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«Somos parte de la solución»: sobre la diversidad cultural y la biodiversidad en el magisterio de Francisco
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«Somos parte de la solución»: sobre la diversidad cultural y la biodiversidad en el magisterio de Francisco

Este año el domingo de Pentecostés (23 de mayo) coincidió en la misma semana en la que las Naciones Unidas conmemoraban el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo (20 de mayo) y el Día Internacional de la Diversidad Biológica (22 de mayo). No quiero dejar pasar estos días… Con la llegada del Espíritu Santo, los discípulos de Jesús se pusieron a hablar en una diversidad de lenguas extranjeras. Quienes escuchaban eran «partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y los distritos de Libia junto a Cirene, romanos residentes, judíos y prosélitos, cretenses y árabes; y todos oían contar las maravillas de Dios, cada cual en su propia lengua» (Hch 2, 9-11).

La diversidad cultural en Fratelli tutti

La encíclica Fratelli tutti, publicada por el Santo Padre en octubre de 2020, está dedicada a la fraternidad universal. En ella encontramos algunas reflexiones sugerentes en torno a la importancia de la diversidad humana para lograr una verdadera amistad social y un auténtico desarrollo digno de tal nombre.

Parte de una convicción que podemos llamar antropológica. «Mirándose a sí mismo con el punto de referencia del otro, de lo diverso, cada uno puede reconocer mejor las peculiaridades de su persona y de su cultura: sus riquezas, sus posibilidades y sus límites. La experiencia que se realiza en un lugar debe ser desarrollada “en contraste” y “en sintonía” con las experiencias de otros que viven en contextos culturales diferentes» (n. 147). Dicho de otro modo: las personas nos humanizamos en relación con los demás y nos enriquecemos a través de la diversidad cultural.

Esta convicción se transforma en un sueño que es, a la vez, un desafío. «El futuro no es monocromático, sino que es posible si nos animamos a mirarlo en la variedad y en la diversidad de lo que cada uno puede aportar. Cuánto necesita aprender nuestra familia humana a vivir juntos en armonía y paz sin necesidad de que tengamos que ser todos igualitos» (n. 100). En otras ocasiones, el Obispo de Roma se ha referido a la metáfora del poliedro, «que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad», en contraste con el modelo de la esfera, «donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros» (Evangelii Gaudium 236).

Sabemos, sin embargo, que hoy en día «se advierte la dificultad para pensar un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas» (FT 155). Ante ello, debemos apostar siempre por el diálogo: «Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación» (FT 199). Esta cultura del diálogo y del encuentro apunta al bien común. «Un pacto social realista e inclusivo debe ser también un “pacto cultural”, que respete y asuma las diversas cosmovisiones, culturas o estilos de vida que coexisten en la sociedad» (FT 219). En este contexto, hay que recordar, concretamente, que «ningún cambio auténtico, profundo y estable es posible si no se realiza a partir de las diversas culturas, principalmente de los pobres. Un pacto cultural supone renunciar a entender la identidad de un lugar de manera monolítica, y exige respetar la diversidad ofreciéndole caminos de promoción y de integración social» (FT 220).

La biodiversidad en Laudato sí

Por su parte, la encíclica Laudato sí, publicada precisamente el Día de Pentecostés de 2015, dedica toda una sección a la pérdida de la biodiversidad (nn. 32-42), seguida de otro apartado sobre el deterioro de la calidad de la vida humana y la degradación social (nn. 43-47). Brevemente, señalo una constatación, una valoración y una tarea que aparecen en la encíclica.

La constatación es que «la pérdida de selvas y bosques implica al mismo tiempo la pérdida de especies que podrían significar en el futuro recursos sumamente importantes, no solo para la alimentación, sino también para la curación de enfermedades y para múltiples servicios. Las diversas especies contienen genes que pueden ser recursos claves para resolver en el futuro alguna necesidad humana o para regular algún problema ambiental» (n. 32).

Por otro lado, «el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social» (n. 48).

La valoración se puede formular de este modo: «La desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser tan dañina como la alteración de los ecosistemas» (n. 145). Y también: «El cuidado de los ecosistemas supone una mirada que vaya más allá de lo inmediato, porque cuando solo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su preservación. Pero el costo de los daños que se ocasionan por el descuido egoísta es muchísimo más alto que el beneficio económico que se pueda obtener» (n. 36).

La tarea brota de esta valoración: «Porque todas las criaturas están conectadas, cada una debe ser valorada con afecto y admiración, y todos los seres nos necesitamos unos a otros. Cada territorio tiene una responsabilidad en el cuidado de esta familia, por lo cual debería hacer un cuidadoso inventario de las especies que alberga en orden a desarrollar programas y estrategias de protección, cuidando con especial preocupación a las especies en vías de extinción» (n. 42).

Somos parte de la solución

El lema del Día Internacional de la Diversidad Biológica de este año 2021 fue «Somos parte de la solución». Viene bien recordar, una vez más, las palabras del Papa Francisco: «Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no solo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van desde la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas» (LS 63). Por contraste, «una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo» (LS 230). Gestos que permiten cuidar la vida en todas sus formas, con su diversidad biológica y su diversidad cultural. Este el camino que se abre ante nosotros y que podemos recorrer juntos de modo que nadie quede rezagado.

 

Fernando Chica ArellanoObservador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA



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