando pero, de repente, me llamó y me dijo que fuese adelante. Me preguntó si hablaba español y me dijo que no pasaba nada, porque la Iglesia es universal y me dijo que estaba en mi casa. En la consagración me dijo que no había rezado en mi dialecto y tuve que rezar. Poco a poco, este amigo tan humano me enseñó las cosas de Dios. Para confesarme, me trajo los mandamientos en ingles y español. Cuando iba a confesarme, como no conocía bien el idioma, lo que hacía era señalar los pecados”. Providencial sacerdote, de corazón grande y acogedor como el del Buen Pastor.

De su mano y gracias a la decisión de frecuentar las actividades del seminario, la vocación de Kenneth fue madurando. Fue ordenado sacerdote hace tres años, en Cartagena: “Doy gracias a Dios por esta llamada. Si volviese a nacer, volvería a ser sacerdote. Veo que soy pobre, un siervo inútil, pero sé que Dios me está utilizando como instrumento para llegar a los demás. La grandeza de esta historia es la poder anunciar el Evangelio y que Dios es Amor y es Misericordia”.

Hna. Beatriz Liaño, S.H.M.

Directora de la Oficina de Prensa

Fundación E.U.K. Mamie

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