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Opinión

Sin demoras, sin asco y sin miedo, por José-Román Flecha (Diario de León, 1-3-2014)

Sin demoras, sin asco y sin miedo, por José-Román Flecha (Diario de León, 1-3-2014)

En su exhortación La alegría del Evangelio, el Papa Francisco nos recuerda una verdad que debería ser evidente: “La evangelización obedece al mandato misionero de Jesús”, como recuerda la conclusión del evangelio de Mateo: “Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28, 19).

A veces se vincula la pasada acción misionera de la Iglesia con los proyectos políticos de conquista y de colonización. Pero esa vieja acusación no ha sido olvidada. Con frecuencia se atribuye el dinamismo misionero de la Iglesia a una voluntad de proselitismo o de autoafirmación.

Pero la evangelización no nace del deseo de una Iglesia que decide conquistar, imponer, o adoctrinar al mundo. Esa acusación se repite con motivo de la promulgación de algunas leyes que afectan a la familia o a la vida humana. Como la del aborto, por ejemplo.

La iniciativa de la misión se remonta a Jesucristo. Es el Señor Resucitado quien invita a la Iglesia a “salir” a la calle para anunciar y testimoniar el mensaje de la verdad (EG 19). Esa salida distingue la vocación de la Iglesia y determina también su riesgo.

Es verdad que la alegría es un signo de que el Evangelio ha sido de verdad acogido, anunciado y está dando fruto. Pero no se puede olvidar que la evangelización siempre “tiene la dinámica del éxodo, del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá” (EG 21).

También en este momento, la Iglesia ha de salir a anunciar el Evangelio de Jesucristo a todas las gentes, “sin demoras, sin asco y sin miedo” (EG 23). Es preciso recordar esas dificultades que con frecuencia retrasan el impulso de la salida.

Frente a esas tres observaciones negativas, el Papa afirma que la tarea de la evangelización requiere estas cinco actitudes positivas: “primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar” (EG 24). Él mismo pide excusas por introducir estos neologismos en el lenguaje pastoral de hoy.

 

• Según él, “primerear” equivale a adelantarse y salir para buscar e invitar a los alejados. Eso es lo que ha hecho el mismo Dios, al elegirnos y llamarnos cuando todavía estábamos lejos de él. Y esa misma disposición es la que se espera de toda la Iglesia y de cada uno de los discípulos misioneros.

• Para “involucrarse” con las personas a las que son enviados, los evangelizadores han de tener “olor a oveja”.

• Además, es necesario “acompañar” a todos los miembros del pueblo de Dios y, más en general, a todos los hombres, especialmente a los más pobres y vulnerables.

• La alusión al “fructificar” es una invitación a mantener la fidelidad al mensaje y a no dejarse arrebatar la esperanza y la paciencia, como más adelante se dirá. “La comunidad evangelizadora…cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña”.

• Por último, esta comunidad vive con un agradecido talante de fiesta, de modo que  “celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización” (EG 24).

José-Román Flecha Andrés



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