Opinión

Teología del martirio en la Granda, por Fidel García Martínez

Teología del martirio en la Granda, por Fidel García Martínez

En el marco incomparable de La Granda (Gozón-Asturias) en un palacio sencillo donde se configuró el plan de desarrollo industrial que Franco quiso para España y que delineó de forma magistral el gran ministro López Rodó, se está celebrando un curso de gran proyección internacional, con el título: Víctimas y Mártires: aproximación Histórica y Teológica al siglo XX, que dirige Juan Antonio Martínez Camino Exisecretario de la Conferencia Episcopal Española y en el que participan ilustres personalidades que analizan con profundidad la historia martirial del Siglo XX en Europa y México.

Lo mejor de la milenaria historia de la Iglesia Católica en España son sus mártires que se cuentan por miles desde las primeras persecuciones romanas, hasta los mártires de la II República y la Guerra Civil, pasando por los fieles que sufrieron persecución durante el dominio musulmán. Cuando la Iglesia Católica reconoce y venera sus hijos más queridos- los que derramaron y derraman su fe por Confesor a Cristo- no tiene en cuenta su afiliación política, cultural, filosófica, científica o artística, u otras circunstancias personales o sociales, sino si fueron sacrificados por el odio a la fe en Jesucristo Dios y hombre verdadero. Acusar a la Iglesia Católica de oportunismo cuando reconoce y celebre el martirio de sus hijos más queridos además de un acto de cobardía, es una negación y manipulación descarada, sectaria y reaccionaria, basada en la satánica escusa: algo harían hecho para ser asesinados miles de españoles hombre y mujeres, niños y ancianos; frailes y monjas, sacerdotes y obispos o y simples para ser asesinados con alevosía, sadismo y nocturnidad. La verdad histórica no puede ser manipulable; es clara y tiene causas demostradas y verificadas: el odio de los que querían arrancar de raíz la Iglesia Católica de España. El comunismo y el socialismo que trataban por la fuerza y la violencia, según el modelo soviético totalitario y destructivo, imponer un mundo nuevo basado en la lucha de clases y dictadura del proletariado. Los efectos terribles y terroríficos de esta cruel y sanguinaria sufrida por la Iglesia Española en todos sus bienes culturales, artísticos y sobre todo en pérdidas de la vida de sus fieles católicos, los lamentó profundamente en el Papa Pío XI el 14 de septiembre 1936, cuando escribía en su encíclica Divina Redemptoris: El furor comunista no se ha limitado a matar a obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, buscando de un modo particular aquellos y aquellas que precisamente trabajan con mayor celo con los pobres y los obreros, sino que además han matado a un gran número de seglares de todo clase y condición, asesinados aún hoy en día en masa por el mero hecho de ser católicos o el menos contarios al ateísmo comunista. Y esta destrucción tan espantosa es realizada con un odio, una barbarie y una ferocidad que jamás se hubieran creído posible en nuestro siglo.

En el mismo sentido y ofreciendo más detalles Manuel de Irujo dirigente del Partido Nacionalista Vasco, ministro con Largo Caballero y Negrín informaba el 9 de enero de 1937: (…) “Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa. Por miles”. En relación con los destrucción con bienes artísticos afirma: Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo contadas excepciones, ha sido destruidos, los más con vilipendio (…) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto los han fundido y aun aprovechado para la guerra.

Cuando la iglesia recuerda a sus mártires, perdona y reza a sus verdugos, lo que es el bien más grande que se les puede hacer en la Tierra y en el Cielo.

Fidel García Martínez, Licenciado en Ciencias Eclesiásticas Catedrático Lengua Literatura Doctor Filología

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Programa del curso

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