Tampoco podemos dejar solas a Siria, a Venezuela y a Tierra Santa – Editorial Revista Ecclesia
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Tampoco podemos dejar solas a Siria, a Venezuela y a Tierra Santa – Editorial Revista Ecclesia

Editorial Revista Ecclesia
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Tampoco podemos dejar solas a Siria, a Venezuela y a Tierra Santa – Editorial Revista Ecclesia

La pasada semana nuestra revista centraba su mirada singularmente en Sudán del Sur y en República Democrática del Congo. Era a propósito de la jornada convocada por el Papa Francisco de ayuno y oración por estos dos países africanos tan olvidados y masacrados y por la paz en todo el mundo. Ahora es, de nuevo, Siria el epicentro del horror, tras siete interminables e insoportables años.

En concreto, la región siria de Guta Oriental se ha convertido en el nuevo “infierno en la tierra”, como afirmó el secretario general de la ONU, el luso Antonio Guterres. Del miércoles 21 al lunes 26 de febrero, arreciaron impunemente los bombardeos, la muerte y la destrucción.  Al menos, seis centenares de personas, con unos 150 menores, según los datos del Observatorio sirio de Derechos Humanos, han perecido. El sábado 24 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución, exigiendo a todas las partes beligerantes un cese de las hostilidades durante 30 días en todo el país. Fue un nuevo papel mojado, una nueva resolución estéril, que el lunes 26 Rusia convirtió en tregua de cinco horas al día (entre 9 y las 14 horas), a partir del martes 27 de febrero, con el fin de crear y proteger pasillos humanitarios para heridos, ancianos y niños.

En medio de todo ello, el Papa Francisco clamó el domingo 25: “En estos días, mi pensamiento está dirigido a menudo hacia la amada y martirizada Siria, donde la guerra se ha intensificado, especialmente en Guta Oriental”. “Este mes de febrero –añadió- ha sido uno de los más violentos en siete años de conflicto, con cientos, miles de víctimas civiles, niños, mujeres, ancianos”. Además, “han sido atacados hospitales, la gente no tiene nada que comer”. “Todo esto es inhumano. No se puede combatir el mal con otro mal, y la guerra es un mal. Por eso, dirijo mi dolorido llamamiento para que cese inmediatamente la violencia, se permita el acceso de ayudas humanitarias -comida y medicinas- y puedan ser evacuados los heridos y los enfermos”, subrayó, para, acto seguido, instar a los fieles a rezar para que esto suceda “inmediatamente”.

Días antes, el nuncio apostólico en Siria, el cardenal Mario Zenari, como presagiando esta nueva escalada bélica, concedió una expresiva entrevista a “L`Osservatore Romano”, en la que lanzó un SOS en toda regla. Según el purpurado, junto al inmenso reguero de muertos, devastación y destrucción, la pobreza se ha apoderado del país, hasta afectar, en modo extremo y severo, al 69% de la población. “Cientos y miles de niños viven en una situación de desnutrición absoluta. La gente sobrevive cocinando restos de comida que encuentran, con hojas de árboles y hierbas. Es algo impresionante”. “Más de la mitad de los 111 hospitales públicos –añadió- y unos 1.800 centros de salud están fuera de servicio”, ya que, junto a la destrucción de los edificios y de sus dotaciones necesarias, “dos tercios del personal médico y sanitario se han ido del país”. “Los datos contrastados nos dicen que ya mueren más personas por falta de atención hospitalaria y medicamentos, especialmente ancianos y niños, que por ataques de bombas y artillería”. Y “la ayuda humanitaria llega con cuentagotas”, cuando llega…

Venezuela, ¡ay la querida y hermana Venezuela! ¡Qué dolor, qué injusticia, qué barbaridad la que se está cometiendo, desde dentro, desde el mismo poder, desde el chavismo y su estertor madurista, contra el país más rico del mundo en biodeversidad y uno de los mejores dotados de óptimas condiciones para ser una próspera nación. No dejen nuestros lectores de leer la amplia entrevista que publicamos en las páginas 19 a 23 con el cardenal venezolano Baltasar Porras. “La pobreza devora a Venezuela”, afirma textualmente el purpurado, tal y como reza la portada de hoy de ecclesia y como glosamos en la página 3.

Entretanto, tampoco podía faltar Tierra Santa. Ahora a causa del cierre de la basílica del Santo Sepulcro (ver página 36). ¿Razón?: la sinrazón de la usura, la prepotencia, la ceguera suicida y belicista y el fundamentalismo excluyente, envalentonado y engreído de las autoridades civiles israelíes.

Y es que tantas veces -por no decir casi siempre…- nuestro mapamundi parece un auténtico “mapahorroris”. Sin que, además, se haga lo suficiente por evitarlo y solucionarlo. ¿Seguirá la comunidad internacional mirando hacia otro lado? ¿Seguiremos los demás indiferentes ante todo esto?

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