Javier Lea, en un fotograma de la película.
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Sin hogar y protagonista en el festival del cine de San Sebastián

Javier Lea estaba sentado en el albergue Santa Maria de la Paz de la Orden de San Juan de Dios y apareció Ekain Irigoien. El cineasta vasco le dijo que quería rodar un documental y enseñar la vida en la calle. Lea sorprendió con una propuesta: que también participaran María José y Romerales, porque eran, como él, «perros de la calle». En sus propias palabras. La película define, en su título, de otra manera a las personas sin hogar: «Hijos de Dios», y es uno de los estrenos del festival de cine de San Sebastián, que se celebra en estos momentos.

Para Javier, la experiencia del rodaje ha sido «muy bonita» y cree «que cuando la gente lo vea, sentirá muchas emociones al conocernos a Romerales y a mí, se harán sensibles a la situación que vivimos las personas sin hogar». También eliminar prejuicios. Le ha parecido una oportunidad para que «la gente vea que las personas de la calle no somos malos, no hacemos daño a nadie, ni nos metemos con nadie».

El director, Ekain Irigoien, se convirtió en su sombra desde 2014 con el propósito de retratar sus vidas actuales, indagar en sus pasados y comprender los recorridos vitales que ambos han tenido hasta llegar a estar en situación de sin hogar: «Lo que busco con la película es poner el foco en personas que para la sociedad resultan invisibles. Obligar al espectador a mirarlos a los ojos, a conocerlos y dejar a un lado sus prejuicios”, comenta el director, al que le encantaría que “tras ver la película, el espectador les haya cogido el cariño que les he cogido yo durante estos seis largos años, para que así, la próxima vez que vean a alguien en la calle sean capaces de mirarlo y regalarle, aunque sea, una sincera sonrisa».

La idea de rodar la película, cuenta Ekain, viene de lejos, cuando vivía en San Sebastián: «De la noche a la mañana en el banco que estaba frente a nuestro portal, apareció un chaval joven con la mirada perdida, que durante un par de semanas fue lo primero y lo último con lo que me topaba cada día». Algunos eventos más en su vida le hicieron decidirse por el proyecto. «Semanas antes de mi boda, en lugar de hablar sobre un viaje de bodas a mi mujer, le propuse que quería hacer una película sobre personas sin hogar… creo que tras el estreno me toca llevarla de viaje y saldar mis deudas», bromea.

Tras seis años de rodaje, gracias a Javier, María José y Romerales, la película es un canto a la vida, la muerte y la dignidad con el sinhogarismo como telón de fondo.

Comprender los recorridos vitales

El sinhogarismo es una situación cuyos orígenes se encuentran en la ruptura de lazos familiares, personales, laborales y sociales. En el caso de Javier nos cuenta que «echo mucho de menos a mi madre adoptiva, María, la que me cuidó durante cinco años, yo era pequeño cuando ella murió, si ella hubiera vivido, mi vida hubiera sido diferente».

La muerte de su madre adoptiva le llevó a tomar decisiones erróneas, como el consumo de sustancias adictivas. Lo cuenta porque quiere aprovechar esta oportunidad para advertir a la juventud sobre lo importante que son las decisiones propias y les aconseja «que no consuman drogas, ni alcohol, porque los perjudicados van a ser sus seres queridos, y eso es muy duro».

El largometraje permite visibilizar la situación de las personas sin hogar en nuestro país, entender la problemática que se esconde y eliminar estigmas sobre ellas conociendo sus historias y las causas por las que una persona puede llegar a vivir en la calle.

Desde el albergue Santa María de la Paz inciden en que las razones por las que estas personas se encuentran en situación de sin hogar se originan en la ruptura de lazos familiares, personales, laborales y sociales.  Puede ser un proceso gradual o una ruptura brusca al perder la comprensión y ayuda de quienes les rodean y suelen caracterizarse porque son encadenadas, traumáticas y bruscas.

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