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Sobre la dignidad humana, por José-Román Flecha Andrés en “Diario de León” (14-9-2013)

Sobre la dignidad humana, por José-Román Flecha Andrés en “Diario de León” (14-9-2013)

Wilfried Härle, nacido en 1941, es profesor emérito en la Facultad teológica evangélica de la Universidad de Heidelberg. Ha sido miembro de la Comisión de estudio del Bundestag sobre “Derecho y Ética de la medicina moderna”. Recientemente ha publicado una interesante obra, cuyo título podría traducirse así: “Dignidad. Pensar en grande sobre el ser humano”.

El autor piensa que hoy se asocia la dignidad al crédito y al honor. En casi todas las culturas se reconoce la dignidad de los ancianos y la de aquellos que han realizado una obra especialmente meritoria. También se admira la dignidad de una persona que conserva el control de sí misma en una situación difícil o ante una desgracia. En este sentido, la dignidad es un ideal de conducta que se espera de toda persona.

Con todo, este ideal tan alto se presta a la incongruencia y a la hipocresía. Una dignidad fingida se percibe como una muestra de soberbia y está llamada al ridículo y al desprecio.

Por tanto, es preciso preguntarse sobre la esencia de la “dignidad humana”. Ésta no puede identificarse con el respeto social. Es más bien algo inherente a la persona, que exige respeto. Las cosas tienen un precio, pero la persona no puede tener precio: tiene dignidad. El negocio de esclavos es un desprecio a la dignidad humana

Una sociedad libre ha de regular jurídicamente las ofensas demostrables a la dignidad humana. Pero una sociedad rica en humanidad pretende que esas ofensas a la dignidad humana no sean fijadas de modo arbitrario, sino reguladas a partir de una argumentación ética.

Si se niega la dignidad humana sobre la base de la raza, como ocurrió en el nazismo, es preciso empezar por calificar a los otros como “no-humanos”,  “sub-humanos” o “insectos nocivos”. Lo mismo sucede con otras discriminaciones por razón del sexo o de la esclavitud.

Esa misma función asume hoy la designación de los pacientes en coma como “vegetales humanos”, de los embriones como “cúmulos de células” o de los fetos, como “tejidos de embarazo”. Según el autor, “hay que  negar con evidencia su ser hombres, antes de tener el valor de negar su dignidad humana ante la opinión pública y de tratar después a estos seres humanos de forma correspondiente”.

A la hora de establecer el fundamento de la dignidad humana, apuesta él por la naturaleza racional del hombre y su destino. En consecuencia, la dignidad del ser humano ha de ser admitida a lo largo de toda su existencia, que comprende tanto su inicio como su final.

Cabe todavía preguntarse si los seres no humanos tienen también dignidad. Afirmar la necesidad de “pensar en grande” la dignidad humana -como ya sugería el subtítulo del libro- no implica “pensar en pequeño” la dignidad de las demás criaturas. El ser humano ha de ser reconocido como el administrador de la tierra, al que han sido confiadas las otras criaturas para que ejerza un cuidadoso y responsable señorío sobre ellas.

José-Román Flecha Andrés

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

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