Carta del Obispo Iglesia en España

Tentaciones actuales, Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrasa

Tentaciones actuales, Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrasa

(21-02-16)

Seguimos adentrándonos en el tiempo de Cuaresma. Es también un tiempo de reflexión sobre los males que afligen a nuestras personas y a nuestra sociedad en general. Uno de ellos es esa especie de individualismo ambiental, que se nos acaba contagiando. No me refiero aquí al individualismo en tanto que posición moral, filosófica-política, que destaca la dignidad moral del individuo frente al colectivismo; tampoco al individualismo metodológico, que como método es utilizado ampliamente en las ciencias sociales. Me refiero al neoindividualismo narcisista y consumista que ha señalado con lucidez Gilles Lipovetsky, y que es a la vez insolidario y egoísta.

Este individualismo aísla progresivamente a la persona, que al final sólo actúa según sus criterios y según sus intereses, alejándose de la colaboración, del trabajo en equipo y del objetivo del bien común. Su raíz más profunda está en el egoísmo. Este individualismo se hace presente en la vida personal, en la vida de fe, así como en el mundo del trabajo y en el sentido de pertenencia a la comunidad. De alguna manera va en contra de la propia naturaleza humana porque hemos sido creados por Dios como seres sociales, que necesitan relacionarse con los demás y sentirse queridos e integrados. Precisamente, una característica de la persona adulta es la capacidad de convivir y colaborar con otras personas, la capacidad de interactuar e integrarse en el grupo y en la comunidad. El ser humano es relacional, dialogal, comunicativo.

Pues bien, la capacidad de relacionarse, propia del ser humano, queda eclipsada y empequeñecida por el individualismo, que lo empuja a encerrarse en su pequeño mundo y a preocuparse únicamente de satisfacer los propios deseos y necesidades, olvidándose de los demás. Las consecuencias son variadas. A nivel psicológico, acaba generando aislamiento, tristeza y soledad. En el plano espiritual y apostólico, sensación de impotencia y frustración, porque no hay proporción entre los esfuerzos empleados y los resultados. Pero es que no se puede seguir a Jesús en solitario, y quien va por su cuenta tiene el riesgo de acabar componiendo una religión a la propia imagen y medida. En el ámbito comunitario y eclesial, no se puede trabajar por libre, sino en comunión y corresponsabilidad. Y en la sociedad en general, el individualismo acaba generando anonimato, marginación, paro, injusticia y pobreza.

Y me pregunto: ¿cómo superar la tentación del individualismo? Con una mirada teológica, una mirada desde la fe. La Revelación nos enseña que el ser humano ha sido Rcreado a imagen de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. El misterio de la Santísima Trinidad consiste en el hecho de que tres Personas viven en comunión tan íntima que forman un solo ser, son un solo Dios. El “misterio” de la comunidad cristiana consiste en el hecho de que diversas personas viven en una comunión, en una unidad tan grande, que forman un solo corazón y una sola alma. La persona ha de vivir la relación con Dios y con los demás, y este es un elemento constitutivo de su existencia e imprescindible tanto para su maduración personal como para construir una sociedad más humana.

El camino es cultivar esa relación con Dios y con los demás, con uno mismo y con la creación. También deberemos educar a los niños y jóvenes en la colaboración, en el trabajo en equipo y sobre todo, en la solidaridad. Aprovechemos este tiempo de Cuaresma, un tiempo privilegiado para revisar y mejorar nuestra vida cristiana.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrasa.

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