Rincón Litúrgico

Solemnidad de Pentecostés

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Solemnidad de Pentecostés, por fray José Borja

¡Ven Espíritu Santo!

Cerramos el Tiempo de Pascua con la Solemnidad de Pentecostés.
El domingo pasado, veíamos como el Señor ascendía al cielo, pero no nos deja solos.

Hoy, el Señor nos dona a cada uno de nosotros su Espíritu Santo.
Un Espíritu que da forma al cuerpo de la Iglesia y la hace universal, nos alienta a ser fuerte y ser anunciadores de mensaje del Evangelio.

Un Espíritu que da paz, alegría y confianza de que Cristo Resucitado está con nosotros, camina con nosotros y nos ayuda a levantarnos cada vez que nos caemos.
El mismo Espíritu que recibió Jesús en el Bautismo, le acompañó durante toda su vida. El nos acompaña a todos nosotros.

A pesar de que los discípulos estuvieran encerrados por medio, el Espíritu baja sobre cada uno de ellos, y los empuja a ser valientes, a salir a la calle y predicar el Evangelio.
Igual que en la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles, el Espíritu Santo ayuda a la comunidad y empiezan a testimoniar en diferentes lenguas, la Iglesia en su dimensión universal, está unida por Cristo y se constituye una sola comunidad de creyentes con el fin de enviar a transmitir la Buena Noticia.
Esto mismo dice nuestra Segunda Lectura de Pablo a los Corintios, que a pesar de que seamos muchos miembros, somos un solo cuerpo. Cristo es la cabeza y todos nosotros somos el cuerpo. Todos somos importantes, todos pertenecemos a Cristo. En Cristo y en su Iglesia, nadie es más que nadie. Podremos creernos los mejores, pero ante los ojos de Dios y de la Iglesia, desde el recién nacido hasta el Papa, todos son iguales porque hemos sido Bautizados para formar un solo cuerpo: el de Cristo.

Juan, en su Evangelio, nos cuenta como Jesús dona su Espíritu, y como éste renueva todas las cosas. Por eso, al recibir el Espíritu Santo, debemos renovar nuestra mirada ante el mundo. Una mirada donde el olor que dejemos a los demás sea la verdadera paz, la alegría y una fuerza que recree la unidad entre todos.

Si dejamos que el Espíritu nos lleve a cada uno como cristianos y como Iglesia, podremos dejar marca viva del amor más puro que se pueda experimentar.

Ya no nos hará falta ser como Tomás que necesitemos meter el dedo en la herida o la mano en el costado, sino, que seremos verdaderos testigos del RESUCITADO y nuestra carta de presentación será nuestros actos y la forma de vivir con los demás.

Que la Virgen María nos ayude a recibir al Espíritu Santo y sea un impulso renovador en la Iglesia y para cada uno de nosotros.
Que así sea.

Fray José Borja.

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Fray José Borja

Nací en Málaga en 1990.
Soy Profeso Simple desde el 5 de septiembre del 2015.
Sentí la llamada del Señor desde muy pequeño.
Participé en las convivencias del seminario menor de Málaga.
Me he criado en un ambiente familiar cristiano.
Estudié en el colegio de los PP. Agustinos y en el instituto de las HH. Trinitarias, fundadas en Madrid por el P. Francisco Méndez y M. Mariana.
Participé en la Parroquia Santa Rosa de Lima de Málaga durante 13 años donde desempeñé diferentes servicios como monaguillo, catequista, ministro extraordinario de la comunión y un largo etcétera.
Tengo un Blogger desde el 2012 que se llama: Tras Sus Huellas.
Colaboro con la revista Ecclesia desde enero del 2015.

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