Rincón Litúrgico

Solemnidad de Pentecostés, por José Borja

Con la Solemnidad de Pentecostés, se cierra el Tiempo Pascual y se conmemoran, junto con la venida del Espíritu Santo, sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y el inicio de la misión apostólica a todos los pueblos, razas y naciones del mundo, para ser bautizados en un mismo Espíritu y formar el nuevo Pueblo de Dios. El tiempo se ha cumplido. El Espíritu ha bajado del cielo y nos acompañará siempre hasta el final de los tiempos. La vida eclesial ha comenzado. De nosotros depende continuar esta misión que se nos ha confiado.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.
Nos narra la llegada del Espíritu Santo y la sorpresa que supuso para todos. El Espíritu es quién orienta el caminar de los creyentes y crea la nueva comunidad del Pueblo de Dios que hace que los hombres y mujeres sean capaces de superar diferencias y de reunir, en una misma comunidad de amor, a pueblos de todas las razas y culturas del mundo. Esto ha de movernos a llevar, sin miedo, el mensaje allí donde nos encontremos.

Salmo 103: “Envía tu Espíritu Señor y repuebla la faz de la tierra”.
Ante la grandeza de la creación reconozcamos que Dios lo ha dispuesto todo con Sabiduría.
El Señor no abandona su obra, pero sigamos pidiéndole que su Espíritu que nos ayude y renueve constantemente.

Lectura de la carta del Apóstol Pablo a los Corintios,
San Pablo nos anuncia que el Espíritu es la fuente de donde brota la vida de la comunidad Cristiana. Somos miembros de un único Cuerpo, bautizados en un mismo Espíritu y cada uno tendrá que responder de su tarea. Tenemos cada uno que vivir nuestro propio Pentecostés. No tengamos miedo. Seamos valientes.

Secuencia: Ven Espíritu Divino.
Con esta oración antiquísima, hacemos que el Espíritu de Dios forme parte nuestra. Reconocemos el poder del Espíritu Santo para cambiar nuestras vidas y de todo aquel, que quiera tener a Dios en su corazón.

En el Evangelio de Juan,
El Espíritu es el regalo que el Padre hace a los creyentes en Jesús. Con las palabras que pronuncia: “Recibid el Espíritu Santo” inspira su aliento sobre los discípulos y da origen desde ese momento a una nueva creación. El soplo del Espíritu hace nuevo al ser humano.
Vemos como el Espíritu de Cristo Resucitado produjo un cambio radical en la vida de sus discípulos: pierden el miedo, se llenan de la Alegría que les produce el Amor de Jesús y se lanzan a predicar el Evangelio. Ese mismo Espíritu nos encarga a nosotros la misión de seguir instaurando el Reino de Dios en nuestro mundo.

Pidamos al Seños por medio de nuestra Madre la Virgen, que nos mande su Espíritu para que seamos verdaderos testigos de la Resurrección en nuestra vida diaria.

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