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Sínodo de los Obispos: carta completa del Papa Francisco al cardenal Lorenzo Baldisseri

Sínodo de los Obispos: carta completa del Papa Francisco al cardenal Lorenzo Baldisseri

Carta completa del Papa Francisco al cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos, con ocasión de la elevación a la dignidad episcopal del subsecretario de dicho organismo, monseñor Fabio Fabene

Hacer más patente el servicio del Sínodo a la colegialidad episcopal

Eminencia reverendísima:

El 15 de septiembre de 1965, mi venerado predecesor el Siervo de Dios Pablo VI, tras escudriñar con atención los signos de los tiempos, y consciente de la necesidad de reforzar con vínculos más estrechos la unión del Obispo de Roma con los obispos a los que el Espíritu Santo ha constituido para gobernar la Iglesia de Dios, instituía, mediante el Motu proprio Apostolica sollicitudo, el Sínodo de los Obispos.

En aquella época, cuando el Concilio Vaticano II tocaba ya a su fin, el naciente organismo sinodal constituía un acicate para que todos los obispos católicos compartieran, de manera más evidente y eficaz, el desvelo del Obispo de Roma por la Iglesia universal.

Las Asambleas sinodales, que desde entonces se han celebrado en presencia de obispos procedentes de los distintos continentes, han podido dar a conocer sus imprescindibles aportaciones en relación con los problemas y con la actividad de la Iglesia en el mundo, y han proporcionado al Sucesor de Pedro válida ayuda y consejo para salvaguardar e incrementar la fe, para proponer con valentía la integridad de la vida cristiana y para consolidar la disciplina eclesial.

El Beato Juan Pablo II, que tantas Asambleas sinodales presidió, al reiterar la eficacia del Sínodo y al reconocer el enorme bien que este aportaba a la Iglesia, prefiguraba con clarividencia: «Tal vez este instrumento aún pueda ser mejorado. Tal vez la responsabilidad pastoral colegial pueda expresarse en el Sínodo de manera más plena todavía» (Homilía en la clausura de la VI Asamblea General del Sínodo de los Obispos, 29-10-1983).

En efecto, la amplitud y la profundidad del objetivo asignado a la institución sinodal se derivan de la amplitud inagotable del misterio y del horizonte de la Iglesia de Dios, que es comunión y misión. De ahí que se puedan y se deban buscar formas cada vez más profundas y auténticas del ejercicio de la colegialidad sinodal, para realizar mejor la comunión eclesial y para fomentar su inextinguible misión.

Una vez transcurridos casi cincuenta años de la institución del Sínodo de los Obispos, y habiendo escudriñado yo también los signos de los tiempos y tomado conciencia de que, para el ejercicio de mi ministerio petrino, conviene, hoy más que nunca, reavivar más todavía mi estrecho vínculo con todos los pastores de la Iglesia, deseo valorizar tan valioso legado conciliar.

A este respecto, no hay duda de que el Obispo de Roma necesita la presencia de sus hermanos en el episcopado, su consejo y su prudencia y experiencia. Efectivamente, el Sucesor de Pedro debe anunciar a todos a aquel que es «el Mesías, el Hijo de Dios vivo», pero, al mismo tiempo, ha de prestar atención a lo que el Espíritu Santo suscita en boca de cuantos, acogiendo la palabra de Jesús, que declara: «Tú eres Pedro…» (cf. Mt 16, 16-18), forman parte a pleno título del Colegio Apostólico.

Por eso estoy muy agradecido a todos aquellos que, mediante una labor generosa, asidua y competente, han garantizado, durante todos estos años, que la institución sinodal contribuyera al imprescindible diálogo entre Pedro y sus hermanos. Quisiera expresar un pensamiento de especial gratitud a Vuestra Eminencia, a los miembros de los diferentes Consejos y a los superiores y a los oficiales de la Secretaría General, presentes y pasados.

Ahora, al objeto de hacer más patente el apreciado servicio que ese organismo desempeña a favor de la colegialidad episcopal con el Obispo de Roma, he decidido otorgar a su subsecretario el carácter episcopal.

De esta manera, el subsecretario, ya en su cometido de colaboración con Vuestra Eminencia en lo que respecta al desarrollo de la actividad sinodal, en virtud del orden episcopal reflejará esa comunión afectiva y efectiva que constituye el objetivo principal del Sínodo de los Obispos. También en la coordinación del trabajo interno de la Secretaría General, el subsecretario estará llamado a expresar la realidad fecunda y fructífera que dimana de su participación en el munus episcopal, fuente de santificación para cuantos lo rodean y fundamento de la comunión jerárquica con el Obispo de Roma, cabeza del Colegio Episcopal, y con los miembros de dicho Colegio.

Lo que comunico a Vuestra Eminencia, junto con mi bendición apostólica.

Vaticano, 1 de abril de 2014

FRANCISCUS

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ecclesia)



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