Cartas de los obispos Última hora

Somos lo que tú nos ayudas a ser

Queridos diocesanos:

Hay mensajes que no calan fácilmente, sobre todo cuando se viene de concepciones distintas muy arraigadas durante mucho tiempo. Sin embargo, cuando llegan a convertirse en una convicción e incluso en un lema de vida, prenden con una fuerza tal que nos cambia nuestra visión de la realidad y nos modifica nuestros hábitos.

Este cambio se está produciendo en muchos católicos a medida que toman conciencia de lo que vamos escuchando y viviendo en estos últimos años en torno a la celebración del Día de la Iglesia Diocesana: «Somos una gran familia contigo». Muchos, al decir Iglesia, nunca pensaban en sí mismos. En ese grave error teológico y pedagógico han crecido muchos bautizados y, quizá por eso, a algunos les cueste tanto sentirse miembros corresponsables de esa gran familia. No obstante, hay que decir que siempre, con una concepción o con otra, la inmensa mayoría nunca han dejado de sentir que cuando la Iglesia les necesitaba, en lo que fuera, allí estaban ellos para cooperar, en ocasiones incluso heroicamente.

Lo correcto es que todos tomemos conciencia de lo que nos recuerda este año el cartel del Día de la Iglesia Diocesana: «Somos lo que tú nos ayudas a ser». Contigo somos Iglesia, con tu cooperación realiza la Iglesia su misión en el mundo. La pregunta, tu pregunta, es entonces: ¿Cómo puedo ayudar a ser Iglesia? La respuesta nos la dan este año en el cartel: «con tu tiempo, con tus cualidades, con tu apoyo económico y con tu oración». Naturalmente, a esos modos de cooperación hay que darle concreción; sólo se puede ser Iglesia cuando, con nosotros, su presencia y su servicio se hace realidad en la vida diaria de la comunidad cristiana a la que pertenecemos.

La ayuda a la Iglesia puede llegar de cualquiera que la valore y que confíe en lo que hace; no obstante, siempre será mejor ayudarla desde dentro, desde una participación activa en su vida, desde una experiencia compartida en unas comunidades cristianas, en las que vivamos juntos el camino de nuestra fe en todas sus manifestaciones como discípulos misioneros. Para todos aquellos que se sienten enriquecidos por los bienes que la Iglesia nos ofrece por el ministerio y el servicio es una exigencia prioritaria ayudarla. Solo desde dentro y sintiéndonos como uno más comprenderemos lo que somos, lo que hacemos, por qué lo hacemos, a quien se lo ofrecemos y en nombre de quien estamos disponibles para los demás.

Nuestra ayuda a la Iglesia se canaliza habitualmente en nuestras parroquias y en nuestra Iglesia Diocesana, en nuestra Diócesis de Jaén. Por eso, cuando penséis en Iglesia no alarguéis demasiado vuestra mirada, en principio miremos a nuestro alrededor, miremos a nuestra Iglesia local, miremos a nuestro programa de pastoral, miremos a cuanto hacemos en el entorno de la vida cristiana, que de tantas maneras se manifiesta en esta tierra del Santo Reino.

Solo si miramos con actitudes de amor y servicio a nuestra Iglesia local, soñaremos con generosidad con esa Iglesia universal con la que estamos en comunión y que, con  una maravillosa ejemplaridad, siguen manteniendo activo el mandato misionero de Jesús: «Id al mundo entero y predicad el Evangelio…»

Queridos diocesanos, sed generosos, sentíos Iglesia en Jaén, amad a la Iglesia que camina en nuestra tierra ayudad con generosidad al sostenimiento de una vida cristiana misionera, orante y servidora de los pobres, esa que todos hacemos realidad en las 200 comunidades cristianas que viven entre un mar de olivos.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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