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Sofía Quintans, misionera en Brasil: «Los migrantes claman en todas las fronteras»
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Sofía Quintans, misionera en Brasil: «Los migrantes claman en todas las fronteras»

La misionera Sofía Quintans Bouzada (Villagarcía de Arousa, Pontevedra, 1978) ha pedido a los españoles que salgan al encuentro de los inmigrantes y refugiados. La religiosa, Misionera Franciscana de la Madre del Divino Pastor, se ha mostrado rotunda cuando ha sido preguntada sobre qué se puede hacer por los miles de inmigrantes venezolanos con los que trabaja en Roraima, el Estado de Brasil en el que ella misiona desde hace tres años. «¡Podemos hacer tanto!», ha dicho. «Pero el clamor del migrante y refugiado no es solo en esa frontera, es en el mundo entero. Los tenemos aquí, en el metro, en la ciudad, de vecinos… Podemos preguntarles “¿cómo te llamas?”, “¿por qué estás aquí?”; podemos tratarlos como seres humanos; podemos sentirlos y hacerlos sentir como hermanos… ¡Hay tantos gestos de caridad, de proximidad, de amor, de cercanía, de anuncio, de oración! Hay campañas. Podemos unirnos a las campañas y no quedarnos indiferentes, podemos hacernos buenos samaritanos, hacernos prójimos, actualizar y hacer viva la luz que nos marca el Papa Francisco en la Fratelli tutti…».

Quintans ha participado en la presentación de la campaña de Infancia Misionera 2022, que se celebra este domingo 16 de enero bajo el lema «Con Jesús a Jerusalén. Luz para el mundo». En este marco, ha contado a los medios que llegó a Roraima, en la frontera con Venezuela y la Guayana inglesa, después de pasar cinco años como misionera en Angola, y que su comunidad religiosa la conforman tres hermanas: «una peruana, una venezolana y yo, española; ahora llegará una cuarta del Congo. Llegamos en 2019, un año después de la gran emergencia humanitaria».

600.000 inmigrantes desde 2018

Desde 2018, en efecto, Roraima se halla sobrepasada por la presión migratoria. Desde ese año han llegado más de 600.000 venezolanos, cuando toda la población del Estado es de medio millón. Muchos de los que cruzan la frontera son niños y adolescentes que llegan con sus abuelos, tíos, vecinos, etc. o directamente solos. En las inmediaciones de Boa Vista, la capital, hay abiertos 13 campos de refugiados (o «abrigos», como les dicen allí) de entre 700 y 1.500 personas cada uno. Se trata de campos organizados «por perfiles», es decir, unos para hombres que llegan solos, otros para familias, para niños, para enfermos crónicos y terminales, etc. Quieren ser «espacios temporales de acogida» y son gestionados por ACNUR, la Operación Acogida del Gobierno brasileño, las ONG´s… «Nuestra presencia católica es pequeña, pues estamos en medio de una gran cantidad de organizaciones», dice la hermana Sofía. «La Iglesia trata de dar una respuesta articulada, de tener una sola voz en ese abrazo a Cristo refugiado en el inmigrante que llega. Trabajamos para tratar de hacer realidad los cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar». Lo primero que hacen las autoridades cuando llegan es vacunarlos y ofrecerles la posibilidad de entrar en alguno de los campos. Transcurre un año antes de que se puedan integrar en la sociedad brasileña.

«Traen una mochila cargada de mucho sufrimiento y dolor. Son muy vulnerables. Y los más vulnerables de todos son los niños. Quieren jugar pero no pueden, porque les pese mucho las situación de estrés de sus padres. Las suyas son infancias robadas. Especialmente en el caso de las niñas, que se quedan embarazadas a temprana edad, algunas con 13 o 14 años. Intentamos crear espacios seguros para ellos, donde puedan jugar, sentirse acogidos, seguros, queridos».

La hermana Sofía dice que para ella es «una bendición, una gracia», estar allí como misionera. «Me siendo feliz de ser misionera e Iglesia católica. Me agrada saber que las personas que acompañamos no son cifras, que el ser humano que colocamos en el centro de nuestra acción y que responde al amor infinito de Dios, no es un número. Doy las gracias a Dios por poder conocer las historias de estos niños que, en el margen, son la luz del mundo, que nos enseñan a creer en Dios».

Con la pandemia, la situación de los refugiados se ha complicado sobremanera. Los gobiernos de ambos países cerraron la frontera, pero aun así los refugiados siguieron llegando a miles a través de las «trochas» o pasos clandestinos con ayuda de los «trocheros» o «coyotes». Brasil cerró las escuelas y no las ha abierto hasta hace poco, lo cual afectó también a los niños inmigrantes.

«¿Que si ha afectado allí mucho la covid-19? Sí, claro. Pero cuando la gente llega con tuberculosis, con otras enfermedades infecciosas, desnutridos y faltos de alimentación, el covid es una cosa más. A veces ni nos enteramos que tenemos covid. Yo no tengo miedo al covid, temo más a otras cosas que afectan más al ser humano».

Sobre su vocación, la religiosa gallega afirma que fue «un proceso». «Yo no la descubrí de un día para otro, me sentí siempre seducida por Jesús».

Infancia Misionera: cien años como Obra Pontificia

Sofía Quintans ha sido presentada por el director nacional de las Obras Misionales Pontificias Españolas, José María Calderón, quien ha explicado que la campaña de este año es «muy especial», pues se cumple el centenario del reconocimiento por la Santa Sede de esta obra como Pontificia. En sus comienzos, se trataba de una iniciativa que puso en marcha en su diócesis el obispo francés Forbin Janson en 1843, mucho antes, pues, que la Declaración de los Derechos del Niño o la constitución de Unicef. El sacerdote madrileño ha remarcado que la Infancia Misionera «no es una ONG que hace cosas bonitas para los niños», sino «un instrumento para la pastoral ordinaria que realiza la iglesia con los niños en los territorios de misión». De ahí —ha señalado— que sus fondos sean dedicados en primer lugar a la evangelización, proporcionando catecismos, biblias y otros instrumentos que puedan ayudar a crecen en la fe.

La jornada de Infancia Misionera se celebra siempre alrededor de Navidad. Cada país lo hace en una fecha distinta, aunque es muy frecuente que se haga el Día de Reyes. En España, la instauración por el Papa Francisco del Domingo de la Palabra ha hecho que la Conferencia Episcopal la haya trasladado del tercero al segundo domingo de enero.



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