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Sobre la verdad

La pregunta de Poncio Pilato sobre la verdad nos deja siempre perplejos.  Jesús no respondió en ese interrogatorio, pero en el contexto de la última cena se había presentado a sí mismo como «el camino, la verdad y la vida». Seguramente el gobernador romano nunca habría entendido ninguna de las tres afirmaciones.

Como en el romance castellano del Conde Arnaldos, no entiende bien la canción del marinero quien nunca se haya hecho a la mar. No llegará a captar la verdad del Verdadero, quien no se decide a seguir sus pasos y acomodar su propia vida a la vida del Maestro.

Se suele recordar que para Santa Teresa de Jesús, «la humildad es caminar en verdad». Y así es. Reconocer lo que somos nos ayuda a no creernos superiores. La realidad de nuestro ser es nuestra verdad ontológica. Y, en consecuencia, es la norma para la verdad moral.

Mucho antes, San Agustín nos había dejado una amplia colección de pensamientos sobre la verdad. Pero por hacer referencia a la famosa frase de la Santa, baste aquí recordar estos tres:

  • El primero sería la brevísima definición que nos ha dejado en los Soliloquios (II, 5, 28). «Verdad es lo que es». Esta definición de la verdad ontológica es fundamental para el conocimiento de la persona y para el diálogo con los demás.
  • De ese fundamento se puede deducir esta observación que nos dejó en su Comentario al Evangelio de San Juan: «Cuando se escucha la verdad se robustece la humildad»(57, 3).
  • En una de sus cartas escribió también San Agustín; «En el camino que Dios ha señalado para conseguir la verdad, el primer paso es la humildad; el segundo, la humildad; el tercero, la humildad; y cuantas veces me preguntes, te diré siempre lo mismo» (Carta 118, 22).

Es interesante confrontar estos textos. El primero es el fundamento de la antropología y de la ética. En el segundo, parece que la verdad es el camino para la humildad, pero en el tercer texto, la humildad es el camino para la verdad.

Seguramente, en el segundo caso, se refiere el Santo a la verdad ontológica: lo que el ser humano es en realidad. En el tercer caso, parece referirse a la verdad moral, la verdad como coherencia de las actitudes con la realidad del ser humano.

Buenas son estas lecciones para repasarlas en un momento antidogmático, paradójicamente marcado por el dogma del relativismo más descarado. Hoy se repite sin pudor que nada es verdad ni mentira. Se piensa que la verdad depende de la decisión de cada uno.

Pero esa pretendida defensa de la libertad individual es la puerta para las dictaduras. La decisión y libertad de cada uno es inmediatamente atropellada por la opinión que consagra lo políticamente correcto. O por la presión de los poderes que defienden la libertad de expresión, a condición de que coincida con sus dictados.



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