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Opinión

Sobre la clonación de embriones humanos: artículo de José-Román Flecha Andrés en Diario de León (8-6-2013)

Sobre la clonación de embriones humanos: artículo de José-Román Flecha Andrés en Diario de León (8-6-2013)

Artículo de José-Román Flecha Andrés publicado en el Diario de León, titulado “Sobre la clonación de embriones humanos”

Al parecer, en el estado de Oregon se ha logrado la clonación de embriones humanos. Desde que “fabricaron” a la oveja Dolly,  supimos que un día se emplearía la misma técnica para producir un ser humano. 

El Convenio de Biotecnología, suscrito en Oviedo en abril de 1997, prohíbe “la constitución de embriones humanos con fines de experimentación”. El protocolo subsiguiente prohíbe “cualquier intervención que tenga por objeto crear un ser humano idéntico a otro, ya sea vivo o muerto”.

Pero excluye de tal prohibición la clonación de células y tejidos, aun de origen humano, con fines de investigación o terapéuticos, puesto que podrían constituir unos “útiles preciosos”.  Este texto tan ambiguo dejaba la posibilidad de intentar la clonación como técnica biomédica, considerando que sería “una herramienta importante al servicio de la medicina”.

La Declaración de la Unesco sobre el genoma humano (11.11.1997) condena también la clonación con fines de reproducción de seres humanos. Pero, como ha escrito el profesor Lacadena, “no condena la técnica de clonación en sí cuando se utilice para otros fines, salvaguardando así su posible utilización en algún tipo de experimentación biomédica”.

Ahora se intenta tranquilizar a la opinión pública diciendo que el proceso de clonación no tiene la finalidad de producir seres humanos. Solamente tratan de obtener células estaminales con fines terapéuticos. Se emplea un lenguaje que deja en sombra lo fundamental.

Y el hecho es que se producen embriones clonados que inmediatamente han de destruir para obtener las células estaminales, también llamadas células madre o troncales. Desde el punto de vista ético resulta sorprendente que se trate de justificar el hecho apelando a una finalidad aparentemente plausible. Como si el fin bueno justificara unos medios malos.

Ante este hecho son muchas las cuestiones éticas que se nos presentan:

1. El modo de la producción  contradice el derecho del ser humano a ser concebido como fruto de una relación interpersonal de amor y de acogida.

2. Al utilizar este procedimiento, un ser humano, como es el investigador, se convierte en árbitro en una nueva forma de discriminación entre los humanos.

3. Con este tipo de clonación “ya” se ha producido un ser humano, por minúsculo que sea, que muy pronto será sacrificado aparentemente en beneficio de otros.

4. Un ser humano, que debería ser situado en el reino de los fines, es utilizado como medio.

5. Como se sabe, hay otras formas alternativas para conseguir células madre con fines terapéuticos ya avalados por la experiencia, como ha demostrado el informe Dulbecco.

A este paso, la sociedad puede llegar a tener el “bravo mundo nuevo” que pronosticaba Aldous Huxley.  Como  ya escribía Benedicto XVI en su encíclica “La caridad en la verdad”, la técnica ha de ser acompañada por la ética. Pero no por cualquier tipo de ética. Siempre hay que tutelar la dignidad de la persona.

 

José-Román Flecha Andrés

 

 

 

 

 

 

 

 



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