Santa Sede

Tercera Predicación de Cuaresma del P. Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia

Padre Cantalamessa: Frente al misterio del Espíritu Santo

Tercera Predicación de Cuaresma del P. Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia

“Frente al misterio del Espíritu Santo”. Así se titula la Tercera Predicación de Cuaresma del Padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, quien ofreció en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico del Vaticano, algunas reflexiones en torno a este tema al Papa Francisco y a la Curia Romana.

Hoy meditaremos sobre la fe común de Oriente y Occidente en el Espíritu Santo y trataremos de hacerlo “en el Espíritu”, en su presencia, sabiendo, como dice la Escritura, que “antes que la palabra esté en mi lengua, tú, Señor, la conoces plenamente” (cfr. Salmo 139, 4).

Con estas palaras el Padre Cantalamessa introdujo el primer punto titulado: “Hacia un acuerdo sobre el Filioque”, que se refiere la controversia que hace referencia a la disputa entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa por la inclusión en el Credo de este término en latín que significa “y del Hijo”.

Tras repasar la historia sobre esta doctrina de la procesión del Espíritu Santo en el seno de la Trinidad que constituyó a lo largo de los siglos uno de los puntos de mayor fricción y acusaciones recíprocas entre Oriente y Occidente, el predicador afirmó:

“Hoy, en el clima de diálogo y mutua estima que se busca establecer entre Ortodoxos e Iglesia católica, este problema no parece ser un obstáculo insuperable para la plena comunión. Calificados representantes de la teología ortodoxa están dispuestos a reconocer, con ciertas condiciones, la legitimidad de la doctrina latina”.

Y explicó que el Catecismo de la  Iglesia Católica habla, al respecto, de una “legítima complementariedad que si bien no se ha vuelto rígida, no impide la identidad de la fe en la realidad del misterio”. En la misma línea se expresa un documento del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, de 1995, solicitado por el Papa Juan Pablo II y positivamente acogido por exponentes de la teología ortodoxa. Como signo de esta voluntad de reconciliación, el mismo Juan Pablo II inició la práctica de omitir el añadido Filioque, es decir “y del Hijo”, en ciertas celebraciones ecuménicas en San Pedro y en otros lugares, en los que se proclamaba el Credo en latín.

En el segundo punto de estas reflexiones el predicador explicó que como siempre, cuando el diálogo es realizado realmente “en el Espíritu”, no se limita a allanar las dificultades del pasado, sino que abre nuevas perspectivas. Y dijo que la novedad más grande no consiste solamente en encontrar un acuerdo sobre el Filioque, sino en partir nuevamente desde la Escritura con vistas a una nueva síntesis más amplia y con un espectro de preguntas menos condicionado por la historia pasada.

En el tercer punto titulado “El Espíritu de verdad y el Espíritu de caridad”, el Padre Cantalamessa destacó con San Pablo que el efecto principal del Espíritu es “derramar el amor” en los corazones; que el fruto del Espíritu es “amor, alegría y paz” (Ga 5, 21); que el amor constituye “la ley del Espíritu” (Rm 8, 2), que el amor es “el mejor camino”, y el don del Espíritu Santo más grande de todos (cfr. 1 Co 12, 31).

Y concluyó diciendo:

“Que el Espíritu Santo nos ayude a dirigirnos por este camino exigente, pero al que se le han prometido los frutos del Espíritu: el amor, el gozo y la paz”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

(from Vatican Radio)

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