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Sucesión en España al servicio de la concordia – editorial Ecclesia

Editorial Revista Ecclesia
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Sucesión en España al servicio de la concordia – editorial Ecclesia

¿Cómo valorar desde la Iglesia la sucesión, el relevo en la Corona, en la Jefatura del Estado de España? ¿Qué luz aporta la Doctrina Social de la Iglesia al respecto? ¿Este tema está abierto o está “vetado” al planteamiento eclesial, a la conciencia católica?

 

La Iglesia católica aboga por la separación entre la Iglesia y el Estado. Quiere una relación de independencia o autonomía y promueve asimismo la cooperación y el servicio. Igualmente, la Iglesia, como el mismo Evangelio pide y San Pablo concreta, sabe distinguir, de un lado, lo que es del César y lo que es de Dios y, de otro lado, reza por sus legítimas autoridades. Esta es la visión de conjunto que, sobre todo, a partir del Concilio Vaticano II, la Iglesia propone y defiende.

 

También la Constitución española de 1978 estipula, en su artículo 16, que España es un Estado aconfesional, laico, no laicista, con una visión positiva de las creencias religiosas y del hecho religioso. El Estado español reconoce y garantiza el derecho fundamental a la libertad religiosa y promueve la cooperación con las religiones, con mención expresa, con obvias razones históricas, sociales y culturales, con la Iglesia católica. Y otras confesiones religiosas en España –protestantismo, judaísmo, islamismo,…– tienen asimismo firmados con el Estado convenios de colaboración.

 

Precisamente esta configuración en las relaciones Iglesia-Estado fue también la deseada por la Iglesia católica de España durante los años de la Transición. Con ella, tanto la Iglesia como el Estado, buscaron, además, hacer desaparecer los espectros de la tristemente célebre “cuestión religiosa”, que tantos efectos negativos trajo a España en los años de la II República, Guerra Civil y primera postguerra.

 

La Iglesia, pues, no es ningún agente o actor político y menos aún partidista. Ni lo es, ni quiere, ni debe serlo. La Iglesia, eso sí, busca el bien común y coopera con las instituciones de los Estado en pro del bienestar, del progreso, los derechos fundamentales, la justicia social, la concordia. La Iglesia, sí, está en medio de la sociedad. Forma parte de ella. Y su misión es servir a la evangelización, a los evangelizadores, a los evangelizados y a los evangelizandos. Y al estar en medio y entre la sociedad, también ha de iluminar las distintas coyunturas que afectan a las personas, que como los miembros de ella, de la Iglesia, integran esa sociedad.

 

Desde todas estas claves,  la Iglesia respeta, valora,  saluda y ora por sus  autoridades, y así lo hará ahora por la persona y figura del nuevo Rey de España, Felipe VI. E igualmente desde estos parámetros de legalidad democrática, de legitimidad constitucional y de serena objetividad, no podemos por menos que expresar nuestro reconocimiento y gratitud hacia don Juan Carlos I, cuyos cerca de 39 años de reinado han sido quizás el periodo, visto en su conjunto, más próspero de toda la historia de España. Él quiso ser el Rey de todos los españoles, el Rey de la concordia, y a la hora de trazar el balance correspondiente y presuroso –ya el tiempo y la historia completarán este balance- las luces prevalecen, con mucho, en relación a las sombras.

 

Por otro lado, en este momento de la sociedad española, el debate, en fidelidad, además, con todos los planteamientos anteriores, no deberían polarizarse y menos aún generar polémica acerca de si el jueves 19 de junio, tras el acto solemne en las Cortes de la proclamación del nuevo Jefe de Estado, en concreto del nuevo Rey, hay o no una misa de acción de gracias, como sí la hubo el 22 de noviembre de 1975, tras la proclamación de su antecesor.

 

Como declaró a TVE el secretario general de la CEE, José María Gil Tamayo,”en la España del siglo XXI, el concepto es distinto que en la coronación del Rey Juan Carlos, cuando era todavía un Estado confesional y no se había aprobado la Constitución”. Es un ejercicio de “normalidad” y de libertad. Ello  tampoco excluye la continuidad, con Felipe VI, de la tradición católica de la monarquía española y de que alguna celebración religiosa, en el ámbito que corresponda,  pueda tener lugar en algún momento.”La Casa Real tendrá manifestaciones coherentes con esta tradición”, auguró el secretario general de la CEE, quien expresó también su creencia, su convencimiento, en las “convicciones cristianas” del inminente Rey y una próxima y cercana  visita suya al Papa Francisco en el Vaticano.

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