Santa Sede

Te Deum de acción de gracias del Papa Benedicto XVI en el final del año 2012 y comienzo de 2013

En el marco de la celebración de las primeras vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, y el tradicional canto del Te Deum por la conclusión del año civil, este 31 de diciembre 2012, en la Basílica Vaticana, el Obispo de Roma agradeció a los presentes por participar en esta liturgia de la última hora del año del Señor. 
En su homilía Su Santidad agradeció a todos por haber querido participar en esta liturgia de la última hora del año del Señor 2012. Hora que lleva en sí una particular intensidad y se vuelve, en cierto sentido, una síntesis de todas las horas del año que está por terminar.

El Te Deum que elevamos al Señor esta tarde, al final de un año solar, es un himno de acción de gracias que se abre con la alabanza – “Te alabamos, oh Dios, te proclamamos Señor” – y termina con una profesión de confianza – ” Tú eres nuestra esperanza, no quedaremos confundidos para siempre. ” Cualquiera que haya sido el camino del año, fácil o difícil, estéril o fecundo, damos gracias a Dios. El Te Deum, de hecho, contiene una profunda sabiduría, aquella sabiduría que nos hace decir que, a pesar de todo, existe el bien en el mundo, y este bien está destinado a ganar, gracias a Dios, el Dios de Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado.
Entre las noticias, se destaca más un asesinato brutal, la violencia difundida, las graves injusticias. Mientras que, por el contrario, los gestos de amor y de servicio, la fatiga diaria soportada con fidelidad y paciencia, se dejan, a menudo, en la sombra, no emergen. También por este motivo, no podemos detenernos sólo en las noticias, si queremos comprender el mundo y la vida; debemos ser capaces de detenernos en silencio, en la meditación, en la reflexión con calma y detenimiento; debemos saber detenernos para pensar.

De esta manera –dijo Benedicto XVI–, nuestro espíritu puede encontrar la curación de las heridas inevitables de la vida diaria, puede profundizar en los acontecimientos que suceden en nuestras vidas y en el mundo, y llegar a aquella sabiduría que permite evaluar las cosas con nuevos ojos.
“El cristiano es un hombre de esperanza, incluso y sobre todo ante la oscuridad, que, a menudo, existe en el mundo y que no depende del plan de Dios, sino de las decisiones equivocadas del hombre, porque sabe que el poder de la fe puede mover las montañas (cfr. Mt 17:20): el Señor puede iluminar incluso las tinieblas más profundas”.

El Pontífice también destacó que el Año de la fe, que la Iglesia está viviendo, quiere suscitar en el corazón de cada creyente una mayor conciencia de que el encuentro con Cristo es la fuente de la verdadera vida y de una esperanza sólida. Y recordó que la Iglesia, que ha recibido de su Señor la misión de evangelizar, sabe muy bien que el Evangelio está destinado a todos los hombres, en especial a las nuevas generaciones, para saciar esa sed de verdad que cada uno lleva en su corazón y que, a menudo, queda oscurecida por los numerosos quehaceres de la vida.

“Este compromiso apostólico es aún más necesario cuando la fe corre el riesgo de quedar en la sombra en contextos culturales, que obstaculizan su arraigo personal y su presencia social. También Roma es una ciudad donde la fe cristiana debe ser proclamada nuevamente y testimoniada de una manera creíble. Por un lado, el creciente número de creyentes de otras religiones, la dificultad de las comunidades parroquiales para acercar a los jóvenes, la difusión de estilos de vida marcados por el individualismo y el relativismo ético, por otro lado, la búsqueda de tantas personas de un sentido para su propia existencia y de una esperanza que no defraude, no pueden dejarnos indiferentes. Al igual que el apóstol Pablo (cfr. Rom 1,14-15) ¡cada fiel de esta Ciudad debe sentirse deudor del Evangelio hacia los demás habitantes!”

Asimismo destacó que desde hace ya varios años, la Diócesis de Roma está comprometida en acentuar la dimensión misionera de la pastoral ordinaria, para que los creyentes, sostenidos especialmente por la Eucaristía dominical, puedan llegar a ser discípulos y testimonios coherentes de Jesucristo.

“Para poder anunciar el Evangelio y permitir que aquellos que todavía no conocen a Jesús, o lo han abandonado, vuelvan a cruzar la puerta de la fe y a vivir la comunión con Dios, es imprescindible conocer en profundidad el significado de las verdades contenidas en la Profesión de fe. Entonces, el compromiso para una formación sistemática de los agentes de pastoral, que desde hace algunos años se realiza en las diferentes Prefecturas de la Diócesis de Roma, es una manera preciosa que debe ser perseguida con empeño también en el futuro, para formar a laicos que saben cómo hacerse eco del Evangelio en cada casa y en cada ambiente, incluso a través de centros de escucha que han dado tanto frutos, durante la Misión ciudadana”.

En este sentido, el Obispo de Roma dijo que los “Diálogos en la Catedral”, que desde hace años se realizan en la Basílica de San Juan de Letrán, son una experiencia especialmente apropiada para el encuentro en la Ciudad y para dialogar con aquellos que buscan a Dios y la verdad, y se plantean los grandes interrogantes de la existencia humana.

“¡Queridos amigos, la última tarde del año que está llegando a su fin y en el umbral del nuevo, alabemos al Señor! Manifestemos al “que es, el que era y el que vendrá” (Apocalipsis 1, 8) arrepentimiento y pedido de perdón por las faltas cometidas, así como sincero agradecimiento por los innumerables beneficios concedidos por la Bondad divina. En particular, agradezcamos por la gracia y la verdad que nos han llegado por medio de Jesucristo. En Él está la plenitud de todos los tiempos humanos. En Él se custodia el futuro de cada hombre. En Él se hace realidad el cumplimiento de las esperanzas de la Iglesia y del mundo. Amen”.

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