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Sobre la clonación llamada terapeútica: artículo de José-Román Flecha Andrés en Diario de León (22-6-2013)

Sobre la clonación llamada terapeútica: artículo de José-Román Flecha Andrés en Diario de León (22-6-2013)

Artículo de José-Román Flecha Andrés publicado en el Diario de León, titulado Sobre la clonación llamada terapeúticaLas noticias recientes han vuelto a poner sobre la mesa la clonación de  seres humanos. A veces se dice que el Concilio Vaticano II no pudo prever estos avances de la ciencia. Y que la Iglesia siempre va con retraso. No es verdad. La instrucción “Donum vitae”, firmada por el entonces cardenal Ratzinger, ya calificaba de inmorales estas técnicas.

He aquí el texto exacto: “Los intentos y las hipótesis de obtener un ser humano sin conexión alguna con la sexualidad mediante fisión gemelar, clonación, partenogénesis, deben ser considerados contrarios a la moral en cuanto que están en contraste con la dignidad tanto de la procreación humana como de la unión conyugal”.

Aquel documento fue firmado el día del 22 de febrero de 1987, nueve años y medio antes de la producción de la oveja Dolly, el primer mamífero producido por clonación, mediante la transferencia de un núcleo celular. Los expertos convocados por la Santa Sede ya podían dar un juicio ético.

Es verdad que tanto la filosofía como las leyes están de acuerdo en rechazar la clonación de personas. La experiencia de la producción de la oveja Dolly desaconseja este camino. Por decirlo de un modo muy simple, el uso de una célula adulta en lugar de una célula genética “produce” un ser vivo que nace ya envejecido.

De ahí que los mismos científicos se apresuren a declarar que con su proyecto no pretenden producir seres humanos. Y manifiestan que se limitan a obtener células madres o troncales con el fin de dar pasos hacia una medicina regenerativa. Es decir, producen  embriones, que en sus primeras fases pueden proporcionar células totipotentes.

De ellas se podrían obtener diversos fluidos o tejidos para colaborar en la regeneración o mejor funcionamiento de órganos humanos gravemente dañados. Evidentemente, sería un gran avance poder curar de esta forma enfermedades mentales o prevenir un infarto. Nadie puede oponerse por principio a ese progreso técnico.

Lo que ocurre, es que este proceso implica un serio problema ético, como ya puso de relieve en España la comisión de estudio presidida por el Dr. César Nombela. En efecto, se procura producir embriones humanos para destruirlos inmediatamente, al tratar de extraer de ellos las preciosas células troncales o estaminales.

Así pues, nos encontramos con un procedimiento que trata de colaborar a la defensa de la vida humana por medio de la destrucción de otras vidas humanas. Ante eso, es preciso repetir que un fin bueno no justifica el empleo de cualquier medio. La técnica necesita siempre una corrección ética.

Por otra parte, ese fin terapéutico, tan deseado y necesario, puede ser intentado por otro medio, como la obtención de células adultas no embrionales. Un procedimiento que, desde el punto de vista técnico, ya está produciendo buenos resultados. Y desde el punto de vista ético, tiene menos objeciones. Pero de esto habrá que escribir en otra ocasión.

 

José-Román Flecha Andrés

 



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