Iglesia en España

Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Queridos hermanos y amigos: Este domingo celebramos la solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo. Cada año el día 29 de junio la Iglesia nos invita a celebrar esta fiesta pero quizás este año adquiere una mayor relevancia al coincidir con un domingo.

Podemos decir  que es una fiesta de la catolicidad, o sea de la universalidad de todo la Iglesia. En las figuras de los dos Apóstoles, reconocemos las dos columnas sobre las que Jesucristo ha querido construir su Iglesia.

Tras la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo (Mateo 16, 13-20): “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”, Jesús confía la misión a Pedro: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”.

Jesucristo al fundar la Iglesia quiso colocar a Pedro y a sus sucesores como la piedra angular de la misma. Por ello la Iglesia quiere afirmar, no solamente, que es católica y apostólica, también romana, ya que Pedro y sus sucesores como obispos de Roma dan fuerza y solidez a nuestra fe.

En el Papa los católicos tenemos un punto firme y seguro de nuestra fe. En sus enseñanzas y en su Magisterio pontificio hallamos una roca inconmovible. En el Papa encontramos al mismo Cristo, Buen Pastor, que guía a sus ovejas a los pastos del cielo.

Junto a San Pedro la figura inseparable de San Pablo que tras su encuentro con el Resucitado en el camino de Damasco se convierte en el apóstol de los gentiles dejando atrás todo lo que ha sido hasta ese momento su vida como él mismo nos dice: “Lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo” (Flp 3,7-8). La vida de Cristo en San Pablo lo transforma en hombre nuevo, lleno de la gracia, conocimiento de Dios. Es capaz de comunicar la vida de Cristo.

Después de dos años en cadenas sufrió martirio en Roma al mismo tiempo que el Apóstol Pedro, obispo de la Iglesia de Roma. San Pablo, por ser romano, no fue crucificado sino degollado.

Nos unimos en este día a la Iglesia universal celebrando esta solemnidad y especialmente al papa Francisco, sucesor de San Pedro, al que queremos en este día manifestar nuestra adhesión filial, comunión y amor.

Él con su testimonio de vida y sus palabras sigue encaminando a la Iglesia de Cristo y con la invitación que continuamente nos está haciendo, no sólo a los cristianos, sino también a todos los hombres, nos alienta a construir un mundo nuevo en la paz y en la comunión.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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