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Siempre es Navidad… aunque es de noche y con pandemia

También a Belén había llegado la pandemia. Estaba cerrada la posada. Todos tenían miedo a contagiarse. Cuando llegan José y María, todo lo que contemplan es un cartel en la puerta: «Cerrado por emergencia sanitaria«. Alguien que ha bajado a sacar la basura les indica que, en las periferias, en los alrededores de la ciudad, hay unas cuevas en las que pernoctan animales y no va nadie, sobre todo «con la que está cayendo».

A media noche nace un niño más bello que el sol y con la ternura de Madre, la Virgen María le estrecha contra su corazón y san José se lo come a besos. Es la auténtica Navidad. La Navidad de los pobres que saben que les ha «tocado la lotería con Jesús».

Como en la cueva entra el aire por todas partes, aunque frío en la noche, no hay problema de contagios. Ellos llevan las mascarillas para no contagiar a nadie y menos al niño, que comienza a llorar, porque tiene hambre. María le da el pecho, como todas las madres. De pronto se acercan cantando y bailando muchos pastores de la comarca. Todos con mascarilla y con precauciones, se acercan al Niño y aunque tienen deseos de besarlo, se inclinan y le contemplan, descubriendo en Aquel Niño que les sonríe, al Hijo de Dios, que viene a vivir nuestra vida, para que nosotros vivamos la suya. Piensan que ya habría oportunidad para, en otros momentos, darle un fuerte «achuchón».

Pregunta María de dónde vienen los pastores y le dicen que, de todas partes, de los Montes de Toledo, de Extremadura en la zona de Guadalupe, de la comarca de Talavera de la Reina…Vienen corriendo y le traen regalos para que el Niño no pase hambre. Como muchos ha nacido en una cueva. «Queremos que no pase frío, que vienen los fríos de enero y los constipados y neumonías y no está el horno para bollos».

Se marchan todos los pastores y cuando está tranquilo el portal, se abre la puerta y se ve a unos Reyes Magos, con camellos y con un grupo de cortesanos, todos con mascarilla y con lavado de manos, porque traen incienso, oro y mirra.

Una estrella les ha guiado por los montes y caminos. Una estrella con el color de la esperanza y que se ha posado en esa cueva. Cojea uno de los camellos y los Reyes Magos piensan que a lo mejor le ha afectado la COVID-19, porque la verdad es que ha venido todo el camino con un cansancio de muerte, sin ganas de comer y sobre todo le costaba respirar. Cuando el camello descansa, parece otro. El Niño quiere acariciar al camello, pero no le dejan, por si acaso. Lo que parece claro es que al Niño Dios ya le encantan los animales que tienen defectos físicos y todas las personas necesitadas que enternecen su corazón de Niño. El Niño es feliz, está tan contento, tan gozoso en la Noche de Paz, en la Nochebuena, que se duerme plácidamente en los brazos de su madre.

Todos llevaban mascarilla y guardaban la distancia y se lavaban las manos, cuando lo que tocaban le podría contagiar. Y el portal de Belén se fue vistiendo de alegría, aunque el mundo estaba entristecido por los brotes del virus, que a tantos se había llevado por delante y que había hecho tantos estragos entre los mayores y los que por patologías diversas, eran más vulnerables.

María y José preguntaron cómo seguían todos y los Reyes Magos les dijeron que se cuidaran y que todo pasaría.

 

+ Francisco Cerro Chaves
Arzobispo de Toledo



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