Opinión

Sin Belén en los Campinos

Desde hace decenios en el corazón de Gijón- Begoña- en los populares campinos, el pesebre era un elemento insustituible que atraía la atención alegre de niños y mayores en los días de Navidad Las figuras de belén majestuosas parecían emerger de las aguas, rodeadas de luces y símbolos navideños. La nueva corporación no parece estar por la labor y ha colocado unos simulacros y placebos de cajas de regalos luminosos para recordar la navidad comercial del Corte Inglés. En Begoña si se exceptúan los villancicos que suenan emitidos por las casetas comerciales y ocasionales, la Navidad como se ha conocido en Gijón durante decenios, es irrelevante. Este año en el Gijón oficial de la izquierda social-comunista, se ha esforzado en presentar su peculiar simulacro de felices fiestas, más oscuro y menos melodioso.

Es evidente por lo que se ve y se oye, el sentido de la Navidad es plural y a veces contradictorio. Así tenemos la Navidad de la gran música; “El Mesías” de Händel; los grandes oratorios y cantatas de Bach; la Navidad de la gran Polifonía española de Vitoria y Morales. La Navidad de los populares villancicos, tan llenos de profunda teología y de piedad sencilla. La Navidad Popular de los belenes y de los árboles; la de la compras y regalos, según el modelo de El Cortes Inglés, donde siempre es navidad; la navidad de las películas made in Hollywood, con el papa Noel quien por imperio de Coca-Cola sustituye toda referencia religiosa a Belén. La Navidad popular, la de las vacaciones escolares, que tiene su cenit en la fiesta de la Epifanía, popular Reyes Magos de Oriente que, ni eran reyes ni eran tres, y que se cierra con las exóticas a intemporales cabalgatas en una noche mágica de nervios en pequeños y mayores.

Otra navidad, sui generis, es la de los políticos, reyes y jefes de estado, todos desean lo mejor a sus ciudadanos y representados. Cese de hostilidades durante breves horas, para volver a las armas. En España durante los últimos años las navidades políticas están dominados por los pactos y contra-pactos; por un ir y venir hacia ninguna parte para poder formar un gobierno como sea y con quien sea, para evitar lo que según ideólogos, opinadores y tertulianos, incluso los mismos políticos sería un fracaso colectivo, pero que en realidad es su culpa porque no saben o no quieren pactar, las temidas terceras elecciones. El mismo deporte rey con su máximo clásico, que algunos llaman derbi, ha estado en vuelto en la exacerbación política de la intolerancia independentista-nacionalista futbolera.

Pero sólo hay una Navidad, quizá la más olvidada y menos celebrada, la que nos ha recordado el papa Francisco en su carta apostólica sobre el significado y valor del belén, admirabile signum. La Navidad eterna, tal como la narran San Mateo y San Lucas en los evangelios diferentes y complementarios y que tiene su máxima expresión en el gran prólogo del Evangelio de San Juan: PALABRA, JESUCRISTO, SE HIZO CARNE Y HÁBITO ENTRE NOSOTROS. Porque sin Encarnación no hay Navidad, por muchos placebos que se quieran inventar para sustituirla. Como dice el papa Francisco, recordado el primer belén ideado por su Homónimo el de Asís, en 1223 en Breccio hace 796 años: San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo (el belén). Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe.

Fidel García Martínez

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