la-ascension
Rincón Litúrgico

Solemnidad de la Ascensión del Señor

Hoy, en este domingo VII del Tiempo de Pascua, celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos. Es el punto culminante de todo el ministerio terrestre y de la obra salvífica de Cristo. En esta fiesta, vemos a Cristo glorificado ascender junto al Padre. Él, nos abre el camino a la vida eterna y nos deja la puerta abierta para que también nosotros participemos junto a Dios de esa gran fiesta y alegría completa que no tiene caducidad.
Esta es la antesala a la solemnidad que celebraremos el domingo que viene: Pentecostés.

En la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles, narra la Ascensión del Señor ocurrida en Betania, cerca de Jerusalén y llama la atención cuando, todavía, en ese momento que el Señor marcha, todavía los apóstoles esperaban que se restaurara el poder político en Israel. Tendría que llegar el Espíritu en Pentecostés para hacerles comprender. Por eso, no podemos olvidar que Jesús asciende al Padre. Y, ahora es cuando nos toca a nosotros continuar con el plan de Dios que Él vino a cumplir.
Ojo: estamos solos porque el Espíritu Santo prometido nos acompaña y guía.

Salmo 46: “Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas”.
Es una aclamación del pueblo de  Israel a Dios, quien desde el destierro de Babilonia acompañaba a los repatriados y subían tocando instrumentos al templo. Y por este motivo, nosotros, los cristianos, no estamos solos. Nos acompaña Cristo, quien nos ha redimido con su Sangre.

En la Carta de Pablo a los Efesios, nos recuerda el poder liberador de Cristo sobre el pecado en definitiva. El Señor Jesús queda permanente a la derecha de Dios para interceder por nosotros. Nos invita a comprender en profundidad el misterio de Cristo y la extraordinaria grandeza que desplegó Dios en Él resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo.

En el Evangelio de Mateo, vemos como Jesús cita a los suyos en el monte de Galilea para despedirse de ellos. Se va al Padre, pero PERMANECE con nosotros. No nos deja solos. Esto no lo comprenderemos hasta que el Espíritu Santo no baje sobre nosotros. Y esto, se realizará en Pentecostés. Jesús, lo que promete, lo cumple. Su Palabra es eterna. Nos recuerda la misión que nos encargó antes de ascender al Padre: Predicar el Evangelio con nuestra palabra y ejemplo.
Tenemos que ser valientes y decididos. No tengamos miedo de manifestar nuestra fe.
Cristo está con nosotros hasta el final de los tiempos.

Pidamos a nuestra Madre la Virgen, que acoja a todos los difuntos, especialmente a los que están muriendo víctimas de esta pandemia, y nos ayude a poder ser buenos cristianos en nuestros ambientes.

Print Friendly, PDF & Email