Síntesis de la carta pastoral de los obispos de República Dominicana
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Síntesis de la carta pastoral de los obispos de República Dominicana

Síntesis de la carta pastoral de los obispos de República Dominicana: “La Eucaristía, Fuente de Comunión e Impulso de la Misión Eclesial”

A continuación presentamos un resumen de la Carta Pastoral 2018 de los obispos de la Conferencia del Episcopado Dominicano, publicada con motivo de la festividad de Nuestra Señora de La Altagracia, protectora del pueblo dominicano.

“La Eucaristía, Fuente de Comunión e Impulso de la Misión Eclesial”

1. Desde el umbral de la misión evangelizadora en el Nuevo Mundo, el pueblo de Dios que peregrina en la República Dominicana se ha alimentado del “pan del cielo”, servido en la mesa eucarística. Esta Isla tiene el privilegio de haber sido el escenario donde se celebró la primera Misa en América, presidida por el Padre Bernardo Boyl, en La Isabela, Puerto Plata, el 6 de enero del 1494. Este acontecimiento histórico que en el 2019 cumplirá 525 años, nos obliga a repensar sobre el Sacramento de la Eucaristía, fuente de comunión e impulso para la misión. Impulsemos la misión de una “Iglesia en salida”, la misión como pueblo, que camine unido hacia el progreso humano sostenible, hacia la consolidación de la justicia y la paz, la supresión de la impunidad y el reinado de la disciplina, la ética y las leyes.

2. La Eucaristía es un gesto de agradecimiento realizado por Jesús al dar gracias por el pan y el vino. Eucaristía significa reconocimiento y gratitud; de ahí el sentido de acción de gracias, que según el Catecismo caracteriza la oración de la Iglesia al celebrar la Eucaristía, manifestando y convirtiéndose cada vez más en lo que ella es.

3. La Eucaristía es un Dios que vino a entregarse: El misterio eucarístico pone de relieve a un Dios Padre, que nos envía a su propio Hijo al mundo y a la historia, no para dominarla y hacerse servir, sino para servir a los hombres hasta hacerse su alimento y la fuente de su salvación. La Eucaristía es, pues, el gesto supremo de fidelidad, de un Dios que no se rige según la lógica del poder, sino del servicio y de la donación. Es el gesto de un Dios amigo, cuyo amor es tan grande que supera los esquemas racionales del hombre.

4. La Eucaristía nos permite vivir en comunidad: La Eucaristía es realizada por la comunidad, a la vez va construyendo a la misma Iglesia, comprometiéndola en la misión de la salvación de toda la humanidad, significando y realizando la unidad de la Iglesia. La Eucaristía nos acerca a Cristo como individuos, y también lo hace como comunidad. San Juan Pablo II afirmaba: «Una comunidad realmente eucarística no puede encerrarse en sí misma, la Eucaristía, más bien, nos reta a reconocer nuestro propio lugar dentro de la comunidad y de la familia humana. La Eucaristía nos hace conscientes de nuestra propia dignidad y la de los demás».

5. La Eucaristía nos sensibiliza con los que sufren. En la que nos sentimos llamados a darnos a nosotros mismos en solidaridad con los miembros de nuestra familia humana que afrontan injusticias. Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma».

6. La Eucaristía tiene una dimensión social. La Eucaristía, celebrada en comunidad, nos enseña acerca de la dignidad humana, nos llama a tener una relación recta con Dios, con la naturaleza, con nosotros mismos y con los demás; nos invita a la solidaridad, nos envía en misión a ayudar y transformar nuestras comunidades y al mundo entero; estimula nuestro sentido de responsabilidad, y pone una semilla de esperanza en la dedicación cotidiana de cada uno a sus propias tareas. Su cometido es contribuir con la luz del Evangelio a la edificación de un mundo habitable y plenamente conforme al designio de Dios. La Eucaristía es social por naturaleza ya que ella nos pide estar en comunión con Dios y con los demás.

7. La Eucaristía nos invita a reconocer y confrontar las estructuras de pecado. Estas estructuras incluyen la violencia, la injusticia, la pobreza, la explotación, la corrupción, las excesivas desigualdades, la exclusión, el feminicidio, la carencia de la solidaridad y todas las demás degradaciones sistemáticas de la vida o de la dignidad humana, como las expresadas en la carta pastoral del 21 enero 2005: “la permanencia de la falta de empleo en tan alto índice, del apego al poder por el poder, del robo al erario nacional a expensas de la nación, de la apropiación inescrupulosa de ahorros ajenos para beneficio propio, de la marginación de nuestra población campesina…, de la evasión de impuestos, de tanto crimen y robo, de la creciente violencia, de la integración progresiva al tráfico de la droga por razones económicas, de tanta desavenencia, reyerta y enfrentamiento en los partidos políticos, de la impunidad de tantos delincuentes públicos, y de la parsimonia en la solución de los graves problemas que nos traban y ahogan, demuestra que estamos los dominicanos y dominicanas muy lejos de vivir en comunión y comunidad”. La Eucaristía hace nacer en nosotros la voluntad de transformar esas estructuras injustas para restablecer el respeto de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios.

8. La Eucaristía es Sacramento de Sanación. Igualmente el poder exorcista de la Eucaristía se manifiesta en tantas personas que sufren perturbaciones, o presiones u obsesiones del maligno y se ven liberados de ellas, muchas veces con su sola presencia en una celebración de la misa en la comunión, u orando en el sagrario, ante este santísimo sacramento. Continuamente nos llegan testimonios de personas que son sanadas física, psicológica o espiritualmente a través de la Eucaristía, sea en una celebración de la misma o ante el Sagrario. Hay hombres tan profundamente agresivos y violentos, capaces hasta de cometer feminicidios, pero con decisión clara de liberarse, han incluido en sus terapias las visitas a Jesús Eucaristía y han logrado su sanación. Los santuarios y lugares de culto siguen siendo hoy por hoy su mejor testimonio, claro y universal de las sanaciones, en las que se unen la acción directa del Santísimo Sacramento y la mediación de María, Virgen y Madre.

9. La Eucaristía es hacerse con Jesús pan. Ser un pan para los hambrientos de pan, justicia y dignidad, lograr que se establezcan verdaderas relaciones de paz y justicia, de reconciliación y solidaridad; y asumir el compromiso de transformar la realidad de acuerdo con el proyecto de Dios.

10. Eucaristía es poner en práctica el principio de la comunión. Este principio debe regir las relaciones sociales, culturales y económicas. La Eucaristía tiene un gran potencial crítico, social, político y religioso, ya que pone en tela de juicio cualquier situación que se oponga al Reino de Dios. «El alimento de la verdad nos impulsa a denunciar las situaciones indignas del hombre» (SC 90), y a vivir la caridad como parte esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia que ha hecho una opción preferencial por los pobres testimoniando el estilo del amor de Dios, su providencia, y su misericordia.

11. La Eucaristía es fuente y cima de la vida y de la misión de la Iglesia. El compromiso bautismal de rechazar el mal y de profesar nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos lleva a vivir nuestra vida según el Espíritu, y por último, nos volvemos con Cristo un solo cuerpo, una sola familia, que trabaja en el proyecto evangelizador de Jesús, cumpliendo así, la misión de la Iglesia. Ese proceso de iniciación cristiana, que inicia con el bautismo, continúa con la confirmación y concluye con la Eucaristía. La misma catequesis nos enseña a vivir como cristiano en medio del mundo.

12. La Eucaristía es encontrarse con el Dios de la vida en la Comunidad. Es un acto comunitario. La comunidad termina siendo el escenario donde formamos un solo cuerpo con Cristo. Es una celebración comunitaria que nos compromete como hermanos.

13. La Eucaristía es un encuentro personal. El mismo Jesús ha salido a nuestro encuentro y nos invita a estar en comunión con él y a comer todos de él. La Eucaristía nos hace vivir hacia el otro, nos hace comprender la necesidad del otro para vivir con él como hermano. Dios Uno y Trino viene a cada uno de nosotros y nos capacita para entregarnos a los demás.

14. La Eucaristía es fiesta. Debemos encontrar en la Eucaristía el sentido festivo. Qué bueno sería que así como realizamos un examen de conciencia para reconocernos en qué hemos faltado, lo hagamos también antes de ir a Misa, orientado a la gratitud para tener conciencia de por qué voy a dar gracias a Dios.

15. La celebración de la Eucaristía requiere una participación activa y fructuosa, lo que exige de parte de las comunidades, formación continua, catequesis, preparación cuidadora de la Misa, la procesión solemne del Corpus Christi, encuentros o congresos eucarísticos en las Diócesis y parroquias, y promover y organizar la adoración eucarística.

16. Entremos en la escuela de María, mujer eucarística, madre de Cristo y madre y modelo de la Iglesia a la que estamos llamados a imitar.

17. María fue el primer sagrario de Jesús: María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios, anticipando lo que se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe en las especies del pan y del vino, el Cuerpo y la Sangre del Señor. El “sí” pronunciado por María a las palabras del ángel Gabriel es profundamente análogo al “amén” que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor.

18. Actitudes eucarísticas de María. La Virgen María está muy cerca de la comunidad cristiana aunque no la nombrásemos explícitamente, pues ella nos muestra un modelo de las actitudes “eucarísticas” cristianas: Es la que mejor escuchó la Palabra de Dios, la que creyó, la discípula de Jesús, la que conservaba y meditaba todo en su corazón; la que nos dio un admirable ejemplo de acción de gracias en su Magníficat; la que participa en la vida de la comunidad, está atenta a las necesidades de la familia y acude a su Hijo Jesús a buscar la solución, como en la bodas de Caná; la que al pie de la cruz es asociada al Memorial redentor de su Hijo ofreciendo a aquel que había presentado en el Templo como ofrenda a Dios; María es la que nos da ejemplo de presencia en la reunión de la comunidad cuando los discípulos estaban en oración, esperando el Espíritu Santo.

19. Agradezcamos una vez más, al Señor la presencia de muchos sacerdotes a lo largo de más de cinco siglos, hasta en los lugares más apartados que, siguiendo las huellas del Padre Boyl, han estado al servicio de la Eucaristía, celebrándola diariamente, abriendo sagrarios, distribuyendo la comunión; como también de todos aquellos Diáconos, ministros extraordinarios de la comunión y ministros de los enfermos, que la distribuyen, a lo largo y ancho del país, casa por casa, en campos y ciudades, llenos de amor y fervor. Dejamos también constancia de la adoración continua al Señor sacramentado ante el sagrario, sea de manera espontánea, como también de las organizaciones de laicos y laicas que mantienen una adoración diurna y nocturna hasta el amanecer, diaria, en las capillas del Santísimo Sacramento de nuestras parroquias.

20. Del mismo modo, la celebración y celebraciones del Corpus Christi cada año, en nuestras sedes episcopales y parroquiales, sus auténticas fiestas y manifestaciones de ardiente amor al Santísimo Sacramento.

21. Cabe notar como las celebraciones patrias, desde los días de la Independencia Nacional, incluyen normalmente la celebración del Te Deum o de la Eucaristía o ambas a la vez.

Que la Virgen Santísima, Nuestra Señora de La Altagracia, Madre del Salvador, cuyo pesebre donde está colocado el niño Jesús, tiene forma de altar, donde se coloca cada día, en cada misa el cuerpo de Jesús Eucaristía.

Santo Domingo, 21 de enero de 2018, fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia.

Les bendicen,

Fuente: PRENSA CED

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