Carta del Obispo Iglesia en España

Te mira con pasión, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Buen pastor
Buen pastor

TE MIRA CON PASIÓN, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

El domingo, día 17 de abril, celebramos en la Iglesia la fiesta del Buen Pastor. Jesús se aplica este título a sí mismo porque conoce a sus ovejas, camina delante de ellas, les entrega su vida y las conduce a buenos pastos. Con su Palabra, Jesús nos guía por el camino justo y, por medio de los sacramentos, entra en comunión con cada ser humano para saciar su hambre de felicidad y su sed de eternidad.

La contemplación de la imagen del Buen Pastor nos ayuda a vivir y a celebrar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de las Vocaciones Nativas. El lema “Te mira con pasión”, elegido para la celebración de este año, nos ayuda a descubrir que todas las vocaciones eclesiales tienen su origen en la mirada compasiva de Jesús. El descubrimiento de su mirada misericordiosa tiene el poder de transformar la vida de las personas y de darle una nueva orientación a la existencia humana.

En distintos momentos, el Evangelio nos recuerda que Jesús mira a cada persona, la conoce internamente, siente compasión por ella, descubre sus necesidades más íntimas y la invita a seguirle para hacerla partícipe de su amistad, para curar sus dolencias y para regalarle la salvación eterna. Sin obligar ni forzar a nadie al seguimiento, el Señor no cesa de hablar a cada ser humano para invitarle a formar parte de su rebaño.

Después de su resurrección de entre los muertos, Jesús sigue realizando esta llamada a todos los hombres por medio de la Iglesia. Injertados en la comunidad de los hijos de Dios en virtud del bautismo, con el paso del tiempo somos invitados a seguir al Maestro con una vocación específica, venciendo así el individualismo y la indiferencia por medio del amor y del servicio.

En nuestros días son muchos los jóvenes y los adultos que, acogiendo la llamada del Señor con un corazón generoso, van dando respuestas consecuentes a las constantes llamadas del Señor. Estos hermanos, además de la oración para perseverar con gozo en el seguimiento del Maestro, necesitan también el testimonio creyente y el acompañamiento fraterno de los restantes miembros de la comunidad cristiana.

Con frecuencia nos quejamos de la disminución de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en la diócesis. Ciertamente, la indiferencia religiosa, el descenso de la natalidad, la despoblación de muchos pueblos y la progresiva secularización de la sociedad no favorecen el surgimiento de nuevas vocaciones. Pero no podemos permanecer en la queja estéril olvidando que el Espíritu Santo continúa actuando constantemente en el mundo y en el corazón de cada persona.

Teniendo en cuenta que las vocaciones surgen en el seno de familias creyentes y en el corazón de comunidades cristianas maduras en la fe, tendríamos que revisar nuestra preocupación por las mismas. En este sentido, no deberíamos olvidar nunca que, además de la oración diaria por las vocaciones, hemos de acompañar humana y espiritualmente a las familias, poniendo todos los medios a nuestro alcance para el impulso de comunidades cristianas vivas, fraternas y solidarias.

Muchos hermanos esperan descubrir la mirada compasiva de Jesús para acoger su llamada y responder a la misma. Pero no podrán hacerlo si los cristianos olvidamos que Jesús nos “mira con pasión” y quiere contar con nuestra colaboración para prolongar su misión en la Iglesia y en el mundo.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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