Año de la Fe 2012 - 2013 Carta del Obispo

Sínodo para la nueva evangelización, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Mons. Ángel Rubio Castro

Desde el pasado día 8 de octubre se está celebrando en Roma, la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos que terminará el próximo domingo 28 de octubre. Con un lenguaje sencillo podemos afirmar que la Iglesia toda se congrega en la ciudad eterna para preguntarse cómo vive hoy su originaria vocación evangelizadora y cómo llevar a cabo la transmisión de la fe cristiana.

Evangelizar ha sido siempre la actividad primordial de la Iglesia y lo seguirá siendo. De ahí su preocupación constante por justificar esa tarea. La misión evangelizadora de la Iglesia se desarrolla a través de un proceso rico y complejo que comprende un conjunto de elementos constituyentes: La renovación de la humanidad, la evangelización de la cultura, el testimonio de los cristianos, el primer anuncio de Cristo Salvador, la conversión y adhesión del corazón a Jesucristo y su Evangelio, la entrada en la comunidad, la acogida de los signos sacramentales, la promoción del desarrollo humano y el ejercicio de la caridad. Estos elementos son complementarios y mutuamente enriquecedores. Incluyen todo lo que la Iglesia hace, dice, vive y expresa.

Es preciso reconocer que la evangelización es hoy «nueva» porque el mundo, la cultura, la sociedad, el hombre al que se dirige tiene una visión de las cosas, una actitud ante Dios, los demás y el mundo creado que son en gran medida «nuevos». Esta novedad se percibe de forma evidente, si atendemos a las unidades políticas, a las estructuras sociales, económicas y familiares, a la disposición de medios, y al tipo de vida, que configura a este hombre concreto. Dado esta «novedad», el mensaje del Evangelio debe proclamarse, no al margen de la misma, sino teniendo en cuenta sus características,  discerniendo sobre sus valores y contravalores, asumiendo su riqueza y sus riesgos. No intentamos evangelizar a «cualquier hombre de cualquier época», sino a este hombre concreto de esta época histórica concreta, que vive y piensa y trabaja y se ordena y sufre y espera de esta forma bien determinada.

Vivimos en un mundo en el que los problemas y acontecimientos de cualquier pueblo y lugar, son conocidos rápidamente en todas las partes del mundo. El pluralismo cultural y religioso es un hecho actualmente presente en todas partes. Muchísimos bautizados viven inmersos en esta realidad secularizada y pluralista, donde deben dar testimonio de su fe y del anuncio del Evangelio, pero debemos preguntarnos con qué eficacia, con qué incidencia, con qué mordiente respondemos nosotros a este cometido, casi sobrehumano. Nuestros métodos pastorales muchas veces no se adaptan a las exigencias del hombre contemporáneo, que también tiene hambre de Dios, sin saberlo y sin atreverse a reconocerlo.

En las actuales circunstancias en las que la nueva evangelización se dirige tanto a los que no tienen fe para anunciarles a Jesucristo como a los creyentes bautizados para que su fe se robustezca, la Iglesia es urgida a una acción de talante misionero que afecta directamente a la catequesis. «La catequesis debe a menudo preocuparse no sólo de alimentar y enseñar la fe, sino suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, a abrir el corazón, de convertir, de preparar una adhesión global a Jesucristo». (Juan Pablo II)

El contenido de la nueva evangelización es Jesucristo, Evangelio del Padre, que anunció con gestos y palabras que Dios es misericordioso con todas sus criaturas, que ama al hombre con un amor sin límites y que ha querido entrar en su historia por medio de Jesucristo, muerto y resucitado con nosotros, para librarnos del pecado y de todas sus consecuencias y para hacernos partícipes de su vida divina. En Cristo todo adquiere sentido: el rompe el horizonte estrecho en que el secularismo encierra al hombre, le devuelve en verdad y dignidad de Hijo de Dios y no permite que ninguna realidad temporal, ni los estados, ni la economía, ni la técnica, se conviertan para los hombres en la realidad última a la que deben someterse. Dicho con palabras de Pablo VI, evangelizar es anunciar «el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazareth, Hijo de Dios».

Sólo el Catecismo puede envejecer, nunca el Evangelio. El Catecismo se volverá a escribir periódicamente a lo largo de la historia, sin embargo el Evangelio nunca se podrá volver a escribir de nuevo. En el Año de la fe se nos invita a la  nueva evangelización con nuevo ardor, nuevos métodos, nuevas expresiones, nuevo estilo de vida y de entrega radical a Cristo.

 

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

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Ecclesia

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1 comentario

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  • Don Angel no entiendo bien qué quiere decir con que el catecismo puede envejecer pero no el evangelio. Aunque no son lo mismo yo creo que el catecismo recoge las enseñanzas del Evangelio y de toda la Sagrada Escritura y de la Tradición, que es también Palabra de Dios y del Magisterio. ¿Se refiere, a lo mejor, a la manera de explicar el catecismo o enseñar catequesis? Explíqueme, por favor. Gracias.

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