Cartas de los obispos Última hora

Sois templo de Dios

Como os decía el pasado domingo, quiero seguir comentando brevemente algún punto de la Carta Pastoral dirigida a la comunidad eclesial, con motivo del Año Santo que estamos iniciando. Hoy quiero centrarme en el lema de nuestro Año Jubilar: «Sois templo de Dios». Lema que también he querido que sea el título de mi Carta, porque en esas palabras de san Pablo Sois templo de Dios (1Cor 3,16) se condensa una motivación de fondo de esta celebración jubilar: los bautizados somos templo de Dios, y lo somos de modo concreto como Iglesia diocesana.

Cuando hablamos del Jubileo de nuestra Catedral nos referimos, en un primer momento, a un edificio edificado con materiales muertos, que reciben sentido y belleza por la capacidad artística de los hombres. Pero nuestra mirada sería muy miope si nos quedáramos ahí. Nuestra mirada debe hacerse más amplia y profunda: lo que celebramos no es un edificio, por magnífico que sea, sino la realidad del pueblo cristiano, un templo de piedras vivas, del que es un signo la propia Catedral.

Dios siempre ha querido habitar en y entre nosotros. Así se ha manifestado en toda la historia de la salvación. Pero el lugar donde Dios habita no es meramente un espacio humano, es algo más profundo. La casa de Dios en este mundo se va construyendo gracias a tantas personas que han acogido la Palabra de Dios y se han dejado penetrar de su gracia y su ternura. Esa era la convicción de San Pablo cuando preguntaba a los corintios: «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?» (1Cor 3, 16). Y añade: «El templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros» (1Cor 3, 17). Por eso, ese templo que somos nosotros debe reflejar la santidad y la belleza del mismo Dios, que se encuentra en nosotros al haber sido creados a su imagen y semejanza.

El lema de nuestro Año Jubilar hace referencia precisamente a esta gran vocación que os invito a reflexionar: «Sois templo de Dios», convocados a reflejar la belleza y el esplendor de una vida auténtica, referida a Dios, de acuerdo con el querer de Dios. La celebración del VIII Centenario de la Catedral, en la vida de nuestra Iglesia local, nos ha de hacer sentir el gozo de ser nosotros templos de Dios, habitados por el Espíritu, más valiosos que cualquier edificio construido por los hombres. Y ser templo de Dios nos ha de llevar a hacer memoria de nuestro bautismo. Porque en virtud del bautismo y por los dones del Espíritu, los cristianos están llamados a ser piedras vivas de ese templo que el Espíritu va edificando en medio del mundo, reflejando la belleza de una vida auténtica, como criaturas nuevas, a la luz de Jesucristo que en este templo de piedras vivas es la piedra angular.

El Año Jubilar es una hermosa ocasión para renovar nuestro bautismo y, por lo mismo, para reflexionar sobre nuestra inserción en la comunidad eclesial. Uno de los objetivos del Año Jubilar es vivir y estrechar la comunión eclesial. La diócesis vive de la comunión regalada por la Trinidad y está llamada a expresarla en su modo de ser y de funcionar. Como Pueblo de Dios en Burgos vemos en la Catedral un signo visible para reconocernos como Iglesia local, como Iglesia en un lugar determinado y concreto, como comunidad que peregrina en medio de otros grupos humanos. Estoy seguro de que el Año Jubilar contribuirá a crecer en esa comunión diocesana que pone todos los carismas al servicio del Evangelio en la misión común.

Ser templo de Dios nos invita, como también decía san Pablo, a vivirnos insertos en el mundo, porque nuestros cuerpos son miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo (cf. 1Cor 6,15-19). En medio de la sociedad, del trabajo cotidiano, de la vida de familia, de las relaciones sociales, del compromiso profesional, es decir, en la vida entera y cotidiana, estamos llamados a realizar un culto espiritual y auténtico (cf. Rom 12, 1), que oriente todo a la gloria de Dios y al bien de los hermanos.

Durante el Año Jubilar os animo a peregrinar hasta nuestra Catedral, bien personalmente o bien en comunidad. Seguro que este gesto tan penitencial nos ayudará a desplegar disposiciones y acciones concretas para acoger y hacer fructificar la bendición y gracia del Año del Señor. El Jubileo nos ofrece una ocasión privilegiada para celebrar y dar gracias por el gozo de la fe, para acercarnos más al Señor, a su palabra, a su corazón, para redescubrir y contemplar que Dios es misericordia, para renovar el encuentro con Jesucristo, para disponernos a la renovación personal alentando procesos de crecimiento y maduración cristiana, para sentirnos hermanos comprometidos con todos y atentos al que más lo necesita, para descubrir la alegría de evangelizar, para afianzar el compromiso misionero, como una gran familia de discípulos que quiere anunciar a otros el amor misericordioso de Dios en Cristo Jesús.

Con el deseo de alcanzar los frutos de este Año Santo, nos ponemos bajo la protección de Santa María la Mayor. Que Ella guie nuestros pasos de humildes peregrinos, desde el corazón de la Catedral.

 

+ Fidel Herráez Vegas
Administrador apostólico de la archidiócesis de Burgos

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