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Sobre el origen de la Cuaresma
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Sobre el origen de la Cuaresma

A veces estamos tan acostumbrados a un rito que no nos preguntamos por su origen y su significado. Pero conviene tratar de descubrir su sentido y su interpelación.

1. El uso de la ceniza y del ayuno como signos de penitencia se encuentra ya en el Antiguo Testamento y, en realidad, es común a varias religiones.

2. Sobre la existencia de la cuaresma en las iglesias de Oriente hay muchos testimonios que se remontan al siglo IV. Entre ellos, nos agrada recordar la «Peregrinación» de Egeria. Aquella valerosa mujer, a finales del siglo IV, viajó, posiblemente desde las tierras del Bierzo, a Egipto, Siria y Tierra Santa. Son interesantes sus anotaciones sobre las celebraciones en las que participó en Jerusalén por los días de la cuaresma.

3. También para las iglesias de Occidente, ya en ese siglo IV, se encuentran numerosos testimonios sobre la cuaresma. Por ejemplo, los de la misma Egeria y san Gregorio de Elvira para España, el de san Ambrosio para Milán y el de san Agustín para el norte de África.

4. Una carta del año 341, escrita en Roma por san Atanasio, nos hace saber que ya por entonces existía allí una observancia cuaresmal.

5. De todas formas, según señala el abad Mario Righetti, «no sabemos dónde ni por medio de quién, ni en qué particulares circunstancias haya surgido la institución cuaresmal». Lo más probable es que surgiera de la voluntad de prepararse a la celebración de Pascua por medio de ayunos y penitencias y acompañando el camino de los catecúmenos.

6. Desde San Máximo de Turín (año 465), sabemos que en el miércoles anterior al primer domingo de cuaresma se leía en la misa un texto evangélico sobre el ayuno. Según él, en ese día muchos comenzaban una abstinencia preparatoria a las celebraciones pascuales.

7. Por otra parte, Tertuliano y san Cipriano, san Ambrosio, san Jerónimo y muchos otros padres de la Iglesia hablan de la penitencia con ceniza y cilicio.

8. Parece que en el siglo IX, la imposición de la ceniza era un rito penitencial que solía realizarse independientemente de la celebración de la misa.

9. De todas formas, el año 1001 el papa Urbano II, en el sínodo de Benevento recomendaba ya la recepción penitencial de la ceniza no solo a los laicos, sino también a los clérigos.

10. En el mismo siglo XI se encuentra un «Orden de penitencia» que contiene las oraciones para la bendición de la ceniza. En él se incluyen ya las palabras de la imposición de la misma: «Acuérdate, hombre que eres polvo y en polvo te convertirás».

Durante un milenio esas palabras nos han recordado nuestra condición humana, tan frágil y volátil como las cenizas que dispersa el viento. El misal actual nos ofrece también las palabras con las que Jesús inicia su misión: «Convertíos y creed en el Evangelio». Importa escucharlas y tenerlas en cuenta.



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