Cartas de los obispos Última hora

Soñar, trabajar e invertir en futuro

«El que escucha mis palabras y las pone en práctica, se parece a un hombre sensato, que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y se abatieron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. Pero el que escucha mis palabras y no las pone en práctica, se parece a un hombre necio, que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y se abatieron contra la casa; que se hundió, y su ruina fue grande» (Mt 7, 24-28)

Queridos diocesanos,

Querríamos edificar sobre roca, sobre el amor fiel del Señor. En medio de este verano tan extraño, quiero saludaros con todo mi afecto haciéndome eco de algunas indicaciones de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española –en sesión celebrada el 6 y 7 de julio– con algunas concreciones para nuestra Diócesis.

1.- VOLVER A LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO DE MANERA PRESENCIAL.

Próximamente suspenderé el decreto de la dispensa del precepto de la Eucaristía dominical. Con todas las medidas de seguridad y con todas las excepciones personales posibles, recomiendo vivamente la vuelta a la Eucaristía de los domingos cuidando el aforo y las medidas sanitarias. Toda la prudencia es poca por la realidad dolorosa de los rebrotes en todo el mundo. Y como comunidad cristiana tenemos que ser ejemplares en el cumplimiento de la pautas de salud pública. No podemos relajarnos en nuestras responsabilidades.

Así se expresaba la Comisión Permanente de los Obispos: «Finalizado el Estado de Alarma y modificadas las circunstancias, conviene animar al pueblo de Dios a  la celebración presencial de la Eucaristía, especialmente el Domingo, con las prudentes medidas de prevención de contagios. Por ello, la Comisión Permanente de la CEE recomienda a los Obispos, teniendo en cuenta las circunstancias de sus Diócesis, proponer el criterio habitual de la Iglesia respecto a la participación de los fieles en la Misa dominical recogido en el Catecismo de la Iglesia Católica (2180-2183). Este nuevo impulso, prudente por la pandemia que permanece entre nosotros, ha de recordar la llamada a todo fiel católico a participar, de manera presencial, en la celebración común de la Eucaristía dominical como testimonio de pertenencia y fidelidad a Cristo y a su Iglesia».

Nuestra vida cristiana y nuestro seguimiento a Jesús de Nazaret se debilitan sin la Eucaristía vinculante del domingo. Bien sabemos de dónde brotan nuestras fuerzas. La fe no es sólo una realidad intelectual o sentimental sino vital. Podrán posponerse campamentos, actividades de tiempo libre y congresos, pero como los mártires de Alluta en el siglo III, decimos: «Los cristianos no podemos vivir sin la Eucaristía».

Querríamos edificar sobre roca. Nuestras comunidades, nuestra juventud, nuestras familias, no tienen identidad cristiana si no viven de la Eucaristía dominical con todo lo que la Eucaristía supone: Comunidad, Palabra, Conversión, Adoración, Alimento, Misión y Envío. A partir de ahí va floreciendo la vida en nuestras parroquias y comunidades, amenazadas aún por la pandemia.

2.- EL 25 DE JULIO SERÁ LA EUCARISTÍA DIOCESANA POR TODAS LAS PERSONAS FALLECIDAS EN LA PANDEMIA. 

En nuestra Diócesis se celebrará el próximo sábado 25 de julio a las 12:30h en la Catedral María Inmaculada la Eucaristía diocesana por todas las personas fallecidas en la pandemia, la cual será retransmitida en directo por internet parque todos puedan seguirla desde sus casas. Con todas las medidas sanitarias en vigor, la Catedral cerrará sus puertas en cuanto se cubra el aforo permitido. Es importante saber que una vez el aforo esté completo, nadie más, ni familiares de personas fallecidas por la Covid-19, podrá acceder al interior del templo. Es una realidad dolorosa que puede darse, porque la salud es sagrada y no se pueden correr riesgos. Por ello será retransmitida por los canales diocesanos en Facebook y Youtube y todas las Eucaristías del 25 y 26 de julio en la Diócesis se ofrecerán, igualmente, por los difuntos en la pandemia. Los pastores harán especial hincapié y con especial afecto en todas las celebraciones del fin de semana. Así podrá participar toda la Diócesis en la misma intención y sin problemas de aforo. 

Agradezco de todo corazón a todos los sacerdotes –la mayoría mayores y personas de riesgo– el cuidado constante de las comunidades, en este tiempo difícil, que nos obliga a ser todoterrenos. Su acompañamiento a tantas personas, en duelos tan dolorosos y traumáticos, es fundamental. ¡Gracias en nombre de toda la Diócesis por estar ahí!

La Comisión Permanente de la CEE se expresaba así: «Desde el pasado mes de marzo que se decretó el Estado de Alarma en nuestro país, por motivo de la pandemia de la Covid-19, hemos podido contemplar cómo los más afectados por este virus han sido los mayores, falleciendo un gran número de ellos en residencias, hospitales y en sus propios domicilios. También, nuestros mayores, debido a las circunstancias tan excepcionales, son los que más han sufrido el drama de la soledad, de la distancia de sus seres queridos. Pero no basta contemplar el pasado, aunque haya sido en ciertos momentos muy doloroso, hemos de pensar en el futuro. No deberíamos olvidar nunca aquellas palabras del Papa Francisco en las que afirmaba que una sociedad que abandona a sus mayores y prescinde de su sabiduría es una sociedad enferma y sin futuro, porque le falta la memoria. Allí donde no hay respeto, reconocimiento y honor para los mayores, no puede haber futuro para los jóvenes, por eso hay que evitar que se produzca una ruptura generacional entre niños, jóvenes y mayores».

3.- LAS PERSONAS VULNERABLES EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA DE VITORIA.

La pandemia, y en concreto durante el confinamiento, nos ha abierto los ojos. Nos ha hecho pasar del hacer al ser. Nos ha planteado el sentido de la vida y ha reordenado por un momento nuestras prioridades. Ha puesto en el corazón de la Iglesia lo que es el corazón del Evangelio: los pobres y las personas vulnerables. Quiero resaltar dos colectivos que encarnan esta vulnerabilidad: los ancianos y el conjunto de migrantes, refugiados y personas que viven bajo el umbral de la pobreza. La Iglesia los arropa, acompaña y sirve en sus comunidades. Creemos que eso es edificar sobre roca.

La Comisión Permanente de la CEE nos lo recuerda: «Conscientes de ese papel irremplazable de los ancianos, la Iglesia se convierte en un lugar donde las generaciones están llamadas a compartir el plan de amor de Dios, en una relación de intercambio mutuo de los dones del Espíritu Santo. Este intercambio  intergeneracional nos obliga a cambiar nuestra mirada hacia las personas mayores, a aprender a mirar el futuro junto con ellos. Los ancianos no son sólo el pasado, sino también el presente y el mañana de la Iglesia».

Migrantes, refugiados y personas bajo el umbral de la pobreza han vivido un confinamiento en condiciones muy duras. Los más frágiles son los más golpeados por la pandemia. La Iglesia reclama un acuerdo de reconstrucción social para que nadie quede descartado. La crisis económica y social en la que ya estamos inmersos requiere la colaboración firme de todos los miembros de la comunidad cristiana, cada uno según sus posibilidades. No es momento de mirar a otro lado. Mis responsabilidades en la CEE en la Subcomisión de Migraciones y Movilidad Humana, recientemente reestructurada, pone ante mí y ante toda la Diócesis esta realidad terrible. 

El Papa en su mensaje para la Jornada del 27 de septiembre dice: «Los miedos y los prejuicios –tantos prejuicios–, nos hacen mantener las distancias con otras personas y a menudo nos impiden “acercarnos como prójimos” y servirles con amor. Acercarse al prójimo significa, a menudo, estar dispuestos a correr riesgos, como nos han enseñado tantos médicos y personal sanitario en los últimos meses».

La pandemia nos ha recordado lo esencial que es la corresponsabilidad y que sólo con la colaboración de todos –incluso de las categorías a menudo subestimadas– es posible encarar la crisis. Debemos «motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad» (Meditación en la Plaza de San Pedro, 27 marzo). Las propuestas de las delegaciones y servicios de Mayores, Salud, Migraciones, Cáritas, Misiones, Secretariado Social y Pastoral Penitenciaria son apuestas de futuro.

4.- LA IGLESIA DE VITORIA APUESTA POR EL FUTURO.

Mi experiencia del confinamiento –de fondo, el amor fiel del Señor– me ha movido a entregar a Dios y a los hermanos, a la comunidad diocesana, todo mi afecto y todas mis energías. Pero no como antes de la pandemia exactamente. Siento que han variado algo mis prioridades. Que tienen que concentrarse aunando sinergias de mucha gente que trabaja con ilusión. Me siento movido a trabajar serena y decididamente para el futuro. Me alegré mucho en los Consejos Diocesanos de Presbiterio y de Pastoral, celebrados recientemente, al comprobar que la mayor parte de los miembros eran del mismo parecer. Hay realidades que nos mantenían perpetuamente ocupados en una pastoral de mantenimiento y que han caído con la pandemia. En cambio otras realidades emergentes se han revelado como opciones de futuro.

En los nombramientos diocesanos, también este año con el debido asesoramiento, he tratado de apostar decididamente por este futuro apostando por personas que trabajan con pasión. Estos nuevos equipos pastorales obedecen a proyectos de futuro esperanzadores. Necesitamos aunar esfuerzos en proyectos diocesanos vitales en los que todos podamos aportar algo, sin debilitarnos por nuestras legítimas diferencias.

Me encanta la imagen de Eneas saliendo de Troya con su padre a la espalda y el hijo de la mano. Es un símil de la vida. Cuidando la tradición heredada nos urge encontrar caminos de futuro: el hijo de la mano. Creo que los mejor cuidados de la comunidad cristiana son nuestros mayores, pero a veces llevan un peso desproporcionado en nuestras familias y parroquias. ¿No es el momento de rejuvenecer nuestras parroquias en sus agentes pastorales y responsabilidades? ¿Van a seguir soportando personas de riesgo la mayor parte de los trabajos de nuestras comunidades? Que ellos elijan libremente, pero que tengan voluntarios a los que puedan pasar el testigo.

Nuestros mayores habitualmente viven la vida vocacionalmente: para una misión, para personas concretas, con una aportación específica que ha ido cambiando en la vida y con un deseo de encontrar relevo y sembrar permanencia. La Diócesis quiere orientarse vocacionalmente toda entera. Quiere caminar en clave vocacional para dar respuestas de futuro. Quiere abrir caminos vocacionales a nuestros jóvenes. Es necesario recordar la importancia del ministerio sacerdotal, de la vida consagrada y de la familias, fomentando a la vez la oración insistente por estas vocaciones. Su promoción ha sido siempre una tarea necesaria, pero hoy es un deber urgente. Hemos de lograr entre todos una “cultura vocacional”, como nos recuerda el Papa Francisco, que sepa contar la belleza de estar enamorados de Dios y sea “capaz de leer con coraje la realidad tal como es, con sus fatigas y resistencias”, reconociendo también que “la prioridad de la pastoral vocacional debe ser no la eficiencia, sino la atención al discernimiento” (5 de enero de 2017). Gente enamorada y apasionada viviendo la familia, el sacerdocio o la consagración religiosa, es la mejor pastoral vocacional.

El Encuentro vocacional de la Diócesis de Vitoria en Lourdes, del 10 al 14 de agosto, obedece a este deseo. Nuestros jóvenes necesitan una pastoral explícita de seguimiento a Jesús de Nazaret en la familia, en la vida consagrada o en el sacerdocio. Hago un llamamiento a padres, sacerdotes, religiosas, consagrados, catequistas, profesores y agentes de pastoral, para que hagáis llegar a los jóvenes que os rodean esta convocatoria y esta propuesta transversal de futuro. Los adultos y jóvenes que entran este curso en nuestros Seminarios son, sin duda, fruto de la oración vocacional de toda la Diócesis.

Es una prioridad iniciar en la experiencia de Dios a los niños, los grandes “olvidados” en la pandemia. Es una prioridad el acompañamiento sacramental y personal a nuestros adolescentes y jóvenes. Es una prioridad la pastoral familiar en todas nuestras comunidades. Es una prioridad la transmisión de la fe. Es el futuro. No esperéis a principio de curso para conocer las propuestas de las delegaciones y servicios de Comunicación, Laicado, Familia, Educación, Jóvenes y Universitarios, Vocacional, Catequesis, Animación Bíblica, Liturgia, Patrimonio y Peregrinaciones. Necesitan la colaboración de todos ya.

A la Virgen de Estíbaliz, patrona de la Diócesis, encomendamos las claves que ha ido brindando el Papa para edificar sobre roca en este tiempo nuevo: rehuir la autosuficiencia y el orgullo, apostar por la solidaridad y la cultura del encuentro, conversión personal y pastoral, una vida familiar y eclesial más sencilla y austera y una vuelta a las raíces de nuestros mayores y de nuestra vida. La línea 1 que estamos trabajando en el Plan Diocesano de Evangelización, la Diócesis, creadora de comunidad, puede recoger estas pistas.

Jainko Aita Maria aukeratu zuen bere Semea, gizon eginik mundura ekarri zezan. Maria dugu fededunen artean eredurik egokiena: fede handiko andrea, Jainkoarekin oso-osorik fidatu zena, Jaunaren esana modu bizian sinistu zuena. Andre Maria gidari eta bide erakusle datorkigu Jesusen jarraitzaile egin gaitezen.

Me encomiendo a la oración de nuestros enfermos, tesoro de la Diócesis, y reitero mi afecto y mi disponibilidad para todos. Mi bendición,

 

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

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