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Solo el 29% de las bodas en España son católicas; urge implementar la Amoris laetitia – editorial Ecclesia

Solo el 29% de las bodas en España son católicas; urge implementar la Amoris laetitia – editorial Ecclesia

Los datos acaba de hacerlos públicos el Instituto Nacional de Estadísticas. No pueden ser más demoledores y preocupantes. Un exiguo 29,6% (tan solo 50.031)  de los matrimonios celebrados en España en 2015  (en total, hubo 165.172) fueron católicos y el resto (115.141, el 61,4%), civiles. Se trata de bodas, sin computar, pues, las uniones civiles de hecho o de derecho. En 2001, un 73,1% de las bodas eran católicas, de modo que la caída experimentada en esta década y media es de un 43,5%. A partir de 2005, empezó, de manera imparable, el crecimiento significativo de las bodas civiles, que ahora arroja los resultados citados.

En 2015, el último año registrado en su totalidad, el número total de matrimonios creció en cinco comunidades autónomas y en las ciudades autónomas. Ceuta (24,6%) y Melilla (23,4%) y La Rioja (4,4%) registraron los mayores incrementos mientras Galicia (–14,7%), Navarra (–12,7%) y Madrid (–10%) vieron las mayores caídas.

Por otro lado, el Movimiento Natural de la Población del INE recoge, asimismo, datos provisionales del primer semestre de 2016, período en el que se registraron 68.560 matrimonios, un 2,7% menos que en el mismo periodo de 2015 y la cifra más baja desde al menos 2011. Un 2,9% de ellos correspondieron a parejas del mismo sexo (1.961).

¿Qué decir, qué pensar, qué hacer ante estas cifras, máxime teniendo en cuenta, además, que no menos de 60.000 parejas conviven establemente en España sin que se hayan constituido en matrimonio? En primer lugar, se impone el realismo, la aceptación de los datos y su asunción en aras a buscar caminos de solución.  Nada de paños calientes o excusas y menos aún subterfugios autocomplacientes: los datos hablan con una contundencia que sería suicida desde la Iglesia no dejarnos interpelar por ellos. La crisis del modelo de matrimonio y de familia —más aún con señas de identidad y formalidad católica— es evidente.

Y sin que sea una varita mágica (expresamente renunciar a serlo), ante este desafío, surge como un horizonte de aplicación concreta para nuestra Iglesia la brújula de la exhortación apostólica del Papa Francisco Amoris laetitia. En nuestra página 9 de hoy, ofrecemos una amplia información de una reciente publicación al respecto del cardenal Fernando Sebastián. Y es que precisamente la Amoris laetitia busca responder a la realidad de la crisis de la familia en todo el mundo, singularmente en Occidente y una manera tan palmaria también en España.

El capítulo octavo de la Amoris laetitia se adentra en la situación de los matrimonios y familias en situaciones distintas o irregulares. Asimismo se detiene a considerar cómo incorporar más a la vida cotidiana de la Iglesia a los matrimonios que viven en estas situaciones e incluso se plantea la posibilidad y los modos de su acceso a los sacramentos. Acompañar, discernir e integrar son los tres verbos —junto a una mirada fiel, renovada, complementaria y misericordiosa— que pastores y fieles han de conjugar, desde esta hermosísima, valiente y riquísima exhortación apostólica postsinodal, a la hora de vivir y administrar pastoralmente, aunando verdad y caridad, las situaciones concretas de las familias  irregulares, caso a caso, persona a persona, pareja a pareja.  Y este importante documento del Papa es asimismo una preciosa guía —no un recetario— para ayudar a las parejas al descubrimiento de la vocación matrimonial, para su celebración sacramental y su perseverancia.

En este sentido, nos parece inapropiada la polémica generada tras la publicación de una carta dirigida al Papa  por cuatro cardenales con dudas sobre el capítulo octavo de la Amoris laetitia (ecclesia, número 3.859, página 35). Francisco deja clara la correcta interpretación al respecto en un mensaje a los obispos argentinos (ecclesia, número 3.859, página 35). Retroalimentar esta polémica —incluso cuando es para, supuestamente, defender al Papa, sin olvidar de paso defender ideas propias y determinadas situaciones personales…— no es beneficiosa para nadie y menos para afrontar el inmenso desafío que supone hoy día la familia, pilar básico durante siglos en la vivencia, testificación y transmisión de la fe.

Por otro lado, y más allá de que la población española haya crecido un poquito en 2016, debido a un nuevo incremento de inmigrantes, la tasa de natalidad en España sigue congelada en el 1,32%. En Francia alcanza ya el 2,1%. Sin natalidad no hay futuro. Ningún futuro. No podemos seguir, pues, así.

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