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Teresita: la misionera de 10 años cuyo testimonio late por el mundo entero
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Teresita: la misionera de 10 años cuyo testimonio late por el mundo entero

Hay historias que se filtran entre el ruido y que quedan incólumes, puras, sin adulterarse ni un ápice.

Es el caso de la misionera Teresita Castillo de Diego que el pasado 7 de marzo falleció a la edad de 10 años a causa de las complicaciones derivadas de un tumor cerebral en el Hospital Universitario La Paz, en Madrid.

Cuando abordamos la muerte de un niño siempre hay algo de nosotros que está en tensión, como si nos metiéramos sin las alforjas bien provistas en un terreno misterioso e inexplorado. Creo averiguar que a día de hoy, después del año que hemos vivido, nadie niega que nuestra realidad biológica y nuestras circunstancias son contingentes; sensibles a multitud de factores absolutamente imprevisibles que nos pueden conducir de forma prematura —independientemente de nuestros cálculos— a la extinción personal.  Sin embargo, no hay antídoto más eficaz para el olvido que la memoria viva de aquellos con los que nos hemos tropezado por el camino, dejándoles algo nuestro pero que no era de nosotros.

Este es el caso de Teresita, cuya devoción, inocencia y entusiasmo vital, se abrió paso entre miles de personas de todo el mundo estando ella postrada en una cama de hospital.

«Hay signos de santidad»

«Con muchísima prudencia he decir que hay signos de santidad.  Y hablo por mí, sin ser para nada santero. Pero si la historia de Teresita dentro de unos meses sigue estando presente, habrá que pensárselo. En Roma dan muchísima importancia a la santidad de los niños», dijo para ECCLESIA el vicario episcopal de la Vicaría VIII de la archidiócesis de Madrid, el agustino Ángel Camino Lamela.

Gracias a una misiva que mandó a sus sacerdotes contándole el encuentro tan extraordinario —e inesperado— con Teresita, su historia ha corrido como la pólvora dentro y fuera de nuestras fronteras.

Reproducimos la conversación mantenida por Camino y Teresita, reflejada en su carta.

— Me traes a Jesús, ¿verdad?

— Sí -le respondo-, te traigo a Jesús y la fuerza del Espíritu Santo con la Unción.

— ¿Sabes una cosa? Yo quiero mucho a Jesús.

Lo oye su madre y dirigiéndose a su hija le dice:

—Dile a Ángel lo que tú quieres ser.

Mira fijamente a su madre y le dice:

—¿Se lo digo de verdad? 

—Tú verás.

—Yo quiero ser misionera.

Me impacta tanto su respuesta, totalmente inesperada para mí, que cogiendo fuerzas de dónde no tenía, por la emoción que me produjo su respuesta, le digo:

—Teresita, yo te constituyo ahora mismo misionera de la Iglesia, y esta tarde te traeré el documento que lo acredita y la cruz de la misionera.

—P. Ángel, ¿sabes una cosa? Yo rezo para que muchos niños conozcan a Jesús.

A continuación le administro el sacramento de la Unción, le doy la comunión y la bendición apostólica del Papa Francisco. Fue un momento de oración, sumamente sencillo pero profundamente sobrenatural. Se unieron a nosotros algunas enfermeras que espontáneamente nos hicieron unas fotos, para mí totalmente inesperadas, y que quedarán como un recuerdo imborrable. Nos  despedimos mientras ella con su mamá se quedaba rezando y dando gracias.

«Asumir la cruz de Jesús desde la inocencia de un niño es lo más espectacular de todo esto»

Paula Alió es prima de la madre de Teresita. Nuestra compañera de EDICE nos cuenta lo que han supuesto estos meses estando cerca de la pequeña misionera.

«Ha sido algo especial que nos ha llevado a una transformación profunda. Hemos estado rezando mucho por ella y todo lo que ha ocurrido nos hace mirar de forma distinta la vida. Es algo que va más allá, es la Gracia de Dios». 

Le preguntamos por el dolor, la incomprensión de la muerte de una niña, y nos dice que, obviamente, «la pena y el dolor humano sigue estando. No estamos anestesiados pero vivimos con una paz profunda porque nuestro corazón ha cambiado».  Queremos saber cuál es su mayor consuelo y no duda ni un segundo: «la fe absoluta de que Teresita está en el cielo. Ella ha vivido esto en paz y goza del cielo. Así lo experimenta su familia más cercana».

«Llevo 44 años como sacerdote y digo, sin ningún género de dudas, que esto solamente se da si hay una familia detrás»

Ángel Camino está emocionado al otro lado del teléfono. Esta historia le ha tocado. No ha vivido algo igual antes.  «No puedo seguir siendo el mismo. Quiero ser más auténtico, más niño y dar testimonio».

Queremos saber cómo se puede llegar a ver que una niña de 10 años te diga, con convicción, que lo que desea es ser misionera. Misterio, de la misma categoría, que esos chicos que desde tempranísima edad tienen claro que desean ser sacerdotes.

«La Gracia actúa a su antojo hasta en ambientes totalmente adversos.  Llevo 44 años de sacerdote y puedo decir, sin ningún género de dudas, que detrás de esto hay una familiaSi no, es imposible.  Esto ocurre porque hay un entorno familiar donde resulta espontáneo decir algo de esta naturaleza. Yo no conozco a esta familia de nada pero sé que la historia de Teresita es fruto de toda una vida de autenticidad. Que no se nos olvide que la fe se transmite por contagio». 

Continúa Camino. «Nosotros podemos predicar desde el púlpito lo que queramos pero el auténtico testimonio es el de los padres en el día a día, en su vivencia de los sacramentos».

¿Qué encierra el «sed como niños»?

«El niño sabe distinguir perfectamente dónde está la autenticidad —dice el vicario episcopal—. Se trata de que tú seas capaz de vivir en tu propia vida como un niño que se abandona en su padre, que cree en Él. De los niños podemos aprender a ser genuinos, a ser valientes», nos dice Camino. 

Paula Alió nos cuenta cómo desde su entorno y también con personas que eran ajenas a la firme voluntad y arrojo de Teresita, se ha vivido su testimonio. «Hay algunos que te miran con incredulidad al vivir esto con serenidad. Para ellos es como si estuvieras mal de la cabeza pero quien mira desde la fe, sabe que la muerte es una esperanza hacia la vida eterna. Desde ahí se vive con consuelo. El que no es capaz de verlo, pues te mira con algo de envidia. También hay muchos que se preguntan cómo se vive esta situación y yo solamente puedo decir que se puede». 

Tras las huellas de Teresita

Los que hemos sido partícipes, de una forma u otra, de los últimos días de Teresita sabemos que hay algo que nos ha cambiado para siempre después de conocer su historia. 

Nadie puede entrar en lo misterioso o escondido de cada corazón pero hay destellos, como los fogonazos en una estancia oscura que describía Chesterton, que por un momento, apenas un instante, nos permiten descubrir la luz entre lo velado; la belleza de un universo caótico pero ordenado que al mismo tiempo que se expande a una velocidad de vértigo sin nuestro permiso, nos interpela como si fuéramos la primera persona que se pregunta por el sentido de la vida y de la muerte, como si fuéramos los primeros en contemplar, boquiabiertos, las estrellas titilantes en una noche cerrada.

Estamos tras tus huellas, Teresita. Te encomendamos y no te olvidamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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