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Capítulo 1: Tendencias del mundo que no favorecen la fraternidad, según Francisco

El primer capítulo de la encíclica Fratelli tutti, «Las sombras de un mundo cerrado», lo dedica el Papa Francisco a proponer algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal. Se centra en las numerosas distorsiones de la época contemporánea: la manipulación y la deformación de conceptos como democracia, libertad o justicia; la pérdida del sentido de lo social y de la historia; el egoísmo y la falta de interés por el bien común; la prevalencia de una lógica de mercado basada en el lucro y la cultura del descarte; el desempleo, el racismo, la pobreza; la desigualdad de derechos y sus aberraciones, como la esclavitud, la Trata, las mujeres sometidas y luego obligadas a abortar, y el tráfico de órganos.

Son problemas globales que requieren acciones globales, según enfatiza el Papa, dando la alarma también contra una «cultura de los muros« que favorece la proliferación de mafias, alimentadas por el miedo y la soledad. Además, hoy en día, hay un deterioro de la ética a la que contribuyen, en cierto modo, los medios de comunicación de masas que hacen pedazos el respeto por el otro y eliminan todo pudor, creando círculos virtuales aislados y autorreferenciales, en los que la libertad es una ilusión y el diálogo no es constructivo.

Nuevas formas de egoísmo

  • «En varios países una idea de la unidad del pueblo de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales».

La economía global impone un modelo cultural único, que unifica el mundo pero «divide a las personas y a las naciones», porque como decía Benedicto XVI en Caritas in veritate, «la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos». Para Francisco, este mundo en el que reina el desinterés por el bien común, se favorece la identidad de los más fuertes y la política se vuelve más frágil frente a los poderes económicos transnacionales.

Deconstruccionismo

De esta forma también se alienta una pérdida del sentido de la historia: «Se advierte la penetración cultural de una especie de “deconstruccionismo”, donde la libertad humana pretende construirlo todo desde cero». Para Francisco las nuevas formas de colonización cultural necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana.

Una política que exaspera

«La mejor manera de dominar es sembrar desesperanza», dice Francisco, destacando que «hoy en muchos países se utilizar el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar». Así la sociedad se empobrece y la política ya no busca la discusión sana sobre proyectos para el bien común sino que «son recetas inmediatistas de marketing».

Esta pugna enfrenta a todos contra todos y aumentan las distancias. Es necesario «construirnos en un “nosotros” que habita la Casa Común».

Cultura del descarte

Esto favorece la cultura del descarte en la que «partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano digno de vivir sin límites». La falta de hijos, el abandono de los ancianos es un modo de expresar que «todo termina con nosotros, que solo cuentan nuestros intereses individuales».

El descarte se expresa en la obsesión por reducir los costos laborales que provoca desempleo y expande la pobreza; y en el racismo. Porque como decía Pablo VI en Populorum progressio: Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento pero no así para el desarrollo humano integral.

Observando el mundo debemos preguntarnos si la igual dignidad de todos los seres humanos es «reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias». Porque para Francisco, «persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre».

La esclavitud del siglo XXI

Los derechos humanos no son suficientemente universales y se refleja en que la organización de las sociedades todavía está lejos de «reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones».

Aunque la Comunidad Internacional intenta terminar con la esclavitud, para Francisco la raíz está en «la concepción de la persona humana que admite que pueda ser tratada como un objeto». De ahí el aborto, la venta de órganos, la Trata de personas…

En el mundo actual impera la indiferencia y el hombre se cree todopoderoso olvidando que todos vamos en la misma barca. Se está produciendo un verdadero cisma entre el individuo y la comunidad humana.

Nos necesitamos

La pandemia desvela que «nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos».

  • «Algunos pretendía hacernos creer que bastaba la libertad de mercado para que todo estuviera asegurado. Pero el golpe duro e inesperado de esta pandemia fuera de control obligó por la fuerza a volverá pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos».
  • «El dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia, hacen resonar el llamado a repensar nuestros etilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia».

De «los otros» al «nosotros»

El Papa desea que «al final ya no estén “los otros” sino solo un “nosotros”; (…) que no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores, en parte como resultado de sistemas de salud desmantelados año tras año. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos que nos necesitamos».

Xenofobia ante los migrantes

Además, el Papa denuncia que «tanto desde algunos regímenes políticos populistas como desde planteamientos económicos liberales, se sostiene que hay que evitar a toda costa la llegada de personas migrantes». «Para colmo “en algunos países de llegada, los fenómenos migratorios suscitan alarma y miedo, a menudo fomentados y explotados con fines políticos. Se difunde así una mentalidad xenófoba”». Ante esto juzga «inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes, haciendo prevalecer a veces ciertas preferencias políticas por encima de hondas convicciones de la propia fe».

La comunicación, espectáculo

Es paradójico que por una parte se desarrollan actitudes cerradas ante los otros y por otra deja de existir el derecho a la intimidad.

  • «Todo se convierte en una especie de espectáculo que puede ser espiado, vigilado, y la vida se expone a un control constante. En la comunicación digital se quiere mostrar todo y cada individuo se convierte en objeto de miradas que hurgan, desnudan y divulgan, frecuentemente de manera anónima».
  • «Los movimientos digitales de odio y destrucción no constituyen —como algunos pretenden hacer creer— una forma adecuada de cuidado grupal, sino meras asociaciones contra un enemigo».
  • Las relaciones digitales «no construyen verdaderamente un “nosotros” sino que suelen disimular y amplificar el mismo individualismo que se expresa en la xenofobia y en el desprecio de los débiles. La conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad».
  • «La agresividad social encuentra en los dispositivos móviles y ordenadores un espacio de ampliación sin igual»
  • «Conviene reconocer que los fanatismos que llevan a destruir a otros son protagonizados también por personas religiosas, sin excluir a los cristianos, que «pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital. Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena. ¿Qué se aporta así a la fraternidad que el Padre común nos propone?».

Una sabia comunicación humana

  • Para Francisco «la verdadera sabiduría supone el encuentro con la realidad. Pero hoy todo se puede producir, disimular, alterar»
  • «Las personas o situaciones que herían nuestra sensibilidad o nos provocaban desagrado hoy sencillamente son eliminadas en las redes virtuales, construyendo un círculo virtual que nos aísla del entorno en el que vivimos».
  • «Al desaparecer el silencio y la escucha, convirtiendo todo en tecleos y mensajes rápidos y ansiosos, se pone en riesgo esta estructura básica de una sabia comunicación humana».
  • «La libertad es una ilusión que nos venden y que se confunde con la libertad de navegar frente a una pantalla. El problema es que un camino de fraternidad, local y universal, solo puede ser recorrido por espíritus libres y dispuestos a encuentros reales».

En lo profundo de la persona

Finalmente, el Papa invita a la esperanza «que nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive».

Fratelli tutti: La fraternidad debe promoverse no solo con palabras, sino con hechos

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