Nos llama, amigos

Sintamos con Cristo

Esta Semana Santa probablemente sea la última que pensábamos vivir. Una Semana Santa resguardados en casa, reviviendo recuerdos, anhelando ritos, sobrellevando ausencias y deseando poder ir a las celebraciones que hoy sentimos tan necesarias.

Pero también es posiblemente la Semana Santa más real que hemos tenido nunca delante. Hoy más que nunca vemos el rostro de Cristo sufriente en el rostro de nuestra sociedad.

Jesús ora en el huerto de tantos hogares que sostienen la esperanza de un familiar en la UCI, confiados en la voluntad del Padre bueno que no les abandona en este momento. Jesús es apresado, en los que son víctimas del abandono de los suyos. En tantos ancianos que viven la angustia de la enfermedad sin una llamada.

Jesús es condenado, en todos aquellos que son descartados por su edad o enfermedad, privándolos de esperanza. Jesús es azotado en tantos que sufren el dolor físico de la enfermedad. Hoy vuelve a ser coronado de espinas, en las marcas de los EPIs que desfiguran el rostro del personal sanitario.

Jesús carga con la cruz, en tantas pruebas que pasa el mundo, en los descartados que hoy parecen olvidados, en las familias rotas, en la angustia de los enfermos psíquicos confinados, en las víctimas de malos tratos. Cristo cae hoy también, cae con todos los que se doblan. Con los que ya no pueden más, con los médicos que llevan semanas dando más de lo que pueden.

Jesús es crucificado, en todos los que entran en los últimos momentos de su vida. En tantas camas de hospital que presienten el fin, en tantos que agonizan solos en hogares y residencias. Jesús muere hoy, en el dolor de nuestro mundo.

Jesús muere una vez envuelto en la indiferencia, la de tantos que vuelven su rostro para no ver la realidad.  La de aquellos que no quieren ver morir al justo. A la generación de ancianos que muere asfixiada en la cruz del Covid. Y Jesús es enterrado solo, hoy como entonces, sólo los más íntimos, sin ritos, sin tiempo, sin casi un adiós, ahí también está la Pasión del Señor.

Jesús hace hoy una vez más el camino del Calvario. Un camino que no termina en el lugar de la Calavera, termina en la mañana de la Pascua. En la victoria de la Vida sobre la muerte, de la Luz sobre la oscuridad, en la consumación de la Esperanza. Por eso tengamos hoy los sentimientos de Cristo. Acojamos el dolor de Cristo, y el de tantos cristos llagados de nuestro mundo, con la esperanza de que esas heridas se curarán y revestirán de una Vida nueva.

Javier Prieto
Seminarista de la Diócesis de Zamora
@Javi_PrietoP

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