Rincón Litúrgico

Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, por José Borja

Hoy celebramos la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, sacramento real y verdaderamente presente bajo los signos visibles del pan y el vino. Hoy se nos presenta la Eucaristía como punto de adoración principal, olvidado muchas veces por tantos cristianos. Esta solemnidad nos debe ayudar a adorar y saborear a ese Cristo que, como prueba del mayor amor que tiene a la humanidad, ha decidido quedarse en medio de nosotros sacramentalmente en la Eucaristía. Este día es el Día de Caridad y se nos invita a vivir una mayor comunión con los hermanos, especialmente con los más necesitados, con los más pobres, con los que sufren.

La  primera lectura del libro del Deuteronomio nos muestra como el pueblo de Israel es llamado para hacer memoria de su pasado. Recordar sus pruebas, sus pecados y reconocer la mano de Dios y sus maravillas. Fue alimentado con el maná, anticipando el pan eucarístico, que nos da la vida y es garantía de resurrección y de vida eterna para quiénes la reciben.

Salmo 47: “Glorifica al Señor, Jerusalén”
Este salmo, lo compuso el pueblo de Israel como acción de gracias después de una prueba. Esto nos debe ayudar a que en nuestro caminar cristiano, las pruebas tampoco faltan y que nuestra hambre ha sido saciada en la Eucaristía que es el alimento de nuestra esperanza, porque Cristo ha triunfado.

En la segunda lectura de la carta de Pablo a los Corintios, Pablo exhorta a los cristianos a no participar en los banquetes de los ídolos, ya que esto, les pone en comunión con el ídolo. Para aclararles esta idea, les recuerda la unión que produce la participación en el banquete cristiano: la Eucaristía, que les pone en comunión con Cristo y les hace un solo cuerpo al participar de un solo pan. A nosotros nos recuerda que la Eucaristía nos une a Cristo y a nuestros hermanos y a la vez nos transforma en un solo Cuerpo, una sola familia. No ensuciemos esta unión íntima con nuestros propios ídolos que nos realizamos a nuestra medida y cuando nos interesa.

En el Evangelio de Juan, volvemos a leer como Jesús se proclama el Pan de Vida.
Seguramente, muchos de nosotros, en este tiempo de confinamiento, y que hemos tenido el ayuno Eucarístico al no poder asistir físicamente a la Misa y la seguíamos por televisión y haciendo comunión espiritual, habremos sentido la necesidad de recibir el Pan de Vida.
Y esta solemnidad, en este tiempo, recobra más que nunca, el sentido. El COVID-19 nos ha ayudado (o tendría que habernos ayudado) a sentir la necesidad de recibir a Jesús Sacramentado. Jesús, que es el Pan de Vida, quiso quedarse con nosotros en la Eucaristía, no sólo para que le adoremos y alabemos. Él quiere ser alimento que nos da vida en abundancia y nos abre a la vida para siempre. Es un buen momento de pararnos y de examinar qué importancia tiene ese Pan de Vida en mi vida. Con que frecuencia lo recibo y como me acerco a él. Jesús espera que tu vida sea una custodia.

Pidamos a nuestra Madre la Virgen, que nos de hambre de Eucaristía, y demos testimonio de caridad en nuestros ambientes.

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