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Testimonio de Luis Pérez, misionero javeriano en Sierra Leona

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Testimonio de Luis Pérez, misionero javeriano en Sierra Leona, y cómo un cristiano vive la realidad del ébola

El misionero javeriano Luis Pérez Hernández sigue al pie del cañón en Sierra Leona. Sigue con la vida “normal”, en medio del ébola, y cuenta cómo la vive un cristiano de su parroquia:

“Con frecuencia me encuentro con Mr. Thomas Koroma”, cuenta el misionero. “En la parroquia, es uno de los feligreses más asiduos y buen colaborador en las actividades parroquiales: dirige el rosario de la mañana, es uno de los lectores de la Palabra en la Eucaristía, siempre está disponible para echar una mano en lo que se necesite, forma parte del grupo parroquial que visita a las familias y casas que, por haber tenido un afectado de ébola, están en aislamiento por 21 días…”.

“Hace unos días estuve en su casa y hablamos de la situación que estamos viviendo, de la vida de la parroquia y de las actividades que se realizan. (…). En estos años, después de la guerra, el país ha crecido y mejorado, pero el bienestar llega a unos pocos, la mayoría estamos como antes o peor. Muchos, como yo, se apañan como pueden: algún trabajillo esporádico, un poco de huerta (quien la tiene) la ayuda de la familia, un día ayuda uno, otro día otro, el que tiene comparte con los demás…”.

Comentaban ambos que este crecimiento del país ha sufrido un parón con la presencia de ébola que “ha llenado Sierra Leona de sufrimiento y muertes y ha hecho retroceder el menguado bienestar de la gente: compañías que han cerrado, empleos perdidos, subida de precios, menos circulación de productos alimentarios, cierre de proyectos de desarrollo que tenían algunas ONGs… La ayuda que ahora llega se centra en el ébola”. Una enfermedad que se ha ido extendiendo por el país como una mancha de aceite, ahora es más difícil erradicarlo y, todo ello, como le comentaba este feligrés al misionero: “porque al principio no nos lo creíamos, pensábamos que era otra cosa. Con el tiempo y mayor información y sensibilización nos percatamos que era verdad, pero no todos, aún hay gente que no lo admite y no tiene en cuenta las medidas de protección. No ha sido fácil que la población acate las normas, que da el Ministerio de Sanidad, para evitar los contagios y, por lo tanto, aún sigue habiendo afectados y muertos…, yo no pierdo la oportunidad de decir e insistir que el ébola es real, que se tenga cuidado, que con atención se pueden evitar sufrimientos y muerte…”.

Según cuenta el misionero javeriano, la Iglesia y todas las Instituciones se han volcado en una campaña de sensibilización, ayuda, acompañamiento de la población para afrontar los efectos del ébola y para evitarlos. Su parroquia también hace lo que está en su mano en ese sentido. Thomas Koroma dice que “al principio era un poco reticente a colaborar, tenía un poco de miedo ya que no sabíamos bien a lo que nos enfrentábamos, incluso se decía que se trasmitía por el aire; luego sabiendo cómo se trasmitía (contacto) y las medidas de prudencia que había que tener me puse a disposición de la parroquia. Yo no tengo posibilidades de ayudar materialmente, pero tengo tiempo y ganas para colaborar; por otra parte, como cristiano me parece normal estar cerca de los demás, en toda circunstancia, afrontando la vida desde lo que Jesús nos invita a hacer: vivir siempre la caridad…”.

Añade además que “somos varios los que ‘seguimos el ébola’ en la parroquia. Lo primero que hacemos es estar atentos a los posibles casos de afectados, recorremos la parroquia, preguntamos a conocidos… cuando nos enteramos de algo lo referimos a los sacerdotes y se organiza una primera visita a la casa de los afectados que, normalmente, han sido puestas en aislamiento por 21 días. Son casas y familias católicas, protestantes, musulmanas…no nos importa el credo de cada uno, sino la fraternidad común y universal que todos tenemos en Dios Padre, en ‘Papa God’”.

“Hemos pasado un rato juntos”, comenta el misionero, “se acerca la hora del rosario de la tarde, nos encaminamos paseando a la parroquia; allí encontramos al padre Jerónimo ensayando con los niños un pasaje de la novena de Navidad; al padre Patrick hablando con un joven; un montón de niños; unos quince jóvenes y una veintena de adultos, hombres y mujeres…, a las 17,45 entramos todos en el templo para rezar juntos… La vida de la parroquia sigue su curso ‘normal’…todos respondiendo a la llamada del que nos convoca: Jesucristo”.

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