Por supuesto que no a la discriminación por orientación sexual, pero no así – editorial Ecclesia
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Por supuesto que no a la discriminación por orientación sexual, pero no así – editorial Ecclesia

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Por supuesto que no a la discriminación por orientación sexual, pero no así – editorial Ecclesia

Ya hace tres meses (ecclesia, número 3.912-13, página 5), esta misma página Editorial reflexionó sobre una proposición de ley en el Congreso de los Diputados de España, presentada por el grupo parlamentario confederal de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea. El farragoso título de la iniciativa parlamentaria –recordémoslo- es «Proposición de ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales, y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales» (LGTBI).

El tema fue abordado, entonces, cuando escribimos al aquel comentario Editorial, en la Asamblea Plenaria de la CEE, del pasado mes de noviembre.  Y ahora, como aconteciera en sus reuniones de finales de junio de septiembre también de 2017, la Comisión Permanente, de la que informamos ampliamente en nuestras páginas de España, ha vuelto a intentar iluminar, no solo desde la fe, sino también desde la razón y desde la legalidad vigente, en relación con ella.

Y ha sido, sobre todo, en la rueda de prensa tras la Permanente de los días 27 y 28 de febrero, donde se ha vuelto a explicitar la posición de la Iglesia al respecto. Esta posición se basa en dos principios fundamentales. El primero es la exigencia de protección absoluta y de no discriminación en modo alguno del colectivo LGTBI. Y el segundo, con palabras textuales del secretario general de la CEE, que esta, que la actual propuesta de Podemos, «no es el camino».

¿Y por qué no es el camino? Más allá de la que gran parte de los enunciados de la proposición de ley, se hallan en las antípodas de la antropología cristiana, de ser aprobada como ahora está redacta,  la eventual ley consagraría lo que el secretario general de la CEE calificó como «un self-service antropológico» y se instalaría en el más absoluto relativismo moral e ideológico, expuesto a tantos cambios de pareceres como cada uno pueda elegir y determinar en cada momento. Por ello, el portavoz de episcopado español recordó y subrayó que  «se es hombre o mujer» y que  una supuesta «pluralidad hecha de diseño perturba la vida social y desdibuja lo que es la ecología humana».

Pero más aún, de seguir adelante esta proposición «supondrá –es, de nuevo, Gil Tamayo quien habla- un daño importante a la vida democrática», ya que, tal como está redactada, la normativa propuesta «infringe una serie de principios» consagrados en la Constitución como «el derecho a la libre expresión o la libertad educativa».

Entre esos elementos contrarios a la Carta Magna, el secretario-portavoz de la CEE mencionó la creación de una «Agencia Estatal contra la discriminación por orientación sexual», que será la responsable de perseguir y sancionar a los infrinjan esta ley. También obliga a las cadenas de televisión a emitir contenidos LGTBI, en sus programaciones, y que los centros escolares públicos, concertados y privados incluyan la diversidad sexual, de género y familiar entre las asignaturas. Además, la proposición de ley contempla la posibilidad de multar a las instituciones y personas que no cumplen –o supuestamente no cumplan- estas disposiciones. Multas que, Podemos cuantificó, en principio, en unos doce mil euros y ahora estudia su supresión, mientras que dirigentes del PSOE han hablado de elevarlas hasta ¡500.000 euros!…

Así las cosas, por su apología a la ideología de género pura y dura, por sus perfiles fundamentalistas y excluyentes y por las posibles derivadas de conculcación de derechos fundamentales, el camino actual de la proposición de ley sobre el citado colectivo debe ser corregido, ya que conlleva, de forma clarísima, «elementos anticonstitucionales» -insistió Gil Tamayo- como sustantivas mermas de derechos y libertades (religiosa, ideológica, de expresión, de prensa, de cátedra,..).

Si esta proposición y sus contenidos totalitarios y de pensamiento único, trufados, además, como ya quedó sugerido, de una inaceptable ideología de género extrema y militante, llegaran un día, tal como ahora son presentados, a ser ley, se podría instaurar una verdadera censura, una asfixia de la libertad y un notable retroceso –insistimos- en los verdaderos derechos democráticos.

Por supuesto, que es evidente, necesario y apremiante que todos los colectivos humanos sean protegidos. Pero no se puede proteger a uno de ellos a costa de los derechos de todos los demás.

Asimismo, esta proposición de ley, a día de hoy, cae en la tentación, denunciada por el Papa Francisco en la Amoris laetitia, «de pretender sustituir al Creador».

 

 

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