Monseñor Santiago García Aracil
Mons. Santiago García Aracil

Tenemos Papa – Bendiciones con una grata sorpresa

            Las expectativas y las consiguientes cábalas en torno al posible sucesor de Pedro después de Benedicto XVI han sido corregidas, una vez más, por la acción del Espíritu Santo a través de los Cardenales de la Iglesia Católica. De nuevo se ha cumplido la tradicional afirmación “quien entra en el Cónclave como posible Papa sale como cardenal”. A pesar de ello,  no faltarán quienes afirmen que su pronóstico se ha cumplido. Para ellos nuestra felicitación.

            Ya está al frente de la Iglesia el nuevo “siervo de los siervos de Dios”: el Papa Francisco. A partir del momento en que aceptó la elección del Colegio cardenalicio, recibió,  directamente de Jesucristo, la condición de cabeza visible de la Iglesia. A él corresponde toda la responsabilidad  y toda la potestad que requiere el ejercicio de su difícil y  santa misión.

            El Señor ha bendecido a su Iglesia con  el obsequio de un hombre de Dios en quien ha destacado su profundo amor a la Iglesia, su sensibilidad ante los problemas de los hombres y mujeres de su tiempo, la sencillez como compañera de las firmes convicciones, una amplísima formación adquirida  en el estudio y en la experiencia de gobierno eclesial  tanto al interior de la Compañía de Jesús, como en el cumplimiento de su ministerio episcopal.

El Papa Francisco es un regalo de Dios, una bendición que ha sorprendido gratamente desde el primer momento de su relación con el orbe católico.

            Con sus palabras y gestos desde el balcón de la Basílica de S. Pedro en el Vaticano nos ha transmitido ya algunas de sus firmes convicciones: necesita de nuestra oración y apoyo; se compromete con el deber de orar en favor del Pueblo santo de Dios; se siente claramente  Obispo de Roma desde donde mira con amor y decidido espíritu de servicio al mundo entero como Papa que es; asume con naturalidad y sin miedo las difíciles responsabilidades que presenta hoy la Iglesia; manifiesta con toda sencillez su amor y respeto a quien le ha precedido en el ejercicio del Sumo Pontificado y por quien pide una plegaria desde el primer momento de su aparición en público; y se presenta espontáneamente con un estilo personal que permite deducir su voluntad de diálogo y su capacidad de gobierno. Su profunda formación científica, humanística y teológica le permitirán entender el lenguaje de las gentes de nuestro tiempo y ofrecerle la luz del Evangelio con ilusión y esperanza.

Podemos pensar que el Papa Francisco será un digno sucesor de Pedro, un buen hermano en el seno del Colegio episcopal, un buen comunicador del mensaje de Jesucristo, un amigo de los pobres en el cuerpo y en el alma, y un Maestro y Testigo para el mundo  en el que unos  le observará con curiosidad y otros con atención y confianza.

Nuestra misión es orar desde hoy por las intenciones y necesidades del Sumo Pontífice Francisco. Demos gracias a Dios porque nos lo ha concedido como un regalo necesario para la Iglesia en el momento presente. Pidamos que sea un estímulo ejemplar para quienes debemos entregarnos con valentía a la evangelización en favor de un mundo en el que reinen el amor, la verdadera libertad, la justicia, la paz y la esperanza.

                                               Santiago. Arzobispo de Mérida-Badajoz

Print Friendly, PDF & Email

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.