Al abrir la puerta

Sursum Corda

Hay quien sostiene que las casualidades no existen propiamente hablando, que todo obedece a una causalidad de la que quizás en todo caso no conocemos su origen, y que, al encontrarnos sus consecuencias desconectadas de sus causas en nuestra ignorancia, pero relacionándolo con nuestra propia situación, nos parece casualidad.

Así me encuentro yo con tres concretas columnas en estos últimos días –dos de hermanos míos escritas ambas en dominicos.org, la de fray Martin Gelabert en su Nihil Obstat sobre “el demonio meridiano” y la de fray Sixto Castro en su Bitácora Veritas sobre la “erectio animi”, junto a la de Esperanza Ruiz en El Debate de Hoy sobre cómo afrontar la vuelta en estas circunstancias- y con algunos tuits por ahí ( de Enrique García-Máiquez, de Toni Gallemí, de Mario Crespo) que hablan justamente de lo que yo mismo quería contarles: la necesidad de levantar el ánimo, encender el corazón, no dejarse llevar por la acedia, y rearmarse ante las contrariedades, hacer frente al cansancio, el malhumor, la desidia, la desazón, la desesperanza y la falta de confianza.

¿Qué herramientas necesitamos para ese sursum corda –levantemos el corazón- que en el prefacio de cada eucaristía se nos recuerda que es necesario para encontrarse con el Señor? ¿cómo pelear contra el miedo, el agotamiento, la tristeza, la tentación de abandonar/se?

Santo Tomás en su cuestión 38 de la I-II de su Suma, lanza cinco ideas que pueden ayudarnos y que el profesor Quintana Paz en The Objective comenta con perspicacia: hacer algo que nos guste; dejarse llorar; contarle a los amigos cómo nos sentimos y qué nos pasa; darse un baño y dormir o tomar una copa de vino; y buscar la verdad…

Si las cuatro primeras tienen que ver con la psique y el cuerpo, la quinta abre a esa importancia de mirar las cosas con más objetividad que nuestra propia subjetividad agobiada, y que nos hará captar que el mundo es mayor que nuestras penas, que nos mueve a abrir el foco y reconocer que hay más realidad en el mundo que uno mismo…

No sé si es enmendar la plana al Aquinate –yo diría que no- pero me atrevo a aunar a esas cinco una vía que tiene que ver con el humor, aunque quizás no es tal suma, sino una distinción procedimental dentro de la quinta. El caso es que para abrir el foco y buscar la verdad de las cosas, para salir un tanto de uno mismo, necesitamos el humor sano y limpio de un corazón abierto, una mirada positiva, bienintencionada sobre las cosas, una mirada de ternura y amable, capaz de reírse incluso de uno mismo, que no se tome todo a la tremenda –aunque no deje de valorar la seriedad de las cosas- y que pueda captar la bondad, la belleza y la verdad más allá del sufrimiento que tanto se da en nuestro mundo, que pueda reactivar la capacidad de perdón, y que mire al mundo con amor.

También sé que el ser humano es un homo viator, es decir, que está en camino, en movimiento, siempre dinámico, y que necesita sus procesos, sus tiempos, sus espacios. Quizás antes de poder rearmarse y ser capaz de mirar con humor y amor, necesitemos la distancia y la serenidad del ánimo que permita buscar la verdad y volver a mirar en positivo.

Vicente Niño Orti.
@vicenior

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